Los groenlandeses reabren el debate tras las declaraciones de Donald Trump
El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, que tomará posesión del cargo a finales de este mes, expresó su voluntad de adquirir Groenlandia. En una rueda de prensa en Mar-a-Lago, habló sobre la necesidad de tomar el control de la isla, sin descartar acciones económicas ni militares. Hace cuatro años, en su anterior mandato, ya había intentado comprarla, pero la población de la isla no le tomó demasiado en serio. Ahora, un nuevo Trump, más carismático y tozudo, parece apostar todo a la adquisición, debido a que Groenlandia ocupa un lugar geoestratégico clave respecto a Rusia.
La población groenlandesa sería la que tendría que votar, según la alternativa más cercana a las leyes, si quieren o no la anexión a EE.UU. Sin embargo, el debate que resurge -pues ya se planteó años atrás- es el de su independencia. Groenlandia es una isla helada cuatro veces mayor que España, con una población que apenas supera los 57.000 habitantes, algo así como la provincia de Ávila. Pertenece a Dinamarca, y las voluntades de Trump han hecho que exijan su independencia, tanto de la potencia americana, como de los daneses.

Groenlandia y su sustento económico
La economía en esta región crece más rápidamente que en el resto de Europa, y el paro roza el 3%. Sin embargo, estos datos son cogidos con pinzas, ya que el 35% de empleos son públicos y el Gobierno danés aporta casi la mitad del PIB. Copenaghe contribuye anualmente con 600 millones de euros al presupuesto de la isla. La independencia podría ser un fenómeno muy costoso, en el que miles de puestos de trabajo podrían desaparecer y cuestiones como las pensiones quedarían exentas de cualquier protección.
En el caso de producirse, debería ser un proceso a largo plazo, y plantear otras fuentes de creimiento económico. Además de las aportaciones danesas, la otra fuente principal de ingresos de los groenlandeses es la pesca. Los inuit o población del Ártico, pescan históricamente desde gambas y camarones hasta bacalao y ballenas. Habría que mirar hacia abajo, al subsuelo de la isla. Este contiene gas, petróleo, oro y cobre, entre otros. Pero no solo eso, sino los materiales «del futuro» como el neodimio, necesario para las turbinas de los generadores eólicos y para los imanes de los motores de los coches eléctricos.

Aunque las minas de neodimio serían una posible solución, ya que podrían cubrir el 25% de la ayuda que aporta Dinamarca, hay dos inconvenientes principales. El primero es el medioambiental. De hecho, en 2021 ganó las elecciones el partido Inuit Ataqatigiit principalmente por oponerse al proyecto de explotación de este recurso. Pero además, por la tradición pesquera de los inuit. Son pescadores, por lo que habría que alojar a mineros que viniesen de otros lugares, y en la isla no hay viviendas suficientes.
Los 57.000 habitantes de Groenlandia se encuentran en un lugar crucial, que con el deshielo abrirá – y ya ha abierto a día de hoy- nuevas rutas comerciales y puntos importantes geoestratégicamente. La posición sobre su desvinculación de Dinamarca no es del todo segura, debido a las consecuencias, sobre todo económicas, que podría sufrir. Sin embargo, la negativa ante el interés del futuro presidente de Estados Unidos es clara.


