El caso del presidente del Real Madrid: la viva imagen del poder económico
Morir de éxito es el deseo de los egos frágiles, que ven con dolor cómo nunca se termina de consumar su hazaña. Florentino Pérez es uno de esos casos; lanza un órdago a medias, repite a conciencia que saldrá airoso y, a fin de cuentas, no sabe cómo le saldrá la jugada. El que ama invertir, también ama el riesgo.
Aún así, por el camino, ha dejado una serie de frases que trascienden muy lejos del deporte. Es más, muestran la cara agresiva del poder. «Floren» ha dejado claro que, con sus millones, puede decir lo que le dé la gana. Total, todo el mundo —y la prensa— lo tomará a guasa.
Que la lengua del presidente del Real Madrid es más bien suelta ya era conocido. Hace años ya se destaparon audios que atestiguaban su mal carácter. Audios que, por cierto, una jueza prohibió difundir. En ellos se despachaba con una insólita —y desagradable— verborrea hacia jugadores y entrenadores. Reconocía también ese día que se codeaba (o más bien, manejaba) a ciertos sectores de la comunicación, y todo sin consecuencias.
La rueda de prensa en Valdebebas fue, sin embargo, distinta de lo que acostumbra a hacer el directivo de ACS y presidente del club. Desde 2015 sin comparecer ante los medios, y ahora parece dar una exquisita lección de comedia rancia para quienes la disfruten y palmean. Florentino Pérez se tiró de boca a la piscina del machismo. Y a la del racismo, también. Y todo con el fondo de dinero que le permite, además de lo anterior, tirarse a la del desprecio a los periodistas y su oficio.
Cumplir todos los tópicos casposos de una persona muy rica y muy española en una hora y sin remilgos es una tarea ardua. Hay que reconocerle a Florentino Pérez el esfuerzo de retirarse la careta de la diplomacia. 2026, y uno de los hombres más ricos del Estado español hace lo que se le espera, plasmar la cosmovisión de su clase social.
Para él, los auténticos valores siguen siendo regalar el fútbol a los pobres negros de África. Paternalismo occidental donde los haya. Importante, hay que dejar hablar a las niñas guapas, que aquí los machos son todos feos. Porque no hay mejor negocio que el que se articula a base de frases de barra de bar. No nos olvidemos, esas niñas guapas no saben de fútbol. Hay que dejarles hablar, pero no en el ABC, y menos en una sección de deportes.
Por si fuese poco, hay que relanzar la hombría retando a Enrique Riquelme a desbancarlo de su puesto como «mejor presidente de la historia del Real Madrid». No hay nada que frene a la testosterona de un millonario con el ego herido. Esa forma de retar tan española como un «no hay huevos» es definitoria.
Esa forma de quitar hierro a las peleas en los vestuarios, como si la violencia fuese un asunto intrínsecamente masculino. Porque eso encarna Florentino Pérez: el espíritu burgués español, el espíritu de hacer lo que le apetece, cuando le apetece, en silencio o gritándolo. Con un buen colchón, con el poder de silenciar si no le gusta lo que se le critica y sin reparo moral.
Mientras la prensa siga riéndole las bromas, asumiendo que ese es un comportamiento normal en el mundo deportivo y permita replicar en el tiempo a la oscura figura de Jesús Gil; con otros nombres, pero con los mismos gestos de soberbia, el futuro deportivo del Estado español seguirá siendo el que decida el cártel de millonarios adjudicatarios —irregulares, a veces— de obra pública, autores de pelotazos y mercaderes del fútbol comercial, que no del fútbol. Son dos conceptos distintos, y hay que recuperar el fútbol de sus manos.


