La otra cara de las vacunas

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Fuente: Memed Nurrohmad (Pixabay)

Las cuestiones éticas que trae consigo la vacunación

Hace un año que nos encerramos en casa sin imaginarnos siquiera lo que vendría por delante. Al cabo de unas semanas, cuando comenzamos a ver la magnitud del asunto y comprendimos que nos quedaban largos meses por delante, se empezó a hablar de la inmunidad como la luz al final del túnel. En menos de un año se materializó en forma de vacunas un gran esfuerzo. Sin embargo, centrados en la carrera por conseguirlas, no nos preguntamos qué pasaría cuando estas llegasen. Así, un año más tarde nos enfrentamos como sociedad a una toma de decisiones de carácter ético y, por supuesto, político, así como a una serie de problemas relacionados con la gestión de las mismas. 

Son tres casos los que me gustaría poner sobre la mesa: en primer lugar, aquellos que se han saltado el turno de vacunación; por otro lado, las desigualdades entre diferentes territorios; y por último, los privilegios de aquellos que ya han recibido las dos dosis, poniendo como ejemplo el pasaporte de vacunación. 

Los turnos de vacunación

No han sido pocas las noticias que han inundado los medios en las últimas semanas sobre personas que se han saltado el turno de vacunación utilizando su poder o su influencia para recibir antes las dosis. Uno de los ejemplos más llamativos fue el del consejero de Salud de Murcia, Manuel Villegas; o el caso de las infantas, quienes en una visita a su padre en Abu Dabi aprovecharon para ponerse la vacuna; o de políticos, alcaldes, militares etc. Además, este es un suceso que se ha repetido en muchos otros países del mundo. A pesar de los escándalos producidos, la respuesta más frecuente ante este tipo de casos ha sido apelar a la responsabilidad individual para que se respete el plan de vacunación que muchos consideran lento e ineficaz. Sin embargo, hay otros casos en los que la responsabilidad individual no puede ser la solución. 

Por otro lado, aunque se cumplan, los planes de vacunación son cuestionables, pues dejan de lado a muchos ciudadanos en situación de especial vulnerabilidad. Sirva de ejemplo el caso de Israel, país el cual más de la mitad de la población ha recibido ya la primera dosis, pero que ha dejado a la cola de la lista a los ciudadanos palestinos, quienes sufren una fuerte discriminación. 

Desigualdad entre países

El segundo problema ético que plantean las vacunas, como hemos dicho, va más allá de la responsabilidad individual: es la desigualdad de ritmos de vacunación entre los países. Es el ejemplo más claro de que la COVID-19 no afecta a todos por igual, y de cómo las diferencias económicas tienen repercusiones para la salud. 

Fuente: Gerd Altmann (Pixabay)

Los países más ricos han comprado más dosis de vacunas mientras que países en una situación económica más desfavorecida apenas pueden hacer frente a la compra de vacunas para su población más vulnerable. Además, según un estudio llevado a cabo por la universidad de Duke, dejar que sea el mercado quien regule la distribución de las dosis puede tener consecuencias económicas, sanitarias y sociales negativas para la totalidad global como la resistencia a las vacunas.

Pasaporte de vacunación

Por último, las vacunas provocan también consecuencias desiguales a corto plazo, otorgando privilegios a aquellos que ya la han recibido. Es lo que ocurre con el pasaporte de vacunación, que se está planteando en la UE para verano. Este consiste en un documento digital que permitirá a quienes lo posean reducir sus restricciones frente a quienes no hayan sido vacunados. La idea surge para favorecer la economía pero da lugar a importantes desigualdades. Entra en conflicto con la libre circulación de miembros de la UE. Además, dado que todavía no hay vacunas para todo el mundo, la OMS se ha posicionado en contra de dicho pasaporte, argumentando precisamente sobre las desigualdades que produce. 

A pesar de los indudables beneficios que trae consigo la vacuna, se presentan por la otra cara una serie de cuestiones importantes a las cuales tenemos que responder como sociedad. En un mundo en el cual la tecnología y la ciencia avanzan más rápido que la ética, no podemos dejar de preguntarnos acerca de estos temas, pues si no damos respuesta a estas preguntas será la lógica de mercado quien lo haga, para bien o para mal. 

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