«Es muy duro concienciar cuando todo el mundo consume»
La Asociación de Ex Alcohólicos de Fuenlabrada en Madrid acoge a 150 personas que luchan contra la adicción al alcohol. Aunque muchos de ellos hayan conseguido dejar de beber, siguen acudiendo a terapia para compartir su experiencia y evitar recaídas. Aseguran que, a pesar de dejarlo, los estereotipos ligados a las adicciones no remiten.
A partir de las 19:30, los pasillos de la Asociación de Ex Alcohólicos de Fuenlabrada comienzan a llenarse de gente que corre a sus terapias. Las puertas entreabiertas ven cómo algunos van colocando las sillas en forma de círculo y otros bromean en las salas contiguas. “¿Qué hiciste ayer, que no te vimos el pelo en terapia?”, se oye. “Es que jugaba el Madrid, entiéndeme”, dice Jesús Godino, el presidente de la Asociación, entre risas. Conversaciones ordinarias entre paredes que ya se han convertido en rutina.
La Asociación nació hace 35 años de la mano de personas que necesitaban compartir su historia con aquellos que tuvieran el mismo problema. Hoy cuenta con varios grupos a los que acompaña una psicóloga y que se separan por cursos, dependiendo del tiempo que lleven allí. A pesar de que muchos de los niveles avanzados ya están formados por personas completamente en abstinencia, Godino lleva años queriendo cambiar el nombre que se lee sobre las puertas de la Asociación. “Siempre vamos a ser alcohólicos, aunque esté en abstinencia hasta el día que me muera, el ex no existe”, dice. Es por eso que muy pronto, aprovechando el traslado de la sede a un local próximo, quieren eliminar el “Ex” del nombre, pasando a llamarse Asociación de Alcohólicos de Fuenlabrada.

Además de los cambios más evidentes, la Asociación ha visto cómo, durante los últimos años, los pacientes que acudían a terapia también han cambiado. Antonio, uno de los miembros más veteranos, junto a Godino, comentan cómo se ha transformado el perfil de las personas que llegaban a la Asociación antiguamente y las que lo hacen ahora. “Durante los ocho años que llevo aquí es fácil que la media de edad fuesen los 50 años, siempre veía gente mayor o igual que yo”, dice Antonio, “pero ahora viene gente muy joven”. Muchos de los que vienen nuevos y están en el primer nivel rozan la treintena, lo que supone un fuerte contraste para aquellos que llevan más tiempo en la Asociación. Además, Godino añade que la gente joven que acude a día de hoy, suele venir con más adicciones aparte del alcohol, por lo que están tratando de ampliar el enfoque de las terapias para poder frenar el consumo de otro tipo de drogas.
Cómo tratar una adicción
En lo que respecta al alcoholismo, el presidente de la Asociación asegura que la terapia de grupo es la más eficiente para frenarlo. Durante la primera etapa de rehabilitación la combinan con medicamentos y vitaminas que ayudan a calmar los efectos adversos del síndrome de abstinencia. A lo largo del primer año toman antabús, una pastilla que evita que el hígado segregue sustancias para combatir los tóxicos del alcohol. Este actúa como disuasorio ya que, en caso de consumo, se experimenta un fuerte malestar. Además, un estudio reciente de la Tokio University of Science apunta que el antabús podría actúar como anti ansiolítico, calmando la ansiedad del llamado “mono”. Sin embargo, muchas de las personas con problemas de adicción se niegan a tomarlo. “Hacía tiempo que no nos pasaba, pero llevamos tres o cuatro meses que viene gente con excusas para no tomarse la pastilla porque realmente no quiere dejar de beber”, dice Antonio.

