Este lunes 28 de abril Canadá cierra una carrera electoral única
Se tratan de unas elecciones anticipadas que aspiran a recomponer a un país descolocado por múltiples problemas internos y, sobre todo, por las amenazas de anexión del país vecino. El plebiscito debía celebrarse el 20 de octubre. En cambio, el 6 de enero Justin Trudeau dimitió como primer ministro y líder del Partido Liberal. Decisión que reveló la fragilidad política del país.
Tan solo seis días después de oficializar el relevo de Trudeau, Mark Carney adelantó las elecciones a este 28 de abril. Un movimiento realizado con toda la confianza de mantener al Partido Liberal en el poder. Parece que no se ha equivocado. Si hace cuatro meses la carrera estaba servida para la oposición conservadora, el contexto internacional ha dado una vuelta de tuerca a las encuestas. Canadá es el ejemplo perfecto de acuerdo ante la presencia de un enemigo común. Hoy, una pregunta parece marcar la decisión final: ¿Quién será el mejor candidato para enfrentarse a los disparates de Trump?
Cinco partidos luchan por conseguir la mayoría en el parlamento: el Partido Liberal de Mark Carney y el Partido Conservador de Pierre Polievre se enfrentan como la oposición principal con opciones reales al poder; el Bloc Québécois, el Nuevo Partido Democrático y el Partido Verde de Canadá comprenden las alternativas al bipartidismo tradicional.
Los liberales luchan por recuperar la popularidad
Gobernador del Banco General de Canadá durante la crisis de 2008 y gobernador del Banco de Inglaterra durante el Brexit, Mark Carney se presenta como el hombre de negocios capaz de gestionar el avenir de la relación comercial EEUU Canadá. La dimisión de Trudeau tras una década al poder pone fin a una era de construcción del estado de bienestar. Frente a la mala acogida de las medidas sociales de Trudeau, el nuevo marco financiero liberal busca incentivar el sector privado y reducir el aumento del gasto del gobierno federal.
Es innegable que el cambio de líder devolvió cierta popularidad al Partido Liberal. La nueva posición económica atrae a la derecha más moderada sin dejar de celebrar el multiculturalismo canadiense, el entendimiento con los pueblos indígenas, el derecho al aborto y los derechos de la comunidad LGTBQ+. Sin embargo, el punto decisivo ha sido la guerra arancelaria. En una remontada sin precedentes, Carney ha conquistado al electorado mediante la defensa del libre comercio y la promesa de reforzar lazos con la Unión Europea.
Para los conservadores: aranceles por aranceles
Su mayor oposición es el conservador Pierre Polievre. Polarizante y populista, es considerado por muchos el mini Trump canadiense. De hecho, su política consiste a menudo en ataques personales y eslóganes libertarios, anti-élites y reaccionarios a las luchas sociales. Antes de Trump, su campaña brillaba con el lema «axe the tax» (corta el impuesto). En referencia al impuesto sobre el consumo de gas que aspiraba a reducir los niveles de contaminación de Canadá. También prometía bajar la inflación desregulando la economía y acabar con la alta tasa de criminalidad. Pero ahora que su cabeza de turco, Justin Trudeau, ha dimitido; los conservadores ya no tienen a quien culpar de todas las grietas del país. Y la victoria de Trump como líder conservador del país vecino ha puesto en duda la validez de reducir al mínimo el gasto público y los impuestos como el mejor camino para salir de la crisis.
En el último mes, Polievre se ha visto obligado ha pivotar hacia una posición más dura respecto a Trump. Con quien hasta hace unos meses estaba en profunda sintonía. Ahora, los conservadores sugieren que Canadá debe actuar «más duro» para defender sus intereses y apela a ensalzar el espíritu nacional. Para Polievre, la respuesta correcta es una contraofensiva: más aranceles al exterior. Y en el interior trabajar en una economía de autosuficiencia.
Trump, ¿ejemplo de lo que no hay que hacer?
Muchos leen este viraje radical de las predicciones como una toma de consciencia sobre las consecuencias de tener a la nueva derecha «antisistema» en el poder. Sin embargo, el resultado final todavía está por ver. Polievre ha sabido adaptar su discurso y la llegada de Trump a la Casa Blanca tan solo ha exacerbado la inquietud de un país que ya atravesaba numerosas crisis internas. Una gran parte de los canadienses consideran que Trudeau causó estragos irreparables en la economía. Por muy completo que sea el CV de Marc Carney, otorgarle el voto es una especie de fé ciega. No deja de ser un novato en política que todavía no ha tenido tiempo de gobernar.

Un contexto electoral de largo complicado
El prólogo a este historia geopolítica ya presenta una situación frágil en materia económica. Desde la crisis de la Covid-19, Canadá no ha conseguido sortear las olas inflacionistas. Alimentos básicos como el zumo de naranja, la mantequilla o el aceite de oliva han aumentado su precio en casi en un 100% y la subida del alquiler imposibilita la vida en las metrópolis como Montréal, Toronto o Vancouver. Canadá puede ser el segundo país más grande en superficie del mundo, pero esto no impide que 2,4 millones de familias vivan hacinadas en hogares diminutos y mal acondicionados; según describe un informe gubernamental del pasado diciembre.
Sin ser una excepción en occidente, los canadienses han hecho de los migrantes el chivo expiatorio a los problemas estructurales del país. Este 28 de abril muchos ciudadanos van a votar para que se refuercen las fronteras de un estado que históricamente se ha desarrollado en base a la inmigración. Ahora, el descontento general es más alto que nunca, sobre todo respecto a la migración temporal y las demandas de asilo. Para muchos, Canadá ha sobrepasado sus límites como país de acogida.
El leitmotiv electoral: la política medioambiental
Al lado de la migración, la vivienda y la inflación como problemáticas centrales en el año electoral está el cambio climático. Aunque sea mayor la preocupación por llegar a final de mes que por el fin del mundo, hay determinadas políticas medioambientales que polarizan al electorado. Entre ellas destaca el plan «Energy East Pipeline», la construcción de un corredor de energías fósiles que transporte el petróleo del oeste al este del territorio. Un proyecto que fue descartado en 2017 tras la victoria de ecologístas preocupados por los efectos sobre el agua y la biodiversidad canadienses. Hoy figura de nuevo entre las propuestas de los partidos principales. Tanto liberales como conservadores parecen estar de acuerdo -con grandes diferencias a la hora de abordarlo- en que asegurar la soberanía de su pueblo pasa por alcanzar la soberanía energética.


