Me gustaría hablar sobre amor, el paso del tiempo, la existencia y la inquietud del ser humano…Pero no soy capaz de escribir sobre aquello que me debe importar porque me duele la cara.
Todas las preguntas a las que no he conseguido respuesta se han transformado en marcas en mi piel que a menudo sangran, aunque ya no sé si lo que duelen son las preguntas o las respuestas. No sé escribir un poema, pese a que antes sí sabía porque la noto triste. Está triste porque no es capaz de alejarse de sus pensamientos y en vez de dormir llora por las noches. No soy capaz de escribir un poema por el temor a que juzguen mis palabras y con ello mis pensamientos, incapaz de estructurar mi vida como para hacerlo con versos.
Ella llora por las noches y yo me quedo en Twitter viendo poemas de Gloria Fuertes y Berta García Faet, buscando en aquellas estrofas un sitio donde no haya frío. Madrid está congelada y con ella mi deseo de conocerme y conocer. Los labios cortados, los ojos llorosos y las manos frías buscan el bono transporte porque he dejado las lentejas haciéndose, no me salgo nunca de la receta por miedo, porque si la sigo tal cual la culpa no es mía. No quiero cargar con más culpa, lo que me lleva a tener el corazón dividido, porque no sé si hacer lo que la sociedad va a aprobar o lo que me dice el cora’.
Le amo tanto que le haría lentejas todos los martes, pero por la tarde la ciudad no está tan congelada así que el deseo entra por esa rendija de luz, flota. ¿Corazón o sociedad? ¿Corazón o sociedad? ¿Corazón o sociedad? Culpa, culpa, culpa, culpa, culpa. Nada de esto tiene ningún sentido, pero ya te avisé de que no sabía escribir un poema.
Ella sigue sin salir de su cabeza; no quedan poemas; se me han quemado las lentejas y Madrid vuelve a estar congelada.


