La liberalización de las patentes de la vacuna a examen

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Coronavirus vaccines on the production line

La liberalización de las patentes de las vacunas no es una propuesta especialmente novedosa, pero el hecho de que sea el presidente de los Estados Unidos su principal defensor sí que constituye algo inédito.

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Hasta ahora, la suspensión de las patentes era únicamente una reivindicación de los países en vías de desarrollo en el seno de la OMC, pero con el apoyo de Estados Unidos el debate toca tierra. Las farmacéuticas no han tardado en manifestar su malestar esgrimiendo que este movimiento podría comprometer la innovación y la inversión en el sector.

Sorprende especialmente como ese candidato moderado, algo menguado y que a todas las luces era la apuesta del establishment, esté tomando sin ningún tipo de pudor medidas con un marcado carácter progresista.

Con todo, para muchos no se trata más que de un ejercicio de enorme cinismo teniendo en cuenta que Estados Unidos ha sido uno de los países que ha prohibido la exportación de vacunas y de manera golosa más excedentes sin utilizar ha acumulado.

La posición de la Unión Europea

Además, el movimiento de Biden obliga a la Unión Europea a posicionarse en un tema que no le hace especial gracia y que suscita opiniones dispares en los países miembros.

Especialmente tajante ha sido Angela Merkel “La protección de la propiedad intelectual es una fuente de innovación y debe seguir siéndolo en el futuro”. Así, la canciller alemana salvaguarda los intereses BioNTech, laboratorio alemán que junto a Pfizer ha desarrollado una de las vacunas de ARN mensajero. Desde París también se oponen. Macron defiende que el foco debería estar en la exportación de las vacunas y exhorta a Estados Unidos a poner fin a la prohibición de las exportaciones de vacunas y de los componentes para su fabricación.

Tampoco las instituciones comunitarias parecen estar muy convencidas. El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, apuntaba que no cree que a corto plazo sea la solución mágica pero que en todo caso están dispuestos a debatir cuando exista una propuesta concreta.

La apuesta de Biden

A pesar de que la Unión Europea debe elaborar una respuesta conjunta, lo cierto es que hay algunos países miembros como España o Irlanda que sí apoyan esta medida y comparten con la Casa Blanca la visión de que liberar las patentes optimizaría la producción de vacunas mundial.

Pero, como siempre, la realidad es algo más complicada. Joe Biden defiende esta medida valiéndose del viejo mantra de que las “situaciones extraordinarias requieren medidas extraordinarias”. Pero debemos recordar que una medida no es extraordinaria únicamente por ser ruidosa y de grandes dimensiones, también ha de ser eficaz, adecuada para conseguir la finalidad propuesta y desde luego debe traer más beneficios que perjuicios.

El concepto de patente

Una patente es un título que el Estado concede para proteger una invención a quien con su esfuerzo la ha conseguido otorgando al titular un derecho de exclusiva o monopolio que la ley concede de forma absoluta.

De esta forma solo el titular o aquellos a los que este conceda una licencia de explotación podrán explotar el objeto de la patente. Además otorga el poder de oponerse e impedir que otros utilicen en el tráfico jurídico lo protegido por este título.

Pero este poder es temporal y pasado un tiempo la protección decae y el objeto de la patente pasa a ser de dominio público, susceptible de ser utilizado por cualquiera. En España este plazo es de 20 años improrrogables.

En realidad, las patentes se configuran como una especie de premio que se le concede a quien con su invento está favoreciendo al desarrollo del estado de la técnica de un país. Así, se le concederá un privilegio que le permitirá durante un tiempo no gozar de competencia y poder compensar la inversión realizada.

En definitiva, las patentes han sido consideradas desde su origen como una forma de fomentar la innovación, los progresos técnicos y la competitividad en el terreno de la investigación.

La problemática jurídica

Cabe que mencionar que las patentes se conceden a nivel nacional al no existir una armonización legal, siendo regulado de manera particular por cada país. Ni siquiera en el ámbito de la Unión Europea existe una única patente para todo el territorio comunitario.

