El escritor madrileño publica sus memorias, de la mano de Alfaguara
Qué estoy haciendo aquí, las memorias del escritor Benjamín Prado. Un resumen de su vida, de sus tantas profesiones y vocaciones, las amistades que le han dado la mano por su recorrido y el camino que ha seguido para estar ahí, en todos estos momentos de su vida.
Qué estoy haciendo aquí
Pregunta: ¿Cuándo y cómo surgió la idea de escribir Qué estoy haciendo aquí?
Respuesta: Es difícil saber cuándo empiezan las cosas, el momento exacto. Yo me imagino que esto tiene que ver con mi amistad con Rafael Alberti. Era un gran poeta, y yo aspiraba a ser un gran poeta. Era un autor dramático. Me hubiera gustado escribir una obra de teatro, pero todavía no lo he conseguido. Lo he intentado muchas veces, pero no lo he llegado a hacer nunca.
Rafael era muy conocido también por sus memorias, por La arboleda perdida. Siempre he sido muy lector, empecé a leer poesía con la gente del 27. Leí las memorias de Rafael Alberti; leí las memorias de María Teresa León, Memoria de la melancolía; leí las memorias de Francisco Ayala, Recuerdos y olvidos; leí Vida en claro de José Moreno Villa, y me imagino que cuando uno se forma leyendo esas cosas, da por hecho que llegará un momento en el que uno tenga suficientes cosas que contar como para hacer una autobiografía.
Más que porque tuviera muchos recuerdos, la he escrito porque empezaba a tener algunos olvidos.
Hay cosas que empezaban a borrarse y pensé “esa historia hay que contarla”. ¿Por qué? Porque es un momento excepcional. Cuando yo empiezo a escribir, como Luis García Montero o como Felipe Benítez Reyes, resulta que está viva la Generación del 27 entera. Uno podía ser amigo de Alberti, podías ir a tomar un café con Gerardo Diego a su casa de la calle Covarrubias, podías ir a ver a Dámaso Alonso para que te enseñara su biblioteca en la calle Alberto Alcocer, podías ir a visitar a María Zambrano para hacer un artículo o a Rosa Chacel.
Estaba viva toda la Generación del 50. Podías ser amigo, como yo lo era, de Ángel González, de Gil de Biedma o de Juan Marsé. Era el momento de eclosión del Boom latinoamericano. Aquello era una presencia casi opresiva. Había que leer los libros de Cortázar, había que leer los libros de Vargas Llosa… si ibas con uno de Juan García, la gente te miraba raro, o de Ana María Matute. También los podías ir tratando poco a poco. Yo creo que todo eso ha generado un santoral que da para contarlo. He pensado que tenía que contarlo.
Es un efecto domino, cuando conoces a una persona, conoces a todas. Era la suerte de estar en el momento donde estaba todo. Suelo repetir que, en esos años, el trabajo más fácil del mundo era ser jurado del Premio Cervantes porque la duda era si votabas a Onetti o a Borges, a Gerardo Diego o a Alberti. Ahora es más complicado, antes estaba chupado, acertabas siempre.
Rafael Alberti
P: El evento detonante de todo esto fue el conocer a Alberti y que te abriera muchas puertas. ¿Qué supuso esto para ti? Porque quizás si no hubieras conocido a Alberti, no te habrían pasado muchas otras cosas.
R: Supuso darme cuenta de que era un tío con suerte. En el instituto, el profesor de lengua, que estaba bastante zumbado, de pronto me dijo “tú tienes que escribir poesía”. Yo pensé “este señor está loco”. Algo vio en mí que le impulsó a decirlo. Me mandó a comprar un libro de Alberti el viernes y el sábado me pasa que conozco Alberti. Así todo. Mi vida ha sido entera así. Me dicen “no seas modesto”, pero no es modesto, lo que soy es realista.
Es como ha pasado, las cosas me han venido a buscar una detrás de otra.
Rafael es que no era cualquiera. Rafael, aparte de uno de los poetas fundamentales del siglo XX en España, era un tipo muy divertido y era una biblioteca ambulante. Fueras por donde fueras, te iba recitando poemas. Sabía toda la poesía española desde el Conde Lucanor hasta Antonio Machado de memoria. Era un tipo con una capacidad de para apreciar la belleza de las cosas, verdaderamente extraordinario.
