El miedo al intento pesa más que el arrepentimiento en la balanza de la vida, pero la fortuna favorece a los más audaces
Esta fue una de las frases que dijo Roberto Martínez, seleccionador de Portugal, en una ponencia en la que estuve el martes pasado. Lo más interesante es que no hablaba de fútbol, y justo eso es lo que la hace más auténtica. ¿Cuántas veces habremos dicho que no a las oportunidades que nos ofrece la vida por…? ¿Miedo? ¿Incertidumbre? ¿Vergüenza? ¿Y cuántas veces vuelven esas oportunidades? Probablemente cero. La frase incide en que es mejor morir sabiendo que has vivido, has sufrido y disfrutado antes que morir quieto, con la sensación de no haber aprovechado cada instante, o por lo menos de no haberlo intentado.
Mi abuelo siempre decía que es mejor arrepentirse de las cosas que has hecho que de las que nunca llegaste a hacer. De pequeña pensaba que era una frase demasiado exagerada, pero ahora me encantaría poder decirle que tenía razón. El arrepentimiento duele, pero la duda inagotable de pensar qué hubiese pasado si lo hubiese al menos intentado, pesa mucho más. Aunque para qué mentirnos, es una frase compleja y difícil de aplicar a tu día a día, como todas las frases que están escritas marcar un antes y un después en tu vida. Pero, no sé por qué, esta siempre me ha resultado diferente.
Sin darnos cuenta, conforme pasa el tiempo, que se lleva consigo esas oportunidades perdidas, esas palabras no dichas y esas acciones no realizadas, crece el arrepentimiento. Aunque hay veces que, sin darnos cuenta, empezamos a vivir agachados, conformándonos con lo más mínimo y viviendo sobre una línea recta que no se complica con el paso del tiempo, pero que tampoco varía. Vivimos con un miedo constante a equivocarnos, a no estar a la altura, a que algo salga mal. Y ese miedo, poco a poco, nos acomoda.
No quiero llegar a una edad adulta y contemplar lo vivido con un sentimiento de culpa por haber vivido más de rodillas que de pie. No quiero creer que he pasado años con miedo a vivir, a probar cosas nuevas o a salir de mi zona de confort. Que es tentador, pero engañoso. Creo que hablo en nombre de una generación entera cuando digo que el futuro nos paraliza.
Quizás la clave de todo esto está en reconocer el error, en entender que fallar no nos hace menos válidos, sino más humanos. Vivir de pie es aceptar que habrá tropiezos, decepciones y pérdidas, pero también logros, aprendizajes y momentos que solo llegan a quienes se levantan. Virgilio en la Eneida escribió “Audentis Fortuna iuvat”, que se traduce como “La fortuna favorece a los más audaces”. Prefiero tropezar cien veces intentando algo que quedarme quieta por miedo a caer. Porque si algo he aprendido es que vivir de pie, aunque duela, siempre vale más que vivir arrodillado ante el miedo.

