¿Ley Trans?

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Es importante no confundir libertad con libertinaje; igualdad con equidad; o derechos con
privilegios. La Ley Trans planteada por la ministra de Igualdad, Irene Montero, de Unidas
Podemos, es una ley que, de facto, confunde estos conceptos, ya sea por desconocimiento, o por un feminismo mal entendido y alejado de las reivindicaciones reales del movimiento que, pese a ser uno muy diverso, todos tienen como principal objetivo la emancipación de la mujer frente a la opresión del Patriarcado, aunque partiendo de diferentes premisas y llevando a cabo diferentes análisis. Por ejemplo, el feminismo marxista y el radical, que parten de puntos de vista distintos – el primero desde el materialismo dialéctico e histórico, y el segundo desde la Interseccionalidad -, tienen como objetivo, y como ya hemos dicho, la emancipación de la mujer, ya sea del Patriarcado o del Capitalismo, o ambos.

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Sin embargo, el feminismo que plantea Irene Montero, que no tiene fundamento alguno – ni científico, ni político, ni sociológico -, plantea la imposición de una ley cuyo fin es permitir a los individuos cambiar su identidad sexual jurídicamente únicamente por medio de la palabra. Es decir, que un hombre podría declarar ser mujer -aún sin sentirse como tal – ante un juez y solicitar un cambio en sus documentos, simplemente alegando que, efectivamente, es una mujer. Resumiendo: no se requiere resguardo psicológico y médico alguno para que se lleve a cabo el cambio de identidad sexual. No haría falta, por tanto, que un hombre cambiase sus genitales; su fisonomía en general. Simplemente valdría con decir que se siente mujer y que, por lo tanto, así debe mostrarse en su documentación oficial.

La Ley Trans, en definitiva, no soluciona ningún problema. Irene Montero no ha llevado a
cabo ninguna ley que proteja a las minorías sociales oprimidas y excluidas. No obstante, su
afán por implantar la Ley Trans es impresionante. Pero lo más impresionante es que la
ministra de Igualdad plantee semejante aberración jurídica. Esta ley sólo pone en riesgo la
identidad de las personas transexuales. Y digo, efectivamente, transexuales, y no transgénero, porque esta ley solo beneficia a éstos últimos y a personas que quieran beneficiarse con esta ley sin ser Trans.

Hilando con lo último mencionado, es importante dejar claro que un transexual no es lo
mismo que un transgénero. Aunque estos últimos intenten silenciar la existencia de lo
primeros, alegando que el término «transexual» es patologizante, lo cierto es que los
transexuales son aquellas personas cuya identidad sexual es la opuesta al sexo biológico. Es decir, que quieren poseer la fisionomía y genitales del sexo contrario, no su rol de género. Es aquí, precisamente, donde reside el problema. Las personas transgénero son aquellas que, sin cambiar sus genitales, adquieren los roles impuestos al sexo contrario al que ésta pertenece, pues se siente más identificada con esos roles, que con los impuestos a su sexo. Un transgénero no cambia sus genitales. Un intergénero tampoco. Una persona transexual, sí.

Esta es la diferencia entre unos y otros. Mientras que unos quieren seguir perpetuando los
roles de género impuestos por el patriarcado – al que curiosamente aborrecen – haciéndolos suyos, incrementando así su sesgo identitario y supurante de desigualdad y discriminación, los otros, simplemente, quieren poseer el cuerpo que realmente les pertenece.

Para que esto último ocurra, es necesario que el individuo pase por un período de desarrollo psico-sexual, en el que su mente sea lo suficientemente madura para poder generar una determinada identidad sexual – que no de género -. Sin este proceso, que se da durante la infancia, hasta la adolescencia, que es en el período en el que se desarrollan las hormonas y los genitales, y la aprobación psicológica pertinente que evidencie que, en efecto, el individuo está en la plenitud de sus facultades mentales y realmente existe ese anhelo de cambio de sexo, no se puede demostrar que un individuo no se sienta identificado con su sexo.

Otra cuestión es el género. Cada uno puede sentirse identificado con los roles de género que le plazca. En la humilde opinión de un servidor, el género debería desaparecer y, con este, sus roles, para acabar con la discriminación sexual. No obstante, una persona es completamente libre de adquirir determinados roles y emplearlos en su conducta, pero bajo ningún concepto esto debe tener validez jurídica para que en los documentos oficiales, se le trate por el sexo contrario. Las cuestiones jurídicas no pueden regirse por meros sentimientos; por el contrario, precisan de evidencias materiales. No se puede hacer una ley basada en algo tan abstracto y metafísico como un sentimiento.

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4 Comentarios

    • Hola, buenas tardes.
      Quisiera recalcar que no hablo en nombre de nadie, ni pretendo hacerlo. Doy mi opinión sustentada en unos argumentos sólidos después de varias horas de investigación.
      De todos modos, muchas gracias por leer el artículo. Un abrazo y que tengas un buen día.

  1. No podría estar mas de acuerdo contigo, y es cierto que esta medida o decreto no cambiaría en absoluto la discriminación que sufren a día de hoy a quienes se ha puesto en el punto de mira. Concuerdo también con tu idea de la desaparición del género, como se conoce hoy día, para terminar de una vez con los roles que se nos imponen a unos y a otros. Se aprecia la labor de investigación que has realizado y no dejes que la sangre caliente y la ignorancia de la gente sean verdugo de tu aprendizaje. Felicidades por el trabajo realizado 💪

    • ¡Muchísimas gracias por tu mensaje, Jagoba!
      Espero que hayas disfrutado leyendo el artículo tanto como yo escribiéndolo.
      Una vez más ¡muchas gracias por tu apoyo!
      ¡Un fuerte abrazo!

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