La coalición del canciller Scholz que se formó en 2021 cayó en los últimos años en un desfavor histórico. Solo un 19 % de aprobación consiguió la alianza entre la SPD (socialdemócratas), Grüne (verdes) y el FDP (liberales) el último año de su existencia antes de su disolución. Las divisiones sufridas durante el mandato de esta coalición se pudieron contemplar el pasado domingo en las elecciones generales.
El gran tabú
A pesar del descontento popular, los socialdemócratas y los verdes defienden las acciones tomadas durante su mandato, aludiendo a las circunstancias precarias que se dieron durante su legislatura, con la pandemia de COVID-19 y la guerra de Ucrania. La oposición, por otro lado, reprocha a la coalición semáforo de ser el principal responsable por la estancación económica y por una supuesta falta de acción en contra de los crímenes violentos cometidos por refugiados, provenientes sobre todo de Siria y Afganistán.
Esto, durante la campaña electoral, se conectó con uno de los momentos más polémicos de la reciente historia política alemana. El 29 de enero, exactamente una semana después de un atentado en el pueblo de Aschaffenburg, Fried Merz, líder de la oposición cristianodemócrata (CDU), introdujo su “Plan de cinco puntos para fronteras seguras y el fin de la inmigración ilegal”. Este plan, aunque no tuvo implicaciones legales vinculantes, logró su aprobación gracias al apoyo por parte de la AFD (alternativa para Alemania).
Muchos en la política alemana describieron este acto como un “Tabubruch” (quebramiento de un tabú), puesto que fue la primera vez en la historia reciente que se aprobó una propuesta con votos de la derecha. En países como Austria y España ya existen pactos y cooperaciones entre la derecha y los conservadores. Sin embargo, en el clima político alemán esto todavía era algo impensable. Debido a la historia nacionalsocialista del país, ser de derechas es una etiqueta que hasta los conservadores buscan evitar.
La calma que procede la tormenta
El canciller declaró que a partir de este momento hubiera perdido la confianza que tenía en Friedrich Merz y le negó cualquier apoyo a propuestas que recibieran el apoyo de la AFD. Pero no solo los políticos mostraron su indignación; miles de personas se manifestaron durante las últimas semanas en las calles de ciudades alemanas como Berlín, Colonia, Hamburgo, etc., para protestar en contra de los pactos con la derecha.
Pero la división en el país germánico no se queda limitada únicamente a las protestas callejeras y debates en el parlamento. Lo que se puede observar es una Alemania que vive actualmente una triple división. Por una parte, aquellos que siguen fieles a los partidos del centro que han gobernado durante las últimas décadas, y, por otra parte, un grupo cada vez más influente que se siente atraído por los extremos, tanto de derecha como de izquierda.
Las etapas del luto político pre-elección
Desde el 29 de enero se pudieron observar en la política alemana, a lo largo de las últimas semanas, las cinco etapas del duelo:
Primero, la negación y la ira, tras el voto conjunto entre la CDU y AFD donde muchos no fueron capaces de aceptar que los cristianodemócratas hayan conseguido la mayoría con el apoyo de la derecha.
Mientras tanto, Olaf Scholz defendió su curso político impopular hasta el último instante. El canciller decidió culpar a sus socios de la coalición como los liberales y verdes, en vez de asumir la responsabilidad política.
Después, la negociación, cuando los socialdemócratas y los verdes intentaron convencer a Friedrich Merz de no volver a votar junto a la AFD. Aunque no haya funcionado con Merz, algunos miembros de su partido le negaron su apoyo, lo cual impidió la aprobación de más propuestas de los conservadores.
La tormenta en las urnas
Ahora que se han hecho conocer los resultados finales de las elecciones del domingo pasado, parece que los políticos están entrando en las últimas fases: depresión y aceptación.
A pesar de las observaciones que se podrían hacer desde el extranjero, casi todos los partidos han salido como perdedores de las elecciones. La CDU, aunque ha ganado las elecciones con un 28,6 %, obtuvo el segundo peor resultado en su historia. A pesar del resultado pesimista, Friedrich Merz anunció que con los resultados habría que dar los pasos necesarios para formar un gobierno lo antes posible.
Entre los miembros de la antigua coalición semáforo, la sensación más recurrente debería ser ahora la depresión. El canciller Olaf Scholz, tras recibir la noticia de que la SPD obtuvo su peor resultado histórico con un 16,4 %, habló en una cumbre del partido de “una derrota”. Mientras tanto, los liberales del FDP bajo Christian Lindner, con un 4,8 % del voto, ni siquiera consiguieron el porcentaje mínimo necesario para poder entrar en el parlamento. Los verdes y su presidente, Robert Habeck parece que han quedado atrasados en la fase de negación, viendo la culpa por las pérdidas de estas elecciones en la CDU.
