Una vez más, el poder de las palabras

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Maquina de escribir | Fuente: Patrick Fore

El pasado 3 de noviembre Mohamed Mbougar Sarr fue galardonado con el Premio Goncourt por su última novela. La noticia voló y los medios corrieron a publicarla, sin embargo detrás de ciertos titulares se pudo ver otra noticia oculta.

Cuatro años estudiando periodismo y todavía me sorprendo con el doble sentido de algunas noticias. Quizá por ser una romántica en esto de contar la verdad, por ser inocente, o quizá por ser consciente del poder que tienen las palabras. Último año y me sigue sorprendiendo el trasfondo de ciertos titulares, como el que escuché a principios de mes.

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Ya ha comenzado la época de manta y película y sin darnos cuenta deseamos que llegue el domingo para poder envolvernos en ellas. Es lo que hice el 3 de noviembre, no era fin de semana ni principios, pero cualquier excusa es buena para sentarse en el salón con una buena manta y un café caliente. Mientras me acomodaba, abrí el portátil y comencé a ponerme al día con los miles e interminables trabajos de la universidad. En mitad de aquella pesadilla de montañas de trabajo y poco tiempo, hubo algo que atrajo mi atención: una pesadilla, pero esta vez real.

La televisión estaba encendida pero con el volumen justo para poder concentrarme en los trabajos y tener el ruido de fondo. Un murmullo que atrajo mi atención. Al principio no le di demasiada importancia. No quise. No me lo creía. Sin embargo ya tenía la atención puesta en la televisión. “El senegalés Mohamed Mbougar Sarr gana el Premio Goncourt” así cantaba la noticia. Casi de inmediato me pregunte ¿cuál es realmente la noticia; un nuevo escritor ha ganado el Goncourt o un negro es el que ha sido premiado? Cuarto año de carrera y todavía me sorprendo con este tipo de cosas

Más de cien años de reconocimiento a las letras francesas

El premio Goncourt es centenario. Desde 1903 lleva cada año reconociendo la mejor obra literaria de Francia. Mohamed Mbougar ha sido el 118º en la lista de  galardonados. Casi 120 autores y solo dos de color han sido dignos de recoger el premio.

René Maran fue el primero. Hace 100 años fue galardonado por su novela “Batouala” en la que mostraba la vida en África con los respectivos abusos de la administración colonial. El poeta y sus ideas anticolonialistas no pasaron desapercibidos, provocando admiración e ira. Mientras que compañeros de profesión le bautizaron como precursor de la negritud, la cólera se apoderó de las élites. Y es que en un mundo en el que el colonialismo estaba a la orden del día, una obra de tan transcendente no tenía cabida y menos si estaba escrita a manos de un negro.

Una verdadera novela negra como “Batouala” se hizo con las más altas letras francesas. Una novela revolucionaria. Sin embargo, todo lo que conllevo a René Maran a conseguir el Goncourt, fue lo mismo que suscitó su olvido. Criticar al poder siempre ha tenido consecuencias; en el caso de Maran fue tan fácil como censurar la novela en África y crearle una mala imagen en Francia. 

Desde 1921 ningún escritor negro ha vuelto ha conseguir el premio. Coincidiendo con el centenario de René Maran, este año Mohamed Mbougar Sarr, senegalés, ha sido galardonado con el premio Goncourt por su obra La plus secrète mémoire des hommes (La memoria más secreta de los hombres). El autor cuenta la historia de un escritor comprometido contra el colonialismo y las grandes tragedias del siglo XX. Una novela que se basa en la vida del novelista senegalés que huye de su país, buscando gloria y enamorado de las letras. La novela de Mohamed podría considerarse como un reflejo de la que fue la realidad: artistas huyendo de su país de origen en busca de una vida mejor.

El poder de las palabras

El premio Goncourt nació con la premisa de recompensar a la mejor novela publicada en el año en curso. El premio no es el dinero que recibe el autor, ya que es simbólico – 10 euros- sino el asegurarse el éxito en ventas. Si se hace un recuento de todos los ganadores, se observa que de los 118 ganadores solo 17 han sido o mujeres o hombres de color, el resto: hombres blancos. 

Unos datos que, desafortunadamente, no llegan a asombrar del todo. Ya estamos acostumbrados. Los medios siguen escribiendo titulares tipo: “El senegalés Mohamed Mbougar Sarr gana el premio Goncourt”; dando a entender que es algo inédito, novedoso e incluso raro. Mientras se siga leyendo, viendo y escuchando este tipo de titulares, no se va a cambiar la idea de lo difícil que es que un negro o una mujer estén en lo más alto. Cuatro años de carrera  y todavía me sorprende que no se haga nada por cambiar.

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