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El nuevo Vietnam

Un conflicto actual que recuerda demasiado a lo visto en el pasado

La historia tiene esa particularidad que parece hacer que se repita incluso conociéndola de antemano. El conflicto en Medio Oriente iniciado por la Administración Trump parece ser una nueva Guerra Fría; e Irán es su nuevo Vietnam. 

El fantasma de Vietnam

Llevamos ya dos meses con un conflicto en Irán que sigue el rastro de crispación que se asentó en Oriente Medio. Lo peor de este conflicto no parecen ser las bajas, las cuales ya empiezan a parecer únicamente números, sino la ausencia de movimiento en el tablero de juego. Irán parece haber adoptado una posición defensiva que Estados Unidos no quiere —o no puede— mermar. Y es que por muchos mensajes que Trump lance en tono amenazante por redes sociales, es difícil no ver que Irán va pisando con más seguridad en esta disputa.

Esto podría significar un punto de inflexión en un gobierno «trumpista» que ya se está viendo mermado en popularidad. Demasiados frentes para una Administración que no esta siendo capaz de contentar a la mayoría de los votantes en las encuestas. A la dudosa situación de la economía norteamericana, los escándalos del caso Epstein o al polémico grupo paramilitar del ICE se suma ahora el descontento generalizado por la guerra con Irán en la ciudadanía estadounidense. Una guerra que muchos americanos señalan como «innecesaria» y donde, además, EE.UU. no cuenta con el papel de favorito.

Esta situación puede parecer un hecho inédito en la historia reciente de Estados Unidos, e incluso podríamos pensar que esto podría ser un cambio en la historia hegemónica del país yankee. Pero la realidad es que toda esta situación es muy similar a un conflicto pasado que todos conocemos: Vietnam.

Más similitudes que diferencias

La guerra de Vietnam fue una de las más importantes durante la Guerra Fría. No solo supuso la consolidación del comunismo en el este de Asia continental, sino que fue la primera gran derrota de los Estados Unidos en un conflicto armado.

En pleno 1975, esto supuso un soplo de aire fresco en el bloque comunista y un ejemplo de que EE.UU. no era un enemigo invencible. Actualmente la guerra de Irán parece ir encaminada a ser esa nación rebelde y difícil de someter que actúe como la piedra en el zapato de Estados Unidos. La batalla por el control del orden mundial ha pasado de EE.UU.-URSS a EE.UU.-China; y aunque China no esté involucrada en la defensa de Irán como la Unión Soviética sí lo estuvo en Vietnam, es evidente que esta situación les beneficia.

Oriente Medio —que hasta ahora había sido el «patio de recreo» de las intervenciones militares estadounidenses de la mano de Israel— puede ver esta resistencia iraní como un antes y un después en su geopolítica, al acercarse a un bloque contrario al liderado por Trump. Este es el principal valor que puede tener la guerra de Irán: suponer un halo de esperanza para los contrarios al dominio estadounidense en la región. Una prueba fehaciente de que las regiones no occidentales no se encuentran obligadas a obedecer los intereses de la órbita de la OTAN.

No existen invencibles

Esto también supone una estocada en el orgullo militar de EE. UU., especialmente desde el regreso de Trump a la Casa Blanca. Las operaciones en Venezuela o Nigeria de manera directa, o el genocidio en Palestina con su apoyo a Israel, habían resultado hasta el momento muy exitosas y lucrativas para los Estados Unidos. El conflicto de Irán es (con permiso de Ucrania) el primer conflicto que se le «atraganta» a los norteamericanos y que pone en evidencia su incapacidad como la policía del mundo.

Sin esta capacidad de situarse como un guía indiscutible del mundo occidental, Estados Unidos peligra en su hegemonía. Es casi imposible mantener un pseudoimperio neocolonial si no eres capaz de superar al primer país importante que se cruce en tu camino. No pueden ceder un centímetro de terreno, porque saben que un desliz en este momento, cuando la economía americana está más rivalizada que nunca, puede suponer perder a largo plazo.

La guerra no tiene apoyos

Estados Unidos ha perdido su apoyo casi total por parte de sus más fieles aliados. Desde la Unión Europea se ha ido consolidando cada vez más un rechazo al conflicto, impulsado por iniciativa de países como España. Estados Unidos se ha refugiado en un pariente problemático con Israel para ser su aliado, mientras que intenta incluir actores secundarios como Argentina o El Salvador que poco tienen que poner sobre la mesa. Este aislamiento estadounidense no está siendo bien recibido por los propios americanos; prueba de ello es la caída de popularidad de Trump en encuestas recientes.

Uno de los mayores indicadores de esto es el creciente rechazo de los estadounidenses hacia Israel. Un país que históricamente había apoyado ampliamente al Estado hebreo ve ahora cómo un 60 % de los ciudadanos tienen una opinión desfavorable —un 80 % si son demócratas—, según el Pew Research Center.

El conflicto de Palestina y la innecesaria guerra contra Irán parecen estar revolviendo conciencias igual que lo hizo Vietnam y los crímenes de guerra en los 70. El movimiento propalestino y el hippie no son iguales, pero ambos comparten un rechazo a la guerra y promueven un mundo más justo. Además, identifican un enemigo común: Estados Unidos y quienes les ríen las gracias.

Las diferencias son claras

Estados Unidos no ha llevado todavía una estrategia de invasión a gran escala del Estado persa, como sí intentó en Vietnam, pero a nadie le sorprendería que pudiese pasar en un futuro próximo. Las próximas elecciones a mitad de mandato supondrán un punto clave en este conflicto: bien porque Trump verá carta blanca para atacar Irán a gran escala o porque no cuente con el apoyo para hacerlo. De igual manera, Irán parece dispuesto a continuar con su resistencia hasta donde sea necesario independientemente de lo que pase, igual que determinados batallones del sudeste asiático.

Por otro lado, el contexto es radicalmente distinto. Estados Unidos no es tan líder como lo era antaño; el gigante chino se asoma. Y en el miedo americano de perder su hegemonía está el error. Al igual que en Vietnam, la posible invasión de Irán parecía demasiado fácil. El cierre del estrecho de Ormuz era algo que nadie en la Casa Blanca se esperaba. La ausencia de capacidad de respuesta ha llevado a una crisis petrolera de la cual Trump no se responsabiliza y que Irán parece no tener prisa por solucionar.

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