Como modelo de vida, no solamente como modelo de escritura. Seguramente más lo primero que lo segundo. Hay que seguir el consejo famoso de “tómate siempre muy en serio tu obra y muy en broma a ti mismo”. En un mundo enfermo de solemnidad como este, no está mal el consejo.
El camino
P: Durante todo el libro hablas del recorrido de tu vida profesional también: poeta, novelista, periodista, también actor… ¿Cómo estructuraste esto? ¿Cómo querías contar todas estas cosas, de qué forma o en qué orden?
R: Yo creo que a veces las memorias tienden a tener títulos un poco pomposos que hablan del tiempo, de la eternidad, de la memoria. Quería uno un poco más gamberro. Me acordé de esa canción que habíamos hecho Sabina y yo con Leiva, Qué estoy haciendo aquí, pero sobre todo porque es una pregunta que me he hecho a veces, cuando estoy, por ejemplo, haciendo de actor en una serie o en una tertulia de actualidad.
Pienso a veces “pero, ¿yo por qué estoy aquí?”. Que eso la gente más o menos lo sabe porque soy más o menos conocido, la gente ya sabe qué cosas hago. Lo que no saben es el camino. Porque la otra pregunta que me hago a veces es “¿cómo he llegado aquí?”. Miro alrededor y digo “¿dónde están los otros escritores? ¿Qué estoy yo haciendo que mis amigos no hacen?”.
El libro es la respuesta a la segunda pregunta, no a la primera. ¿Por dónde he llegado? ¿Cuál ha sido el camino? ¿Quién iba conmigo? ¿Quién me perseguía? ¿Quién se dio la vuelta? ¿Quién estaba esperando para que pasara? Es esa historia, cómo ha pasado todo eso.
Los amigos
P: En Qué estoy haciendo aquí hablas de muchas grandes figuras, tanto en el ámbito de la música como culturalmente, de muchas épocas… ¿Querías hacer una especie de homenaje a estas personas?
R: Son mis amigos. Es un libro que trata sobre los amigos. Lo que pasa es que mis amigos son gente especial, es evidente que lo son. Es un libro sobre los amigos, sobre la suerte de conocer gente en la vida con la que no hay un minuto malo. Porque lo que pienso con esto es que yo no me he aburrido en la vida con ellos, nunca he dicho “¿ahora de que hablamos?”.
Tú puedes ser íntimo de una persona, conocerla a nivel doméstico, llevarla al médico cuando estaba enferma y hacer la compra cuando está mala, pero eso no hace que te olvides de quiénes son. De que ese señor con el que estás haciendo canciones se llama Joaquín Sabina o ese señor con el que estás hablando se llama Ángel González. Los sigues admirando igual, pero ahora los quieres más porque los conoces y te das cuenta de que en un mundo con tanta tontuna como este, esta gente eran excepcionales en su trabajo, absolutamente normales y naturales en su manera de ser y de tratar a la gente.
Recuerdo que, por ejemplo, ir con Alberti a un recital era como ir con una estrella del rock. Y un día le dije “oye, tú nunca les tus mejores poemas, lees siempre los que más te aplauden”. Me mira así y me dice “claro, pero tú sabes que toda esta gente que está aquí tenía cosas que hacer, tenía sus trabajos, su familia, sus hijos, y han tenido la bondad de venir a verme. Mi obligación es entretenerlos”.
En el entretenimiento, que hoy es una palabra complicada, para mí tiene ese significado también, tener en cuenta que no puedes mirar a la gente nunca de arriba abajo. Ya lo decía Balzac: un libro tiene que ser como un espejo que atraviesa una multitud, por lo que refleja las historias de la gente.
La propia voz
P: ¿Cómo escogiste la forma de narrar este libro, el lenguaje, el tono… ¿Cómo enfocaste esto?
R: Ese libro soy yo. Yo normalmente tardo en escribir un libro cuatro años. Este lo he escrito en seis meses. No tenía que inventarme nada, solo tenía que recordarlo y lo que no recordaba yo lo recordaba San Google, que para eso es fantástico.
Soy yo, es mi voz, no he tenido que construir la voz como en las novelas. A mi me costó mucho, por ejemplo, la serie de Juan Urbano. Yo antes de empezar a escribir Mala gente que camina pasé mucho tiempo ensayando cuál quería que fuese el tono del personaje porque había dicho que iban a ser diez tomos, voy siete a ver si me da tiempo. Trabajé mucho en elegirle la voz y el carácter. Aquí no tenía que hacerlo, he sido yo contando la historia, no había nada que elegir.
