Aparentando vivir

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Las redes sociales se han presentado en nuestra vida como motores de felicidad, como una red que te permite estar cerca de tus amigos siempre que quieras, sin descanso. Puedes saber lo que están haciendo y lo felices que son mientras tú estás estudiando, cocinando, trabajando o mientras estás sentado en la taza del váter.

Suena divertido, pero es cierto. El ser humano es un ser social, sus principales funciones como ser vivo son: alimentarse, relacionarse y reproducirse. Por ello, podemos comprobar que estar en contacto con las personas que nos rodean es fundamental; pero ¿qué pasa si en vez de ocupar un tercio de nuestra vida, ocupara el 100%? Hoy es posible.

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Mecanismo vividor-espectador

Este contacto a través de las redes se hace a través del mecanismo vividor-espectador. No sé cuál es peor. La del vividor es irreal, vive para aparentar. Pasa el tiempo fotografiando, grabando y pensando en sacar la foto más original. Es una postura frustrada. La del espectador, sin embargo, es la cara triste de la moneda, es el que se pasa las horas muertas mirando “historias” y publicaciones en Instagram, anhelando una vida parecida a la que ve.

Lo peor de este mecanismo es que la mayoría de los usuarios de redes sociales se sitúan en ambas posturas simultáneamente. Conclusión: se vive en una continua postura frustrada.

La importancia de educar

Una de las posibles soluciones a este problema se halla en la educación social, en actualizar el sistema educativo a la forma de socializar de hoy en día para poder enseñar a los niños el valor de ser críticos con la información que reciben, saber distinguir entre la realidad y la ficción al igual que en un película y ser capaces de disfrutar de lo que tienen sin intentar seguir a una masa condenada a la frustración.

Redes sociales en adultos

Sin embargo, no solo basta con educar y concienciar a las generaciones más jóvenes, sino que para que surta efecto esta educación, también sus referentes adultos (padres, cuidadores, familiares…) deberían aplicarse esta teoría, puesto que cada vez más, las generaciones adultas, que hasta hace poco consideraban las redes sociales para jóvenes, están haciendo uso de ellas (en ocasiones abusivo) y están cayendo en la misma trampa que ellos.

Por todo esto, quizá deberíamos reflexionar si de verdad vivimos nuestra vida o la de los demás, si deberíamos aprender a dejar un poco de lado la tecnología y centrarnos en ser más humanos, más naturales y más sociales (pero de verdad).

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