Muchas de las personas que entran en la Asociación no lo hacen voluntariamente, lo que provoca que quieran abandonar los tratamientos a su comienzo. “La gente suele ser reacia a entrar, hay que convencerles para que se queden y para que vean el funcionamiento de las terapias”, afirma Antonio. Sin embargo, a pesar de que muchos consiguen quedarse, otros abandonan la Asociación antes de tiempo o recaen en los consumos habituales. “Al principio es un palo cuando recae un compañero, pero al final ves tanto que tienes una coraza”, dice Antonio. Aunque las recaídas siempre afectan al grupo, señalan que las adicciones son enfermedades egoístas y que no permiten desarrollar fuertes vínculos de amistad.
La Asociación defiende un método basado en la motivación para evitar recaídas en los cursos más avanzados. “Nada de aversión ni de machaque, hay que motivar a la gente para que cambien la perspectiva y vean que esto es un cambio de vida”, dice Godino. Sin embargo, la normalización del consumo de alcohol y el arraigo social, cada vez hacen más difícil su objetivo. “Es muy duro concienciar cuando todo el mundo consume”, asegura el presidente de la Asociación, “si te sale un presidente del gobierno diciendo “viva el vino” y cada vez que un equipo gana la Copa de Europa lo celebran con champán…”. Denuncian la falta de información a nivel estatal, así como el apoyo social y preventivo.
El estigma de la adicción
Mientras los que consumen lo hacen abiertamente, los que deciden dejarlo prefieren esconderse. El miedo a ser reconocido como adicto a cualquier droga hace que muchos de los que acuden a terapia mantengan su relación con la Asociación en secreto. “La gente no suele querer contarlo, sobre todo al principio, y las mujeres aún menos”, dice Antonio. En su caso, aunque lleve ocho años en la Asociación, en el trabajo apenas lo saben un par de compañeros. A pesar de que los estereotipos ligados a las adicciones hacen que la mayoría teman reconocer que acuden a terapias grupales, existen personas en el otro extremo de la balanza. “Contarlo libera mucho”, dice Godino. Él trabaja como conductor profesional y, cuando decidió acudir a la Asociación para tratar su adicción al alcohol, lo contó a la mayoría de sus compañeros. “Yo me sentía orgulloso, no de estar enfermo, pero sí de haberlo reconocido y de salir, porque eso no es un trabajo fácil”, dice.
Existe una fuerte estigmatización alrededor de las adicciones que hace que la sociedad condene a aquellos que acuden a asociaciones como la de Fuenlabrada. “Aquí somos enfermos alcohólicos y ahí fuera borrachos”, dice Godino. Aunque decidan ir a terapia y muchos no vuelvan a probar el alcohol, a ojos de la gente siempre serán diferentes al resto. El presidente de la Asociación reivindica la visibilidad de las terapias para normalizar los centros de rehabilitación y las personas que acuden a ellos. “No somos el típico borracho de tetrabrick que la gente ve en las películas”, dice, “yo soy estudiante y conductor profesional, Antonio es voluntario en la Cruz Roja, hay un compañero Guardia Civil, policías… Hay que tener cuidado”. Godino advierte que la enfermedad es transversal y que puede afectar a cualquier tipo de persona, desde jóvenes hasta mayores, sin importar su nivel adquisitivo o su forma de vida.

Algunas de las personas que se ven afectadas por las adicciones optan por otros métodos diferentes a las terapias de grupo que ofrece la Asociación. “Las personas más de alto standing, por así decirlo, no suelen venir a asociaciones por el miedo al qué diran”, dice Antonio, “van a particulares o centros privados”. Sin embargo, y en contra de los estereotipos, Godino apuesta por la eficacia de los tratamientos de la Asociación. Algunos de los miembros actuales han probado otros métodos previos como los CAID (Centro de Atención Integral a la Drogodependencia) o las UDA (Unidad de Desintoxicación del Alcohol), asegurando los beneficios de la terapia grupal que ofrece la Asociación de Ex Alcohólicos. “Nosotros aquí no damos el alta, como en otros centros, porque no existe, la cura en las adicciones no existe”, dice Godino. Su tratamiento se basa en compartir experiencias y aprender del resto sin olvidar que siempre deben estar alerta.
Jesús y Antonio vuelven cada semana a sus terapias, aun llevando en abstinencia varios años. Aunque pueda parecer que están listos para dejar atrás su historia con el alcohol, para ellos nunca será posible. Las adicciones siempre estarán ahí y la Asociación ahora forma parte de sus nuevas vidas. A pesar de la falta de información y prevención, apuestan por seguir aprendiendo y algún día, poder cambiar la visión que se tiene de ellos.
Por Sara Sanz Navarro