Por eso, cuando el presidente Biden habla de suspender las patentes se está refiriendo a, en el seno de la Organización Mundial del Comercio, donde existe unos protocolos en materia de propiedad intelectual e industrial (TRIPS), suspender la limitación que en estos protocolos existe en lo que se refiere a los derechos de patente.

Los TRIPS son un marco que asegura que todos los países miembros de la OMC respeten unos estándares mínimos en esta materia, pero el desarrollo legislativo y la forma de garantizarlos varia en cada país. Por lo que, en realidad, en caso de declararse en el plano internacional la suspensión de patentes, se tendrá que ir resolviendo en cada país de conformidad con su ordenamiento doméstico.

La adecuación de la liberalización de patentes a sus fines

Pero, además de la enorme complicación jurídica que esto supondría, existen factores que deben ser analizados antes de poder afirmar que la liberalización de las vacunas es consecuente con los fines que se propone.

En primer lugar, porque la producción de una vacuna es mucho más complicada que simplemente seguir una receta. Hay grandes laboratorios que con enormes recursos no han conseguido producir una vacuna. La tecnología puntera y factores como el capital humano o el know how son fundamentales y eso no se transmite con la mera liberalización de las patentes.

También hay que entender que la investigación y desarrollo de medicamentos o vacunas es especialmente costosa y arriesgada. Si obtienen financiación es principalmente por lo rentable que sale esa situación de privilegio antes mencionada que permite recuperar con creces las inversiones. Teniendo en cuenta que los avances conseguidos pueden ser utilizados para otras enfermedades y que la aparición de nuevas mutaciones es un riesgo constante, no parece el mejor momento para coartar el mecanismo que mejor conocemos para fomentar la innovación.

La solución

Sin embargo, lo cierto es que debe hacerse algo y esta reivindicación nace de una preocupación sincera y legítima. No en vano las diferencias en los procesos de vacunación entre países son galopantes. Un estudio de la Universidad de Duke estimaba que el 16 % de la población mundial acapara el 60% de las vacunas. Además, no solo debemos actuar por un deber moral y humanitario para con nuestros vecinos más desfavorecidos, si no que si ciertas regiones quedan sin vacunar se corre el riesgo de que el virus continúe mutando convirtiendo nuestro catálogo de vacunas en ineficaz. De alguna forma, esas nuevas cepas terminarían llegando a Europa o Estados Unidos y todo volvería a empezar.

Aparece como solución un modelo más colaborativo entre farmacéuticas y países que pasa por que las primeras faciliten licencias de explotación a las empresas que estén en posibilidades de producirlas. Esto es lo que ha hecho Astrazeneca en India con el Instituto Serum, pudiendo así crear vacunas locales.

También está la posibilidad de que las farmacéuticas puedan ofrecer distintos precios, pero para poder hacer frente a los costes que esto supondría, es precisamente necesario ese colchón que da el derecho de exclusiva de las patentes.

De todas formas, cualquier solución pasa por una exigencia de buena fe tanto de las farmacéuticas como de los Estado desarrollados. Las primeras deben ser conscientes de que en una crisis sanitaria no todo es lucro y no pueden imponer precios abusivos a esas licencias. Los segundos deben comprometerse a apoyar iniciativas que como el Covax aumentan la posibilidad de acceso de países pobres a las vacunas y deben seguir exportando vacunas mientras seguimos debatiendo como hacer que lleguen a todos.

Pero, sobre todo, deben dejar de aplastar en la adquisición de vacunas a los países más vulnerables con un menor poder de negociación.

No en vano, a marchas forzadas, la realidad ha tumbado el nacionalismo de vacunas. En un mundo tan interconectado solo conseguiremos volver a esa ansiedad normalidad cuando la población esté vacunada. De lo contrario, habrá que seguir cerrando fronteras, frenando el comercio exterior y estar en un estado de tensión permanente expectantes a la aparición de nuevas variantes que vuelvan a reiniciar todo.

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