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Pablo Motos fuerza su propia revuelta

La codicia del presentador de El Hormiguero ha acelerado su proceso de abdicación del trono del access prime time, poniendo en bandeja a David Broncano la proclamación de un relato goloso del héroe y el villano

“El poder es un veneno”, mencionaba el filósofo ilustrado John Locke. Tal vez eso es lo que trató de decirnos la serpiente que aparecía en los ya icónicos “animales de la protesta”, que durante los minutos finales de emisión de La Revuelta revolucionaron las pantallas de los televisores durante la noche de este pasado 21 de noviembre. “El Hormiguero gana por solo tres décimas a 12 minutos de animales de La Revuelta”, escogía como titular eldiario.es, en una cobertura mediática que se hacía eco de la denuncia sorpresa de David Broncano a Pablo Motos.

El presentador rompió su silencio y se atrevió a señalar con el dedo ante la atención de 1.778.000 de espectadores, acusando de mala praxis en materia de competencia y supuestas presiones del programa de las hormigas, a los invitados. Todo ello tiene un lugar común para Motos y los suyos: sostener un monopolio televisivo en un reinado que poco a poco va prescribiendo.

Broncano tuvo la oportunidad de demostrar en primera plana que el monopolio de Motos en realidad se parece más a una tiranía. El Hormiguero y su líder fueron pillados con las manos en la masa, hasta el punto de retener a una estrella del motociclismo como Jorge Martín en el camerino del programa rival. Un acto extremo y con tintes de surrealismo que lo único que ha demostrado es su miedo atroz a no saber perder.

El afán de poder succiona a Pablo Motos y le hace caer bajo la guillotina de la crítica

Como con cualquier gran polémica, la “guerra de relatos” ha conformado argumentos y seguidores a un lado y otro de la trinchera. Sin embargo, la balanza se ha decantado por ahora hacia el programa de La 1. La Revuelta formó su estrategia sin olvidarse de una de sus premisas más diferenciales: dar espectáculo y sorprender. Una respuesta con sentimiento ante las malas artes de Motos que valió para sacrificar el programa y poner el foco en su rival. La retroalimentación brutal prueba el acierto.

El Hormiguero, como ya pronunció en su comunicado en redes sociales, aludía a un “malentendido sin mayor importancia” y lanzaba una nueva parte a la ecuación: Dorna. Según contaba El Mundo de forma exclusiva, “Dorna, la empresa organizadora del Mundial de Motociclismo, y Atresmedia tenían un acuerdo para la emisión de tres Grandes Premios de Motociclismo y en ese acuerdo había un compromiso de primicia de que si Jorge Martín se proclamaba campeón mundial su primera entrevista la daría en El Hormiguero. De esta forma, los representantes cerraron la entrevista con La Revuelta sin tener en cuenta el compromiso de primicia que se había acordado con El Hormiguero y Atresmedia”. Además de la evidente negligencia de los representantes del motorista, hay algo que queda justificado indirectamente: Motos siempre quiere ser el primero en clavar la bandera en la cima. Una conducta que Broncano afeó en su denuncia, aludiendo a que “llevaba ocurriendo desde La Resistencia”, el programa de Movistar+.

Los nervios de Motos ante el rendimiento de su posible sucesor han acabado culminando con un ataque de pánico en el que ha salido todo a la luz, menos lo realmente valioso: el respeto a la libre competencia. Pequeños detalles como las reacciones de los excolaboradores de El Hormiguero, Flipy y Jandro, apoyando el documental de animales de La Revuelta, nos da pistas sobre Motos y su comportamiento detrás de las cámaras. Alguien que cree tener más enemigos que amigos, cuando lo que tiene es más inseguridades que autoestima.

La realidad es que el error de Pablo Motos por grueso no implica que no fuera previsible, y es que la televisión trata sobre televisión. Como en el deporte, quien no es fiel a sus reglas, es descalificado o penalizado, pero quien no es fiel a las normas no escritas, códigos implícitos, pactos invisibles, es condenado al peor de los castigos: la desconfianza.

El ataque de egocentrismo de Pablo Motos y sus hormigas le ha podido arrinconar en un patoso escarnio público, demostrando también su falta de criterio en materia de competición, y catapultando a su competidor directo a la más alta cumbre de un discurso social: el valiente héroe que lucha contra una injusticia. El afán de poder succionó a Motos, que acabó traicionándose a sí mismo, sobrevalorando su capacidad de influencia, y minusvalorando la inteligencia televisiva de Broncano, que ha acabado ganándose el beneficio de ser el perjudicado de la trama.

Una polarización con ingrediente político que nos puede conducir a futuros inciertos

El combate a dos ha quedado más que claro, y para el público solo le queda elegir su púgil. No obstante, por encima del ring en forma de plató sobrevuela el peligro de transformar el pulso en antena en una elección política.

Una bola de nieve que comenzó a hacerse grande desde que se filtraron los 14 millones de euros que costará La Revuelta por temporada a la cadena pública, y que muchos ligaron con una “pérdida innecesaria de impuestos”. En la otra cara de la moneda, muchos tachan a El Hormiguero de falta de pluralidad y de estar ligado a unas ideas políticas concretas, contando como ejemplo paradigmático el empleo del espacio en tertulias con las intervenciones de Rubén Amón, Rosa Belmonte, y Juan del Val.

Después de las declaraciones de Broncano, la polarización puede radicalizarse. Una buena noticia para la televisión, y no tan buena para la concordia. El ingrediente político es explosivo, y puede acabar por posicionar a los invitados sin querer en un extremo u otro, dependiendo de su elección de programa al que acudir en primera instancia. No mojarse en esta batalla es complejo, y se corre el riesgo de sufrir transformaciones drásticas. Mirando al futuro, La Revuelta puede sobrevivir sin invitados. El Hormiguero, no.

Pero eso aún queda lejos. Por ahora quedamos a expensas de ver lo que ocurre a partir de las próximas semanas, en una pelea dialéctica cuya certeza es el primer round para La Revuelta, que ha conseguido hacerse con el voto popular vendiendo una dicotomía seductora. Broncano y Motos, héroe y villano. Uno, el “líder de la revuelta”, el otro, “el monstruo de la televisión”.

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