La política de la confusión

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La Opinión de Jose Turpin

Recuerdo como en un concurso de Miss, una aspirante ante la pregunta de quién era Confucio anunciaba: “Es el que inventó la confusión” y de alguna manera es el sentimiento que me viene e inspira la figura de Ayuso, Presidenta de la Comunidad de Madrid. En línea, distintos medios de comunicación, incluso extranjeros no han dudado en caracterizarla como una líder populista y sobremanera la que mejor demagogia está haciendo y desarrollando una nueva política… ¿Política a la madrileña? Pregunto.

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Y es que el proyecto político que viene a representar la Presidenta de Madrid solo puede y debe entenderse como una forma demagógica de expresión política, lo más parecido a un “reality” televisivo. En ningún momento se pone o se contrapone programa o propuesta, sino que lo máximo a lo que se aspira es a un lema de dudoso contenido político, es más, podemos observar como su discurso se sustenta en una vaga idea discursiva en defensa de una falsa identidad (“Madrid es España…”) o estilo de vida (“Madrid es libre…”) presuntamente atacadas, por todo aquel que no se alinee de inmediato con sus proclamas.  Incluso no duda, en hacerse la víctima en su “noble” objeto de defender la identidad “madrileña” o “el estilo de vida madrileño” enfundada en una sutil bisoñez y raudales emociones.

Como digo, hemos podido oír que por todo esto podríamos tachar a Ayuso de populista, pues bien, no es así, pues el populismo como elemento esencial intentará poner en jaque al sistema cuestión esencial de la se encuentra fuera la Presidenta madrileña. Por lo tanto, debemos afirmar que es erróneo designarla con dicho término. Y es que lo que Ayuso es en realidad es la glosa de un nuevo fascismo que ha venido para quedarse. Pues el neoliberalismo ya nos ha dicho con “los Trump, Bolsonaro o Le Penn”, que no necesita de la democracia para seguir desarrollándose y a eso es lo que se ha apuntado la Presidenta de Madrid, paradigma localista (léase España).

Pues la Presidenta de Madrid no va a poner en cuestión las bases económicas del capitalismo ni mucho menos va a dejar de seguir sus consignas. Ahora bien, no sería justo señalar a Ayuso, como el antes y después de la democracia, pues la democracia ya venía dando señales de debilidad y algún que otro desgaste institucional en línea a una menor participación e implicación ciudadana, así como débiles controles anti-corrupción (el emérito, como ejemplo). Y es que el paradigma Ayuso, debe ser leído, más bien, como el síntoma de la post-democracia. Ahora bien… ¿hay esperanza?

Podría, si diésemos con una izquierda capaz de desprenderse de viejos clichés clasistas y de una vez ser capaz de meterse en faena, en la faena de nuestro tiempo, un tiempo de concordia y unión entre los que deberíamos tener claro que el problema no radica en saber más y sí en unir y sumar más. Aquella máxima de unión tras la transición de “Contra Franco vivíamos mejor”, debemos reconquistar, pues todos deberíamos tener claro, incluidos “la gente de bien” de centro derechas lo nos estamos jugando.   Y entender que la post-democracia seguirá bebiendo de la democracia, para justificar y blanqueando cualquier opresión anti-democrática y sino cómo entender y/o leer la reciente sentencia del Constitucional sobre el Estado de alarma, hostigando al Gobierno a entrar en un estado de excepcional (menos libertad, menos DDHH, en definitiva, menos democracia).

La confusión ya lo dijo Confucio, no está en perder la democracia, sino en creer que la democracia podría llegar a ser cualquier cosa, menos democracia. Pues eso, la confusión a “lo Ayuso”.

 

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