Más allá del romance, la autora aborda el peso de la familia, los patrones heredados y la dificultad de encontrar una identidad propia.
En Todas las historias llevan tu nombre, Andrea Longarela construye una historia coral sobre los vínculos familiares, las decisiones que cambian una vida y las heridas que atraviesan generaciones.
Los Dallas parecen vivir protegidos en una burbuja construida a base de rutinas, afectos y silencios. Sin embargo, la llegada de Noah alterará el equilibrio familiar y sacará a la superficie conflictos, heridas y decisiones que llevan años marcando el rumbo de sus vidas. A través de múltiples voces y perspectivas, Andrea Longarela compone una novela emocional sobre la familia, la identidad y la huella que dejan las personas que transforman nuestra manera de entender quiénes somos.
Pregunta: ¿Qué fue lo primero que apareció: los personajes, la historia o la idea de volver al pasado para entender el presente?
Respuesta: Pues fue un poco más el tema, la historia que yo quería tratar. Quería hablar sobre esos vínculos de la familia, más allá de la historia de amor. Es una historia que tiene muchas relaciones diferentes, porque está la amistad, está el vínculo entre los hermanos, con los padres.
Entonces, me apetecía un poco hablar de esas redes que vamos formando las personas y cómo a veces nos afectan en quiénes somos, en quiénes seremos en el futuro y en las decisiones que tomamos.
Y, en este caso, parte un poco de los Dallas, que viven un poco en una burbuja, y llega alguien y la rompe. Esa fue un poco la idea inicial que yo tenía. Y luego ya los personajes los empiezas a imaginar, empiezas a formarlos y, además, como hay tantos, fue una especie de juego.
P: La novela cuenta con varios narradores. ¿Qué te permitía contar esa estructura que no habrías podido narrar de otra manera?
R: Bueno, porque yo creo que era importante descubrir un poco a Noah, o el impacto que tiene Noah en la familia Dallas, a través de la visión de los demás. Si te das cuenta, Noah cuenta muy poco, apenas cuenta nada, pero tú le vas conociendo y vas formándote un poco la idea de ese personaje en función de cómo afecta e impacta en la vida de los demás.
Entonces fue un poco por eso, porque me apetecía que el personaje que llegaba, que rompe un poco esta dinámica, tuviera un halo de misterio, porque en realidad él no te está contando nada, pero tú le vas conociendo por cómo lo ven los demás. Como cuando ves a alguien: la visión de Marcela es una, la visión de Susan es otra, la visión de Tris es otra. Y así, un poquito, sientes que le acabas conociendo por los testimonios de los demás. Al final es un poco más fácil que los demás te definan a definirte tú.
P: ¿Cuál de los personajes te resultó más difícil comprender o escribir?
R: Pues mira, yo creo que Susan, porque es la madre y yo soy madre también, entonces me tenía que poner en su piel y respetarla, pese a que a lo mejor no estoy de acuerdo con muchas de sus decisiones o actitudes. Sin hacer spoiler, es la que llega a un camino un poco sin retorno y parece que no termina de crecer, de evolucionar o de cambiar para pedir perdón o lo que sea.
Pero la respeto porque, al final, hay que ponerse en la piel de cada uno. Ha vivido otras cosas; está el contexto, el dolor y todo eso. Entonces, bueno, fue complicado. Es un personaje incómodo.
P: ¿Hubo alguno que terminó llevándote por un camino distinto al que habías planeado?
R: Pues yo creo que no, que más o menos todos se han portado bien, ¿sabes? Hay veces sí que pasa, que tienes una idea y, de repente, te lleva por otro lado y te toca cambiar. Pero, en este caso, yo creo que tenía muy clara a toda la familia.
P: La novela habla mucho de las decisiones que cambian una vida. ¿Crees que existen los momentos decisivos o que son las pequeñas elecciones las que realmente nos transforman?