Un artista pluriempleado
P: Al ser tu vida también cuentas muchas cosas de tu intimidad. ¿Cómo pusiste estos límites de qué querías contar y qué no, de qué forma?
R: Ha salido un poco de forma natural. Lo mismo te digo que no he elegido una voz, sí decidí la estructura.
Cuando voy a los sitios y me dicen “es un artista multicultural”. No, soy un pluriempleado, que es más español.
Una vez elegí la estructura de contarlo por profesiones para remarcar un poco la idea de que uno ha ido pegando saltos de un lado al otro del puente todo el rato, ha salido todo de manera muy natural. Es verdad que en la literatura pasan cosas, cuando estás escribiendo un libro te pasan cosas. Cuando escribes una novela te pasa justo al contrario. Pienso muchísimo una estructura, fabrico personajes, decididos los sitios. Quiero saberlo todo antes de empezar. Aquí no.
Mientras escribía este libro, escribía algunos poemas del libro La edad de los fantasmas, el último de poesía que he publicado y de manera intuitiva, la parte más melancólica, la que habla más melancólica, de la pérdida, de la nostalgia, del paso del tiempo, de los amigos que se han ido y los fantasmas que se te empiezan a presentar en la vida, se fue a la poesía; y lo más divertido lo más gamberro y lo más amable, se fue a la memoria. ¿Por qué? No sé, porque en los libros, como te digo, pasan cosas.
Cuando te pones a escribir una novela y después de haberlo decidido todo, lo que más te gusta al final es lo que se te ocurre sobre la marcha. Aquí no, aquí ha sido todo fluido.
En el tren
P: ¿Cómo es tu proceso creativo, tanto en las novelas como en la poesía? ¿Cómo haces para crear? ¿Cuál es tu rutina de creación?
R: Como estoy toda la vida dando saltos, me paso la vida en un tren o un avión, le debo la productividad al periodismo. El periodismo me enseñó a escribir en una redacción con ciento y pico personas que, mientras tú estabas escribiendo tu columna, le están pegando gritos a un ministro o a un delegado sindical.
Del periodismo he aprendido a extraerme. A mí me cuesta muy poco. Me siento en un vagón o en un hotel de otra ciudad o voy en un avión y, en cuanto cojo la tablet o abro el cuaderno, se me olvida todo, me meto dentro. Son muchas horas. A veces me dicen “¿no prefieres un avión, que el tren tarda tres horas?”, yo prefiero que tarde cinco. Eso es hasta tal punto que no me concentro en un sitio en el que esté solo en silencio, mientras que si esto en un vagón con gente hablando por teléfono es mejor.
Escribir creo que estás escribiendo todo el rato. Estás pensando todo el rato, dándole vueltas a las cosas y van saliendo. No tengo prisa. A la gente joven le digo siempre “No tengas prisa, no se puede correr y escribir al mismo tiempo. O corres o escribes. Si tienes mucha prisa, si quieres hacerme famoso muy rápido y ser trending topic, vas por mal camino. Esto requiere calma, relax, tiempo para pensar, para decidir.” Lo contrario de la vida en la que estamos metidos.
Gratitud hacia los lectores
P: ¿Cón qué quieres que se queden los lectores cuando lean Qué estoy haciendo aquí?
R: A mí, los lectores me tratan muy bien. No tengo nada más que gratitud para la gente. No ya porque me lean, que también, por supuesto, para eso publico los libros. Tengo la sensación de que la gente me tiene cariño. He ido a la Feria del Libro y me cuentan sus historias y es muy bonito. Es una relación muy bonita, una relación muy íntima. Tú tienes una relación privada con cada lector del libro, a juzgar por lo que luego te cuentan en firmas, presentaciones, conferencias… y es una cosa muy bonita, muy delicada, muy entre tú y yo. Me gusta mucho.
Me canso a veces porque yo ya tengo 64 tacos, me canso a veces de tantas horas, pero siempre con gratitud. Aquí se van a enterar de cosas que no sabían. Yo obviamente nunca había publicado unas memorias, no sabía tampoco que iba a pasar. Yo sé que si publicas una novela vendes tres veces más que un libro de poemas y siete más que si publicas un libro de relatos. Pero de esto no sabía y ha sido bastante brutal el fin de semana en la Feria del Libro.
P: ¿Qué le dirías al Benjamín de los inicios? Un mensaje para tu o del pasado.
R: Te lo vas a pasar de puta madre.


