Los líderes mundiales toman posiciones frente a la política exterior cada vez más agresiva de Donald Trump
El viernes concluía el Foro Económico Mundial, que como todos los años ha reunido a los principales empresarios y líderes globales en Davos. Las jornadas han estado marcadas por la tensión entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y los que hasta el momento han sido sus aliados: Europa y Canadá.
Los planes del ejecutivo estadounidense para hacerse con el control de Groenlandia, la última obsesión de Trump, han levantado ampollas al otro lado del Atlántico. Tampoco su plan para convertir Gaza en una metrópoli de resorts, viviendas de lujo y centros de datos al margen de la ONU gustó a los líderes europeos. Algunas claves de las tirantes relaciones entre EE.UU. y sus viejos socios, a continuación.
El posible acuerdo sobre Groenlandia
Trump anunció a través de su red social Truth Social que había establecido el marco para un futuro acuerdo sobre Groenlandia con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte. A la salida del Centro de Congresos de Davos, el presidente norteamericano calificó el principio de acuerdo como «fantástico» para EE.UU.: «Tenemos todo lo que queríamos».
Trump ha renunciado así a su intención de imponer aranceles del 25% a los países europeos que habían enviado tropas a Groenlandia. Sin embargo, se desconocen aún los detalles del trato, de modo que la soberanía danesa de la isla permanece en el aire. Según Rutte, esta cuestión no formó parte de sus conversaciones con Trump.

En su intervención en Davos, previa al acuerdo, Trump descartó la toma por la fuerza de Groenlandia, pero reafirmó su intención de comprar la isla. En declaraciones a Fox News posteriores al acuerdo, cuando se le cuestionó si este incluía la adquisición de Groenlandia, Trump no aclaró las dudas. Según él, el acuerdo supone el «acceso total» de EE.UU. a la isla, sin límite de tiempo.
Aunque Dinamarca desconoce aún los términos del acuerdo, su primera ministra, Mette Frederiksen, declaró que Rutte la había informado de que este no discute la soberanía de su país sobre Groenlandia. Esta es una línea roja para su gobierno. Aaja Chemnitz, diputada groenlandesa en el Parlamento danés, manifestó su disconformidad a través de Facebook: «De ningún modo la OTAN tiene derecho a negociar nada sobre Groenlandia. Nada sobre nosotros sin nosotros».

Por su parte, la Unión Europea ha recibido con reservas el principio de acuerdo. Los 27 permanecen posicionados a favor de la soberanía danesa de Groenlandia. Así, si bien el levantamiento del ultimátum arancelario de EE.UU. ha sido un alivio en Europa, la administración Trump aún crea incertidumbre al otro lado del Atlántico.
La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, admitía en la Cumbre del Consejo Europeo del pasado jueves que las relaciones transatlánticas han recibido un «duro golpe». Aun así, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, insistió en el objetivo de estabilizar de nuevo las relaciones comerciales entre la UE y EE.UU.
Las tensiones con Canadá
En su intervención en Davos, el primer ministro canadiense, Mark Carney, afirmó: «Estamos en medio de una ruptura, no de una transición». Esta ruptura se ha dado, para Carney, a través de la constatación de imposibilidad de continuar creyendo la «mentira del beneficio mutuo a través de la integración» económica y la hegemonía estadounidense.
«Sabemos que el viejo orden mundial no va a volver. No deberíamos llorar por él», declaró. Frente a la subordinación ante los grandes «hegemones» mundiales, Carney reivindicó las alianzas entre «poderes medianos» y la colaboración con múltiples actores internacionales, en lugar de la dependencia respecto a EE.UU. El primer ministro canadiense llamó la atención sobre la cooperación entre Canadá y la Unión Europea, así como sobre sus acuerdos con China, Qatar, India y Mercosur, entre otros.
Aunque en ningún momento nombró explícitamente a Donald Trump, el presidente norteamericano se dio por aludido. Trump reservó parte de su discurso en Davos, de más de una hora, para dirigirse al primer ministro canadiense: «Tendrían que estar agradecidos a EE.UU., Canadá. Canadá vive gracias a Estados Unidos. Recuerda eso, Mark, la próxima vez que hagas tus declaraciones».

La tensión entre ambos países ha ido en aumento en los últimos días tras su rifirrafe en Davos. La oposición abierta de Carney a Trump ha dado paso a las ya habituales amenazas del presidente norteamericano. Primero, Trump retiró la invitación a Carney a su «Junta para la Paz». Asimismo, el sábado advirtió al primer ministro canadiense de su intención de imponer un arancel del 100% a su país si continúa realizando acuerdos comerciales con China. En respuesta, Carney ha asegurado que no pretende firmar un acuerdo de libre comercio con Pekín.
Las ausencias en la Junta para la Paz de Trump
El pasado jueves, el presidente norteamericano inauguró en el Foro de Davos la llamada «Junta para la Paz». El organismo, integrado por líderes internacionales, surgió con el objetivo de supervisar la reconstrucción de Palestina. El Consejo de Seguridad de la ONU respaldó estos planes en noviembre.
Sin embargo, Trump aseguró en la presentación de la Junta que la misión del organismo iría más allá de lo propuesto en un principio. Su propósito sería resolver conflictos a nivel mundial y velar por la seguridad internacional. Así, los objetivos de la Junta se superponen con los de la ONU.

