Durante la pandemia, la madrileña se adentró en la técnica que le lleva a transformar en arte sus experiencias vitales
Buscar, recortar, componer, pegar… el collage es la técnica de la que se sirvieron futuristas, cubistas, dadaístas y demás vanguardias para llevar al límite su aventura transgresora. Entonces, el propósito era empujar los límites de la pintura tradicional. Los extractos de fotografías, revistas, periódicos y de las etiquetas de licores o tabaco permitieron a Picasso y a George Braque evocar en sus lienzos elementos de la vida real, mientras jugaban con texturas y composiciones inéditas. Ambos abrían un camino creativo que durante más de un siglo ha liberado la imaginación de los artistas contemporáneos. Entre ellos, la madrileña, Laura Paredes.

Un confinamiento para reinventarse
Esteticista de profesión y apasionada por la moda desde siempre, Paredes se convirtió en artista emergente del collage durante la pandemia. “Son muy friki de las revistas de moda, las he coleccionado toda la vida, cada vez que hacia una mudanza las guardaba. En la casa que tenía durante el Covid las utilizaba hasta de soportes de macetas. Empecé a pensar en tirarlas, pero me parecía una locura”, explica.
El tiempo libre y el aislamiento le condujeron a poner la mirada en todas aquellas revistas, coger las tijeras y probar… sin tener claro en qué podía resultar. “Empecé a hacer collages de forma pasional, como entretenimiento y diversión. Lo que nunca pensé es que pudieran convertirse en algo tan importante para mi”, recuerda, consciente de que no fue la única que aprovechó el confinamiento. “Estoy convencida de que mucha gente se reinventó con la pandemia”.
El hobbie se convirtió en proyecto cuando Paredes hizo la primera inversión en sus collages para convertirlos en cuadros. Una primera exposición en Castellón tomaba lugar gracias al buen ojo de sus amigos. “La gente empezó a apreciar mis trabajos y me motivó a presentarlos. Lo hice en un taller de costura muy original”, cuenta. Al conjunto de 20 piezas lo denominó ‘Arcano’, no por casualidad. Esta pequeña oportunidad recién terminada la pandemia se convertía en un paso importante para el proceso creativo de Paredes. “Lo llamé así porque refleja como los cuadros son un secreto, algo oculto mío, que de repente muestro a la gente. Aquí es donde me doy cuenta de que puedo sacar rendimiento al hobbie”.
La infinitud del collage
Al principio se trataba de explorar que posibilidades ofrecían las piezas recortadas. Pronto llegaron las texturas, los juegos de colores, desteñir papel o romperlo… Hoy, Paredes no lo duda, si tiene que definir su obra en una palabra es: “infinito”. “Lo que yo hago nunca tiene fin. El collage está más que inventado, pero ves que de toda la gente que hace esto cada uno encuentra su camino original y todos se diferencian”, asegura.
Lejos de ser estático, el arte de Paredes evoluciona con ella, creando nuevas líneas de collage que, más allá de la técnica, vienen motivadas por experiencias vitales cambiantes. “Desde haber dejado a un ex, empezar otra relación, rollos con amantes… Todo lo que me ha pasado a mí personalmente está en los cuadros. Mi parte favorita de vender un cuadro es enseñar todos los detalles”, relata. Aunque ya son capaces de expresar mucho los versos que acompañan cada collage en sus exposiciones. La mayoría nacieron en flujos de inspiración pasados, se quedaron guardados en diarios y, ahora, Paredes encuentra un escrito para cada cuadro.
Y si hay un motivo constante en su obra es la figura de la mujer, intrínsecamente relacionada con el material primigenio de Paredes: las revistas de moda. “Me llama mucho la atención, hasta en mi collage más oscuro hay una supermujer”, sostiene.
Poner en valor lo analógico
Paredes entiende el collage como una terapia de vida, además de plasmar en ellos sus pensamientos, son una vía de desconexión y encuentro con una misma. Por eso no recurre a ninguna técnica o material digital. Ni en los talleres que organiza de tanto en cuanto, ni en sus creaciones propias. “El collage analógico es una resistencia a la saturación virtual que hay hoy en día”, explica, orgullosa de crear con sus manos en un mundo de tabletas y ordenadores.
Paredes ha conseguido así materializar las contradicciones de un aislamiento. De la soledad extrajo una personalidad artística que ahora comienza a exhibir con libertad. Por el momento, sus exposiciones aún son tímidas e íntimas, protagonizadas por su círculo más cercano. Sin embargo, cada vez son más los ojos curiosos que se acercan a su obra, a su Instagram y a ella misma. Esto es lo bueno de transcurrir un camino creativo sin metas fijas. Paredes es consciente de ello. Así, afirma que el gran éxito no es su horizonte, sino la autorrealización que experimenta cada vez que desvela uno de sus collages. La paciencia de recortar y juntar formas; así, poco a poco, al tiempo que construye su obra, se construye a sí misma.

