Suenan los tambores de guerra en el PP

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Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso | Fuente: elaboración propia (David Mudarra y Flickr).

Pablo Casado invitó ayer a Isabel Díaz Ayuso a evitar las “megalomanías”, lo que ha extremado las posiciones en la batalla interna del Partido Popular

El líder del Partido Popular, Pablo Casado, explicitó ayer en el XVI Congreso del PP andaluz, la batalla interna que está librando contra la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, la cual está buscando adelantar el congreso para consagrarse como dirigente del PP madrileño en contra de la dirección nacional del partido. Además, sus constantes intervenciones al margen de la línea política que marca el aparato del partido le han consolidado como un “verso libre” y un personaje político independiente. 

En este contexto, Casado le espetó, sin nombrarla directamente: “El PP es una gran orquesta. Aquí no caben solistas. Esto no es un talent show de megalomanías”. Esa dureza, inédita hasta el momento, se plasmó en varios calificativos que le dedicó a la presidenta de la Comunidad de Madrid considerándola parte de “esos que enredan” para que suenen los tambores de guerra en la formación azul. Para él, esta “hoguera de vanidades no conduce a ninguna parte”. También dedicó varias metáforas a la situación de división interna que atraviesa el partido y pidió apoyo a su proyecto.

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En dicho congreso se reeligió por tercera vez consecutiva como barón regional a Juan Manuel Moreno, el actual presidente de la Junta de Andalucía. Ayuso, como viene siendo costumbre, acaparó de nuevo los focos de un acto el viernes pasado. Esta vez fue en el foro del PP andaluz cuando le recomendó a ‘Juanma’ Moreno Bonilla que volara “libre” y que no se comportara como “una marioneta” en referencia a la posible injerencia de Casado para adelantar la fecha de la convocatoria de elecciones de la comunidad, quien ha negado tajantemente esas presiones.

Primera derrota estratégica de Ayuso

Por una parte, Ayuso ha salido debilitada de toda esta guerra dialéctica. Este hecho se enmarca en la fabricación paulatina de una figura presidenciable en el ámbito nacional después de su aplastante mayoría en los pasados comicios madrileños del 4 de mayo. Pretendía llamar a la rebelión en el seno del partido contra el liderazgo de Casado, bastante frágil y desgastado. A su vez, quería echar más leña al fuego a las críticas dirigidas a la plana mayor del partido contenidas en el nuevo libro de la cesada exportavoz en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo.

Pues bien, el presidente de Andalucía, procedente del ala izquierda del PP y más cercano ideológicamente al expresidente Mariano Rajoy, negó el sábado que recibiera esas presiones por parte de Casado y afirmó que “siempre había sido libre”, un argumento que asimismo refrendó el secretario general del PP y número dos de Casado, Teodoro García Egea. No es que este hecho refuerce necesariamente al PP, pero sí a Casado debido a que ha dado un golpe encima de la mesa y, de este modo, ha resaltado su autoridad como presidente del partido y encargado de definir el proyecto político.

Sin embargo, lo que sí que se está dañando de cara a los electores es la imagen de unidad interna, que es evidentemente inexistente. Cuando un partido es objeto de disputa y está desunido la sensación que les suele generar a los votantes es de escasa credibilidad y debilidad, dos enemigos para ganar elecciones. La pluralidad debe ser una de las notas de una formación política porque, a la inversa, supondría que el partido fuera cesarista, algo no deseable en democracia, pero sí habitual.

Lucha por el poder en un buen momento

Este pulso entre Ayuso y Casado no debería sorprender. Responde una de las esencias de la política, además de la resolución de conflictos: la lucha por el poder. Nadie se cree que Ayuso no desee dar el salto a la política nacional, máxime cuando su spin doctor es el exasesor de José María Aznar, el célebre Miguel Ángel Rodríguez, todo un estratega político. De ahí que sea inexplicable toda esta división interna en un momento en el que el PP atraviesa una luna de miel con las encuestas. Sería, según algunos sondeos, la fuerza más votada actualmente.

No obstante, lo que sí es sorprendente es que se le achaque tener una ambición desmedida. Pide que se adelante el congreso para elegir quién preside el PP de Madrid. Todos los presidentes autonómicos populares son a su vez líderes del aparato regional de la formación. No es nada extraño: reclama igualdad a ese respecto en relación con sus compañeros de otras comunidades autónomas. Por el momento, se ha sometido a los designios de Casado en la arena nacional, pero solo por el momento.

Otra cosa bien distinta es que la dirección nacional tenga temor de que el ‘fenómeno Ayuso’ desbanque a Casado de su trono. Está justificado que se libre esa batalla porque en ese punto Casado tiene mucho que perder y Ayuso todo por ganar. Ahí también reside la duda de hasta qué punto sería exportable al resto de España. Su figura política se ha gestado en un momento pandémico muy peculiar en el cual ha hecho bandera de una libertad -mal entendida- que muchos creían necesitar, sobre todo, en lo respectivo a las restricciones y a la hostelería. Ello sumado a una suerte de nacionalismo madrileño, impregnado de un populismo al estilo trumpista, ha conformado un estilo particular y chabacano de hacer política.

Las elecciones de 2023, la última bala de Casado

Por otra parte, Pablo Casado tiene en las Elecciones Generales de 2023 su última baza. El Gobierno parece tener encarrilados los Presupuestos Generales de Estado de 2022, a falta del apoyo de uno de sus socios preferentes, Esquerra Republicana de Cataluña. Tras haber superado el trámite de las enmiendas a la totalidad y después de que Pedro Sánchez haya declarado su intención de agotar la legislatura Casado no tiene margen de error en las próximas generales.

En caso contrario, Díaz Ayuso se postularía seriamente como la candidata más presidenciable del PP, dada la “casualidad” de que la legislatura madrileña concluya a la par que la nacional. Se debe a que la presidenta de la Comunidad de Madrid convocó elecciones de forma anticipada a raíz la moción de censura en Murcia, lo que significa que la XII legislatura mantiene los tiempos originales de la anterior -la XI, que comenzó en 11 de junio de 2019 tras las elecciones del 26 de mayo de ese año.

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