El mes de la vuelta a la rutina
A pocos días de que comience septiembre, empezamos a notar cómo cambia el ritmo. Aunque el año comienza oficialmente en enero, septiembre tiene algo de nuevos comienzos: vuelven las clases, el trabajo, los horarios y las rutinas que dejamos en pausa durante el verano. También aparecen nuevas agendas, propósitos y esa sensación de que podemos empezar de nuevo. Sin darnos cuenta, septiembre se convierte, para muchos, en una especie de «segundo Año Nuevo».
Durante julio y agosto parece que todo funciona de otra manera. Los días son más largos, los horarios se relajan y los planes surgen con más facilidad. Pero cuando septiembre se acerca, empezamos a pensar en volver a organizarnos y recuperar una rutina. ¿No tenemos todos esa sensación de que, aunque el año lleve ya ocho meses, algo empieza de nuevo cuando llega septiembre?
Aunque enero sea el mes que oficialmente representa un nuevo comienzo, septiembre tiene algo que lo hace especial. Es un mes de transición. No empezamos un año, pero sí una nueva etapa. Para muchas personas significa volver a estudiar, empezar un curso, regresar al trabajo o retomar proyectos que habían quedado aparcados durante el verano.
También es habitual que septiembre venga acompañado de pequeños propósitos. Comprar una agenda, apuntarse al gimnasio, empezar un libro o intentar llevar una rutina más organizada. Son cosas sencillas, pero ayudan a generar la sensación de que estamos empezando de cero. Quizá por eso septiembre se parece tanto a enero. Ambos meses están llenos de listas y de planes sobre la persona que queremos ser. La diferencia es que septiembre llega después de un verano que, para algunos privilegiados, ha supuesto una pausa de nuestras obligaciones.
La ilusión de empezar de nuevo
Parte del encanto de septiembre está en esa posibilidad de volver a empezar. No hace falta que haya ocurrido nada extraordinario para sentir que podemos hacer las cosas de otra manera. Un nuevo horario —o una nueva etapa— pueden ser suficientes para recuperar cierta motivación.
Las redes sociales también han contribuido a crear esta idea. Cada septiembre aparecen vídeos sobre organización, vuelta a clase, nuevas rutinas, agendas y objetivos. Las papelerías se llenan de productos para empezar el curso y las plataformas se llenan de contenido sobre cómo volver a ser productivos. ¿No os parece que septiembre viene acompañado de un manual sobre cómo empezar bien?
Sin embargo, esta ilusión también puede convertirse en presión. Septiembre no tiene por qué ser el mes en el que cambiemos nuestra vida. No hace falta empezar cinco hábitos nuevos ni cumplir todos los objetivos que nos hemos propuesto durante el verano. Volver a la rutina —o continuar con ella— ya puede ser suficiente.
No todo tiene que cambiar
La idea de empezar de nuevo puede ser bonita, pero también puede hacernos pensar que tenemos que convertirnos en una versión completamente distinta de nosotros mismos. Como si después del verano hubiera que volver con más energía, más organización y más ganas de hacer cosas.
La realidad es mucho más sencilla: podemos volver cansados, podemos no tener nuevos propósitos, podemos mantener las mismas rutinas que ya funcionaban. Incluso podemos sentir que no queremos empezar nada nuevo. ¿Y si este septiembre no queremos cambiar nada? Querer continuar con lo que ya conocemos no nos convierte en personas menos productivas, ni tenemos que tener la sensación de que estamos estancados. No todo tiene que convertirse en un nuevo propósito, una nueva rutina o una nueva versión de nosotros mismos. Mantener aquello que ya funciona no nos hace menos productivos ni significa que estemos estancados. A veces, simplemente, no necesitamos cambiar.
Quizá por eso septiembre se siente como un Año Nuevo aunque no lo sea. No necesitamos cambiar de año para sentir que comienza una etapa diferente. A veces basta con cambiar de estación, volver a una rutina o abrir una agenda nueva. El verdadero valor de septiembre puede estar precisamente ahí: en permitirnos empezar de nuevo sin exigirnos hacerlo todo diferente. Después de un verano de cambios y desconexión, volver a lo cotidiano también puede tener algo especial.
Al final, enero tendrá el título oficial de comienzo de año, pero el mes que va a empezar tiene su propio comienzo. Uno más tranquilo y cercano, ligado a la vuelta a clase, al trabajo, a los proyectos y a las pequeñas ganas de ordenar nuestra vida.


