Ser (constitucionalista) o no ser, esa es la cuestión

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Portada Constitución española de 1978. - Diego Navarro

De los derechos fundamentales y las libertades públicas. Sección primera del capítulo segundo del título primero.

Artículo 15. Todos – los ciudadanos – tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes.

Noticia de Público del día 5 de diciembre de 2020: El general retirado que hablaba de fusilar a 26 millones de españoles temía que el Gobierno «ilegalizara a Vox con sus jueces afines». Según el diario Infolibre, Macarena Olona, secretaria general del grupo parlamentario ultraderechista, las palabras del general y otros exmilitares son “una manifestación en favor de la unidad de España y, como tal, por supuesto que es nuestra gente».

Artículo 16.1. Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos.

El diario digital El Español publica el 31 de enero las conversaciones del chat Gestora Vox Ceuta. “Que haya españoles que tenemos que tragar moros por cojones ya es indicativo de lo enferma que está Ceuta y España. De momento la batalla la vamos a plantear en el terreno electoral, pero tal y como están las cosas de mal, no es para nada extraño que al final haya que combatir militarmente (…) Se van a arrepentir no me cabe la menor duda”, es uno de los mensajes.

Artículo 18.1. Se garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen.

“Gerontocidas”, “Miserable”, “Cerdo”, “Guarro”, “Hijo de puta”, “Sepulturero”, “Basura humana”, son algunos de los calificativos expresados por militantes y diputados de Vox contra miembros del Gobierno de España, recogidos en un artículo de elplural.com publicado el 16 de abril. Además, Hermann Tertsch, eurodiputado de la extrema derecha, dice acerca del pianista James Rhodes que “su obscena explotación del caché de nene tarado por violado parece dar paso a mamporrerismo más propio de violadores”, como recoge La Última Hora en una noticia del 2 de diciembre.

Artículo 20.1. d) Se reconocen los derechos de comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión.

Según un artículo de Antena 3 Noticias (10 de julio), Vox habría vetado a, al menos, 3 medios de comunicación nacionales y generalistas (eldiario.es, HuffPost y El País). A la lista se suman los recogidos por eldiario.es en octubre del año pasado: El Mundo, Infolibre, Público, La Marea, El Plural, El Español, Ctxt y programas como El Intermedio y Todo es Mentira. Vamos, toda una imagen de transparencia.

Estos son solo cuatro ejemplos, pero la lista es interminable desde el primer derecho fundamental hasta el último. Y no se está hablando de derechos recogidos en un documento ‘filoetarra socialcomunista’, aunque a muchos les encantaría que así fuera. Se está hablando de la Constitución española de 1978, la misma que se acepta – incluidas todas las reglas del juego – cuando se entra a hacer política; aunque no todos tengan interés en hacerla.

Si en el artículo 39 se manifiesta la obligación de los poderes públicos de asegurar protección social, económica y jurídica de la familia, pero ciertos diputados comienzan a hablar de “paguitas” que reciben las personas vulnerables, ¿se está respetando la Constitución?

Si el artículo 47 dice que todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada y que son los poderes públicos quieres deben hacer efectivo este derecho, pero ciertos diputados prefieren “darles una patada en el culo a los okupas en mismo día” confundiendo intencionadamente “okupación” con “allanamiento de morada” y sin ni siquiera plantear una solución para que nadie tenga que entrar en una casa ajena si quiere tener un techo, ¿se está respetando la Constitución?

Eso sí, los símbolos del Estado –la bandera e himno–, la forma de Gobierno a través de una monarquía parlamentaria y la maniática intención de mantener unificado un Estado que no hacen más que dividir con constantes negativas al diálogo, son elementos esenciales en su discurso. No en su vida, porque nadie come telas, sonidos, tierra o reyes. Pero nada mejor que un discurso donde la política deja de brillar porque se esconde y, de repente, un simbolismo espectral sale de paseo con sus mejores galas cargado de tanta emotividad que consigue llegar donde la razón no tiene hueco.

Hay quien no tiene patria y no deja de ensalzarla. Hay quien cree que la defiende enseñando sus insignias, quien se cree legítimo para decidir quién es patriota y quién es traidor, quién es basura y quién un buen español.

Pero también hay quien se pone enfrente. Quien sabe que la patria es todo aquel que vive en ella, no los dibujos que la representan. Quien es capaz de ver que un país sin gente no es más que un trozo de tierra, y si no se defiende a esa gente, no hay patria que defender.

Dejemos de llamar constitucionalista a quien no entiende, ni quiere entender, de derechos. Porque los derechos crean personas, y los instintos, animales.

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