Silencio mundial, tragedia diaria
Actualmente Palestina no solo sufre una crisis humanitaria sino también una falta de conciencia del mundo. Mientras los ojos del planeta se enfocan en otros conflictos más rentables para las potencias, el pueblo palestino sobrevive bajo la ocupación, el bloqueo, el exilio y la violencia sistemática. Palestina no solo está siendo bombardeada, también están acabando con su dignidad, su derecho a existir y a ser reconocida como nación.
Desde hace años, la población palestina vive bajo un régimen de apartheid, que ha sido denunciado por múltiples organismos internacionales y organizaciones de derechos humanos como Human Rights Watch o Amnistía Internacional. A diario, se enfrentan a atrocidades como desalojos forzados, detenciones, restricciones de movimiento y un control absoluto sobre su economía, acceso al agua, salud y educación. Lo cual, en pleno siglo XXI debería ser ilegal de permitir. Además, estas terribles situaciones se alimentan de la complicidad o el silencio de buena parte de la comunidad internacional.
La Franja de Gaza, una de las zonas más densamente pobladas del mundo, está sometida a un bloqueo desde 2007. En ella, más de dos millones de personas viven atrapadas, con acceso limitado a bienes básicos y bajo el temor constante de ataques aéreos que no distinguen entre objetivos militares y civiles. Las cifras de muertos, en su mayoría mujeres, ancianos y niños, no son solo estadísticas, son tragedias humanas que, por repetirse tanto, han sido normalizadas.
Defender a Palestina no se trata de un acto de ideología, sino de humanidad. La cuestión no es justificar ninguna forma de violencia, sino de denunciar un sistema de dominación, desigual y que está acabando con muchas vidas. La desigualdad con respecto a Israel es evidente. Ya que nos encontramos con un Estado que cuenta con un ejército de primer nivel y apoyo internacional, frente a una población civil que resiste como puede, con su identidad como única arma ante el olvido.
Quienes exigen justicia para Palestina no buscan el odio a Israel, exigen coherencia. Piden que el derecho internacional no sea algo que se aplica según la conveniencia de cada uno. Exigen que los derechos humanos no tengan fronteras ni nacionalidades selectivas. Exigen que no se siga tratando como criminales a quienes sufren y resisten por sus vidas, mientras que se defiende y justifica la violencia de su pueblo opresor.
La lucha del pueblo palestino no es una causa lejana, ni mucho menos ajena. Nos influye sobre qué tipo de mundo estamos construyendo, sobre si realmente creemos en los principios que decimos defender. Seguir ignorando su sufrimiento es una forma de ser cómplice. Y ante la injusticia, el silencio nunca es neutral. Palestina necesita justicia, que se escuche su voz, que se reconozca su existencia, su historia, su derecho a vivir. Porque mientras el mundo calla, Palestina resiste. Y en esa resistencia está también la memoria de todos los pueblos oprimidos que alguna vez lucharon por su libertad.