La AFD y Die Linke: ¿Los ganadores en las urnas?
La AFD, por otro lado, se muestra contenta; sus resultados se han casi duplicado en comparación con 2021 y ahora son el segundo partido más fuerte en el parlamento alemán. Pero muchos dentro del partido creen que estos resultados no han sido suficientes. Después de los atentados en las últimas semanas y meses, hay cierta incredulidad. Ya que el 20,8 % obtenido en las elecciones ha estado incluso un poco por debajo de lo que proyectaban anteriormente las encuestas. Todavía queda por observar si la AFD va a descansar tras su victoria y mantener su estructura como la tenían hasta ahora o si se va a producir un cambio dentro de la administración del partido.
Por último, los que más eufóricos están después de esas elecciones turbulentas son el partido Die Linke (la izquierda). Ellos obtuvieron con un 8,6 % su tercer mejor resultado en la historia del partido a pesar de la separación que sufrieron en 2024 cuando un grupo relevante bajo la exdirigente del partido, Sahra Wagenknecht decidieron fundar el nuevo partido BSW.
La Alemania dividida
Más allá de los sentimientos que albergan los políticos, estas elecciones marcaron algo que muchos ya sospechaban. Alemania sufre una división enorme entre los distintos grupos sociales que conforman el país, con una población de 80 millones de personas. Por una parte, la división entre este y oeste. En ninguna región ha arrasado la AFD tanto como en la Alemania del este, con resultados variando entre los distritos desde un 35 % hasta un 38 %. Es una región marcada por una historia turbulenta, con 40 años de dictadura socialista.
Lo que queda hasta el día de hoy son 5 estados federales que económicamente nunca han conseguido llegar al mismo nivel de prosperidad que sus compatriotas en el occidente. Cada vez más jóvenes abandonan la región y la migración suele ser un tercio en comparación con el resto del país.
Muchos ven la responsabilidad por su situación en la política de Berlín y se sienten despreciados por los Wessis (alemanes occidentales). Muchos en la parte oriental creen, que la consecuencia de las decisiones políticas, les perjudican sobre todo a ellos y su estilo de vida.

Los baluartes de los verdes
Pero no solamente entre la antigua Alemania socialista y los territorios históricos de la república federal se hacen notar esas divisiones. Las grandes ciudades como Colonia, Hamburgo, Hannover, Bremen, Karlsruhe y Friburgo quedan como los últimos baluartes de los verdes. Ahí es donde han conseguido establecerse como la primera o segunda potencia política.
Mientras tanto, en Berlín parece que ha vuelto el muro y su fuerza divisora. Distinto al resto de los estados federales que pertenecieron a la Alemania socialista, en Berlín se puede observar un caso particular. La parte oriental vuelve justo a lo viejo conocido, los socialistas. Mientras tanto, la parte históricamente oriental está bajo firme control de la CDU.
Las brechas entre generaciones y sexos
Por último, cabe mencionar la brecha entre generaciones y sexos, que ahora más que nunca se han hecho ver. Igual que en España, los conservadores y los socialdemócratas gozan sobre todo de apoyo de la población mayor de 60 años.
Los jóvenes entre 18 y 24 años, mientras tanto, están divididos entre los extremos de ambos lados. Con un 25 % que ha dado su voto a Die Linke y otro 20 % que apoya a la AFD. Esta separación ideológica está aún más marcada entre los sexos, dependiendo entre ciudad y campo. Un 35 % de las mujeres jóvenes urbanas ha entregado su voto a Die Linke.

Mientras tanto, la población joven masculina rural ha optado por el otro extremo, con la mayoría de ellos expresando su apoyo a la AFD. Al observar esto, uno no puede fallar en notar que en Alemania se ha producido el mismo fenómeno que en España. Con las mujeres y los hombres situándose cada vez más en frentes alejados.
Las elecciones probablemente resultarán otra vez en una gran coalición entre conservadores y socialdemócratas como durante la era Merkel. Pero era sobre todo este capítulo en la historia alemana que buscó abandonar la coalición semáforo. Con este retorno al pasado reciente, que muchos ven como el catalizador de los problemas del país, es dudoso que el nuevo gobierno goce de mucho apoyo político.
Tras este domingo, quedará por ver qué rumbo tomará la joven república y si será capaz de sanar las heridas que se han producido en los últimos años o si dará un paso similar como sus vecinos.


