La corrupción en México ha obligado a dimitir a un alcalde y un gobernador, algo que no sorprende a la ciudadanía
Mientras la nación americana se enfrenta a otra triste realidad de la que es consciente, todo apunta a que nada va a parar y que todo seguirá igual en el país.
Hace ya más de una década desde que el famoso caso de Ayotzinapa conmocionó a México. Fueron 43 desaparecidos y 17 heridos. El secuestro de jóvenes, en el que estuvieron implicados grupos criminales con las fuerzas policiales y militares del país, cada año se recuerda en México. Las familias salen a pedir justicia y ven cómo casi ningún avance se produce.
También cabe recordar el caso de Debanhi Escobar, una de las tantas mexicanas víctimas de violencia contra las mujeres, cuyo caso conmocionó al país por lo que le sucedió: la víctima salió de fiesta con unas amigas y, tras estar intentando entrar en varias fiestas, finalmente les permitieron entrar en una. Después, ella tuvo un altercado con algunas personas y una de sus amigas le pidió un servicio de taxi privado.
Según dijo la Fiscalía, tuvo un altercado y Escobar se bajó del coche. Las cámaras la grabaron dando vueltas hasta llegar a un motel, lugar en el que después aparecería muerta. La Fiscalía siempre sostuvo que se había caído a una de las cisternas y se ahogó, versión que la familia rechazó. Más tarde, el mismo órgano judicial cambió la versión y dijo que la causa de su fallecimiento había sido una «contusión en el cráneo». Actualmente, el caso continúa sin esclarecerse, ya que la familia sigue buscando justicia y saber qué le pasó a Debanhi esa noche.
Por si fuera poco, estos dos casos de violencia se suman a uno nuevo de corrupción. El partido de izquierdas Morena, del cual forma parte la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, se ha visto salpicado a nivel regional por la corrupción.
El gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha, el alcalde de Culiacán, Juan de Dios Gómez, y el senador por Morena, Enrique Inzunza, todos se han apartado de la política salvo este último. El motivo es que el Gobierno de Estados Unidos les acusa de tener vínculos con el Cártel de Sinaloa, supuestamente facilitando narcotráfico a cambio de apoyo político y sobornos.
Estas graves acusaciones levantan una grieta más en el ya fracturado gobierno mexicano, que prometió que iba a luchar contra la corrupción y nada hizo. Pero no importa que sean de izquierdas o de derechas, porque el PRI (el partido conservador del expresidente Peña Nieto) también ha tenido varios escándalos durante su gobierno por la corrupción. Y en el centro de todo esto, Sheinbaum solo se limitó a afirmar que, si de verdad «había pruebas claras, México lo investigaría y se les procesaría».
Morena, que fue fundado para combatir la violencia y dar una vida mejor a los mexicanos, no ha servido más que para mentir y colocarse a la altura de cualquier otro partido de tantos y tantos que ya han decepcionado a los ciudadanos. Porque, por ejemplo, el expresidente Andrés Manuel López Obrador dijo que los delincuentes deben recibir «abrazos, no balazos», o cuando fueron tantas las veces que atacó a los periodistas por solo hacer su trabajo.
Sheinbaum debería ser más valiente y tener mano dura para evitar más violencia y feminicidios, porque si no, solo volverá a ser una encarnación de la misma putrefacción que lleva viéndose desde hace décadas en la política mexicana.


