El pasado 24 de junio un hecho alteró la política española, especialmente al Ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska. Este se vio atacado por sus rivales y medios de comunicación después de que 1.700 personas intentaran cruzar a España por el puesto fronterizo del Barrio chino que conduce a Melilla. Después de la avalancha multitudinaria que supuso la muerte de varias personas, tanto en suelo marroquí como español, se llevaron a cabo violaciones de derechos humanos.
Los presuntos refugiados que lograron entrar fueron devueltos en caliente y arrastrados desde España por la policía marroquí al otro lado de la frontera, depositados en el suelo, bajo el sol de Marruecos en verano, unas cuatro horas, aproximadamente, hasta que varios autobuses recogieron a los que seguían con vida y los depositaron en zonas aleatorias de Marruecos. Se sabe, gracias a reportajes como el que ha realizado El País: ¿Qué sucedió en la frontera de Melilla? El paso a paso de la tragedia, que muchas de estas personas, que pretendían llegar a España, eran víctimas de la guerra civil de Sudán del Sur. ¿Qué les ha llevado a la desesperación por huir? ¿De qué o quién huyen? ¿Qué está pasando en Sudán del Sur?
¿Qué ocurre en Sudán de Sur?
Para hablar de Sudán del Sur como nación, nos debemos remontar al año 2011, cuando el 99% de los habitantes del sur votaron a favor en un referéndum para separarse del norte. La población sursudanesa se caracteriza por ser un 70% cristianos frente a un 5% que profesa el islam y a un 20% que tiene creencias animistas. Pese a estas diferencias, las diversas tribus se aglutinaron a favor de la independencia. En 2013, cuando ya habían conseguido lo que anhelaban y entreveían la paz, ocurrió el efecto contrario: estalló la guerra civil. Esto fue consecuencia de la lucha por el poder político entre el presidente Salva Kiir y su exdiputado Riek Machar. En 2015, los niveles de violencia eran extremos, lo que lleva a Machar a firmar el Acuerdo sobre la Solución del Conflicto en Sudán del Sur en agosto. Casi un año después, ocurren atentados cerca del palacio presidencial, involucrando cada vez a más zonas del país. Esto lleva a una crisis humanitaria de gran magnitud, declarándose la hambruna especialmente en el norte del país. No es hasta el 13 de julio de 2018 cuando el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas impone un embargo de armas a Sudán del Sur hasta el 12 de septiembre, cuando Kiir y Machar firman un acuerdo de paz.
Pese a que el tratado se mantiene a día de hoy, la pobreza se ha adueñado completamente de este país.
La huida del hogar
Se calcula que más de dos millones de personas han huido de estas nefastas condiciones de vida, en las que abunda el hambre, la pobreza, las enfermedades y no existe prácticamente el suministro de agua potable. La mayoría de ellos han acudido a países vecinos. Según los informes de ACNUR, en Jartum (capital de Sudán) hay casi 810.000 refugiados, después Uganda con más de 373.000, Estado del Nilo Blanco con 250.000 personas, seguido de Kenia, República Democrática del Congo y la República Centroafricana. César Pérez, portavoz de Médicos Sin Fronteras en Jartum, afirma que “hay de todo: hombres, mujeres, niños… en torno a 60% son menores de 18 años y entre los adultos hay algo más de mujeres que de hombres. Hay algunas familias que son la madre con los hijos, pero la mayoría son la familia entera todavía”.
Algunos tratan de rehacer su vida en estos países, buscan un trabajo, persiguen encontrar una vivienda, pero gran parte de los refugiados viven con la esperanza de poder regresar algún día a su país.
¿Por qué vienen a Europa?
Turquía ha acogido a 1,8 millones de exiliados, Líbano a 1,2 millones y Jordania a 630. 000. No obstante, estos países comenzaron a imponer restricciones a los nuevos ingresos y por ello buscaron nuevas zonas. Bajo los informes que otorga ACNUR, la travesía a través de los países balcánicos era la más frecuentada por las víctimas, ya que era considerada la menos peligrosa para llegar al norte de Europa. Su ruta empezaba en Grecia, donde tomaban embarcaciones hacia Macedonia para luego seguir a pie a través de Serbia, Croacia y Eslovenia hasta llegar a su destino, que regularmente eran Alemania, los países escandinavos y Austria. Sin embargo, ante la llegada masiva de los refugiados, estos países optaron por la construcción de vallas y requisitos más complejos para asentarse en su terreno. Como consecuencia, los asilados tuvieron que encontrar nuevas rutas para asentarse en el continente. Es aquí donde surge la ruta ilegal y peligrosa a través del mediterráneo, por su larga distancia y por las confrontaciones que supone antes del viaje o después. Muchos de ellos pagan cantidades ingentes de dinero a mafias que les prometen una vida moderna y diferente en Europa. Muchas de estas víctimas son fusiladas o agredidas sexualmente por no presentarse con el dinero suficiente, como dicen los entrevistados refugiados para el periódico El Salto en este artículo. Conforme a las Naciones Unidas más de dos decenas de miles han fenecido en la travesía hacia Europa.
Lo ocurrido el 24 de junio ha sido el reflejo de una sociedad que todavía no tiene normativas firmes para poder ayudar a personas de esta índole. Habiendo comprendido el porqué de la huida de miles de inmigrantes con el caso preciso, pero no aislado, de la guerra civil de Sudán del Sur, podemos entender que la inmigración ilegal tiene sus razones. Efectivamente el objetivo no es otro que salvaguardar sus vidas e intentar, desesperadamente, encontrar un futuro mejor sea donde sea. Y, a pesar de lo que aseguran algunos líderes políticos de toda Europa, no buscan acabar con la cultura o la nación sino, únicamente, sobrevivir.


