Hoy se conmemora un año más la lucha de las mujeres por sus derechos
El aquelarre que sufren las mujeres hoy, y todos los días del año, es lo que impide que este día no sea de celebración por nosotras y nuestros derechos, sino una jornada de lucha que parece que nunca llegará a su fin.
Según la real academia de la lengua, la palabra aquelarre, que proviene del vasco akelarre, se refiere a una «junta o reunión nocturna de brujos y brujas, con la supuesta intervención del demonio ordinariamente en figura de macho cabrío, para sus prácticas mágicas o supersticiosas».
Este misma palabra y la figura de las brujas están tremendamente asociados a nosotras, a todas las mujeres desde hace siglos. Y a las mujeres feministas en particular desde la antigüedad. Y esto ya lo pintó Goya en uno de sus cuadros de la colección de sus famosas pinturas negras, que lleva por nombre El Aquelarre o Asuntos de Brujas. Con él pretendió hacer sátira del fanatismo religioso y todo lo que ello conllevaba en la época de la Ilustración.

En esta obra se muestran varios mitos derivados del machismo de la época y que todavía nos sigue acompañando hoy en día. Uno es el mito de «la mala madre», que es capaz de vender sus hijos al mismísimo Satanás con tal de no criarlo. Está encarnado en la figura del carnero —a la izquierda de la imagen— además de que a la derecha de la figura principal se encuentra otra mujer teniendo entre las manos a un niño esquelético, y a la izquierda del maligno tenemos a otra mujer portando sobre su bastón fetos humanos.
Todas estas figuras se encuentran asociadas a lo que sería hoy el mito machista de la «mala madre», asociado durante siglos a las madres, a esas madres señaladas por no ser demasiado cuidadoras de su familia pero en especial de sus hijos, a ojos de la sociedad.
Esa misma sociedad que asociaba ese mito a las mujeres feministas de aquellos tiempos, como las que sabían de medicina o se veían interesadas por tener estudios asociados con la cultura, queriendo aprender sobre enseñanza o literatura.
Todas ellas querían aprender. Solo eso. Tal vez fuera lo único que las hacía sentir libres. Fuera del mando de sus padres o de sus hermanos mayores, si se encontraban en edad todavía de no estar casadas con el marido concertado de turno. ¡Qué pena!
Y hoy, mientras siguen falleciendo mujeres por la violencia machista, y quedando huérfanos sus hijos, siguen perdurando estos mitos.
Un ejemplo que da la vuelta a estos mitos —y que personalmente me recuerda a otro— es el de Rosalinda Galán, y su canción Mataora, una copla con sonidos electrónicos que aúna el arte tradicional y el actual para crear un grito flamenco y feminista que sigue desmontando mitos. La artista cuenta, a través de la música, el mito de la cigarrera sevillana Carmen que no aceptaba casarse con ningún pretendiente y quiso vivir en plena libertad con su soltería.

Otro que me viene a la memoria —y que se desmonta en la obra La raíz del poder de Ana Bernal Triviño (2025)— es el de Medusa, condenada a convertir a todo el que miraba en piedra tras ser castigada por Atenea tras ser violada por el dios Poseidón.
Y si a eso le sumamos todos los demás mitos asociados a las mujeres propiciados por el machismo, nos encontramos un mundo lleno de obstáculos sociales para nosotras. Un mundo el que a día nos siguen oprimiendo, además de todas las excusas que se inventan para acabar a diario con nosotras.
No solo con nuestra vida, sino también con nuestros sueños, nuestros estudios o nuestro trabajo. No permitamos perder esos derechos. Todos esos derechos que permiten que seguimos aquí, vivas, gritando un día más.

Por las que ya no pueden. Por las asesinadas por sus maltratadores. Por sus hijos (y en especial por sus hijas). Por sus familias. Por sus amigos y especialmente por sus amigas. Por las que todavía no han podido soñar. Por las que no han podido estudiar lo que les gustaba. Por las que no tendrán el trabajo de sus sueños ya que les tocará quedarse en casa. Por las que les costará ser jefa de su propia empresa.
Porque siempre ha habido hombres que creen que mandan mejor que ellas. Por las que nos dejamos la garganta para vencer el silencio cada día. Por las que nos enseñaron a gritar. Por las que gritan. Por las que gritarán. Para que nunca caiga en el olvido. Para que algún día dejemos de luchar y empecemos a celebrar. Hoy y siempre va por nosotras. Todos los días es 8M.