Muchos críticos han señalado que la organización pretende rivalizar con las Naciones Unidas y desestabilizar el orden establecido tras la Segunda Guerra Mundial. Menos de 20 países participaron en la ceremonia de firma del Estatuto de la Junta, entre ellos Argentina, Marruecos, Qatar, Turquía y Emiratos Árabes Unidos. Israel anunció su adhesión al organismo, si bien no contó con representación en el evento. Trump aseguró que Vladimir Putin también había aceptado su invitación.
Ningún líder europeo acudió a la inauguración de la Junta en Davos, con la excepción del húngaro Viktor Orbán, cercano a Putin. Aunque no se haya producido la ruptura abierta entre Europa y Estados Unidos, la ausencia de la UE durante la presentación de la Junta para la Paz de Trump es sintomática del enfriamiento de las relaciones entre EE.UU. y sus aliados tradicionales. Tampoco China participó en la presentación.
En lo que respecta a España, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció en Bruselas que no participaría en la Junta: «Esta Junta está fuera de la ONU y no ha incluido a la Autoridad Palestina». Los líderes de otros países europeos, como Francia, Alemania o Reino Unido, han tomado posicionamientos similares y defendido el papel de la ONU.
La «nueva Gaza» de Trump
En la presentación de la Junta para la Paz en el Foro Económico Mundial de Davos, el yerno del presidente Trump, Jared Kushner, presentó su plan para la reconstrucción de Gaza. Tal como señala la CNN, el plan implicaría la desmilitarización de Hamás. «No hay plan B», afirmó Kushner. Sin embargo, ni él ni ningún otro miembro del equipo de política exterior de Trump ha aclarado cómo dicho desarme se pondrá en práctica, solo que recaerá en el comité tecnocrático impuesto por la Junta para la Paz.
El diseño del plan para una «Nueva Gaza» no ha involucrado a la Autoridad Palestina. La presentación del proyecto, más que promover una solución a la situación política de los palestinos, ha pretendido atraer a inversores que financien los planes urbanísticos expuestos por Kushner.
Jared Kushner presenting this morning at the “Board of Peace” ceremony their mock ups of “New Gaza” & “New Rafah.” pic.twitter.com/zWuhhqPVz1
— Vaughn Hillyard (@VaughnHillyard) January 22, 2026
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Según explicó Kushner, la costa de la Franja de Gaza pasaría a convertirse en una zona turística de lujo. Asimismo, se desarrollarían dos grandes proyectos de construcción en lo que el yerno de Trump denominó «nueva Gaza» y «nueva Rafah». Kushner planteó la edificación de más de 100.000 viviendas en permanentes en Rafah, así como hospitales y centros educativos. Imágenes generadas digitalmente ilustraron el proyecto de Kushner. Estas mostraban una Gaza de estética futurista y gigantescos rascacielos similar a las metrópolis del Golfo Pérsico, como Dubái.
Los medios concretos a través de los cuales la remodelación total del territorio palestino se llevaría a cabo no quedan claros. Además, la Autoridad Palestina parece completamente subordinada al comité tecnocrático designado para ejecutar los planes de la Junta para la Paz. Actualmente, la práctica totalidad de la Franja de Gaza está devastada tras los bombardeos israelíes, que aún no se han detenido.
El cambio climático, en un segundo plano
Durante su discurso en Davos, el presidente Trump manifestó su rechazo a las energías renovables: «Hay molinos por toda Europa. Hay molinos por todas partes, y son unos perdedores». No es el único que ha dado la espalda a las energías limpias. El desdén de Trump por lo que calificó como la «Nueva Estafa Verde» es solo la expresión más rotunda de la inacción de las corporaciones ante la emergencia climática. El desarrollo de estrategias frente al cambio climático ha perdido protagonismo en los discursos de empresarios y políticos. Han tomado el relevo otras temáticas, como la inteligencia artificial.

Trump afirmó en Davos que China vende los molinos eólicos que fabrica «a la gente estúpida que los compra, pero no los usa». «China usa una cosa llamada carbón», aseguró. Sus palabras contrastan con la realidad del país asiático. China continúa apoyándose en los combustibles fósiles. Sin embargo, su producción de energías limpias también se está expandiendo rápidamente, mientras que disminuye su uso de energía basada en carbón.
En contraste, el ejecutivo estadounidense ha reafirmado su apuesta por los combustibles fósiles. En Davos, el Secretario de Energía de EE.UU., Chris Wright, llamó durante su intervención del jueves a duplicar la producción mundial de petróleo. Wright criticó a la Unión Europea y al estado de California por su política energética, describiendo la energía verde como «ineficiente».