R: Son las dos cosas. Hay momentos que dan un giro completo a tu vida y que son más grandes, que parecen marcar más o hacer más ruido. Pero es verdad que, al final, somos un cúmulo de pequeñas decisiones. Yo creo que todos los días tomamos decisiones que cambian el rumbo.
Eso está un poco en estas películas de «si cojo este autobús o cojo otro», a lo mejor mi vida puede cambiar, o seguir igual, o pasar algo. No lo sé. Entonces, me obsesiona mucho. Es algo que toco en muchas novelas. Pero es que es verdad, al final todo lo que vamos haciendo nos lleva por un camino u otro.
P: ¿Qué querías explorar sobre el amor que no hubieras contado en tus novelas anteriores?
R: Bueno, pues no creo que ya lo hubiera contado todo. Sí que es verdad que me apetecía hablar más de ese peso de la familia. Tanto en el amor como en otros sentimientos relacionados con ella: los prejuicios, los ideales que nos van enseñando, lo difícil que es a veces alejarte del camino que tus padres piensan que es el mejor para ti. Porque, a veces, lo hacen con toda la buena intención, pero no es tu camino.
Me apetecía tocar más todo eso: las tradiciones, los prejuicios… Al final, todo forma parte del amor familiar. La familia es muy compleja y creo que eso se ve también en la novela. Por eso hay tantos narradores, porque al final desempeñamos roles muy diferentes. No eres la misma persona como amiga que como pareja, que como hija o que como hermana.
P: ¿Qué parte de ti hay en esta historia que no había aparecido antes en tus libros?
R: No lo sé. Creo que en todas las historias voy dejando cosas de mí, pero algo nuevo, no sé, me cuesta identificarlo. Es difícil. Pero yo creo que voy dejando pinceladas en todas.
Quizá esas reflexiones sobre la familia, porque yo creo que todos, en nuestras familias, hemos tenido cosas que nos han hecho daño, que no nos han gustado o con las que hemos tenido que romper ciertos patrones. Creo que ninguna familia es perfecta, que es un poco lo que guía la novela.
Y bueno, yo también he dejado ahí parte de mí, de lo que he ido aprendiendo con mi familia y de lo que estoy aprendiendo con la familia que estoy formando ahora. Creo que, como tiene tanta carga familiar, a lo mejor me he volcado un poco más por ahí.
P: ¿Hubo alguna escena que te emocionara especialmente mientras la escribías?
R: Sí, me encantó el capítulo de Max. Es el único que hay suyo, me encantó el final de la última obra de teatro con Susan. Ese momento me parece precioso porque es una especie de redención y de reconciliación, pese a que todavía hay muchos vínculos que ya están rotos o que nunca van a ser iguales.
Eso me encantó. Luego, los momentos entre hermanos, entre Tris y Samuel, también me encantaban. Pero yo creo que esos dos son los que más recuerdo.
Y el epílogo también, el capítulo de ‘Mañana’. Ese también es muy bonito. Además, como ya es el final, yo ya como que suelto, ¿no? Como que ya respiré. Es como: «Ya está». Y sí, también lo recuerdo con mucha emoción.
P: Si tuvieras que definir esta novela con una sola emoción, ¿cuál sería?
R: Pues mira, iba a decir al principio la nostalgia, pero es verdad que no está presente a lo largo de toda la novela. Es una novela muy intensa, que tiene muchas emociones.
Quizá la lealtad. Pese a que dentro de la novela muchas veces son muy desleales entre ellos, hay algo que siempre te hace volver, esa raíz que te mantiene conectado a los demás pese a todo.
P: ¿Qué te gustaría que sintiera un lector al llegar a la última página?
R: Me gustaría que el lector se quedara con la sensación de que la novela le abraza un poco, ¿no? Como si te dejara una emoción.
Creo que, pese a ser una historia que también tiene dolor en muchas partes, deja una emoción bonita, ¿sabes? Esa emoción de que has leído algo que te deja con una buena sensación.
Yo creo que con eso ya es más que suficiente.


