El PP gana las elecciones del domingo en una votación que deja al PSOE débil gracias al auge de la España vaciada, a Ciudadanos desaparecido y a Podemos de cuerpo presente. La extrema derecha sube hasta los 13 diputados y será la única razón para la continuidad de Mañueco.
La jornada electoral
Este domingo 2.094.490 castellanoleoneses estaban llamados a un total de 4.531 mesas de votación. Desde la disolución de las cortes y la convocatoria de elecciones, la escala de tensión política y el juego de mesa de las diferentes formaciones no paraba de aumentar. Preocupa, y mucho, la falta de participación, denotando la apatía política de un pueblo exhausto. Mientras que en las elecciones de mayo de 2019, en las que se impuso el PSOE sin poder gobernar, la participación fue del 70,71%, en esta ocasión ha caído hasta el 63,95%.
El error Mañueco
En el momento en el que el presidente de la junta decide apuñalar a sus socios de gobierno y adelantar las elecciones, lo hace creyendo que la fuerza del electorado popular aún sigue viva. Mañueco intentó ser Ayuso y no ha llegado ni a Aznar. ¿Cuál es el problema? Que el electorado conoce ya demasiado bien al presidente. Díaz Ayuso, en cambio, era la nueva cara del PP: una mujer directa, rotunda y carismática, mientras que Mañueco es el mismo rostro pétreo que lleva 38 años viviendo del PP.

Mañueco intentaba gobernar en solitario, y sacrificó a Igea con ese propósito. El asesinato de Ciudadanos le iba a servir para absorber a su electorado, pero no contaba con el factor Vox. En 2019, con una victoria electoral del PSOE, Francisco Igea decidió darle la llave de un gobierno al PP. Ese gobierno consiguió ciertas cosas, como la gestión de la pandemia, de la que Mañueco se vanagloria, aunque las competencias sanitarias fueran de Ciudadanos. Así que, sí, en su intento por sentirse Ayuso, el presidente deja de gobernar con el centro para dejarle esa llave a la extrema derecha. Su traición no ha valido de nada.
El factor Vox
El partido del, hasta hace dos meses desconocido, candidato Juan García-Gallardo sabía que si lo daba todo en estas elecciones podía conseguir su objetivo. Ante la falta de carisma del candidato burgalés, la cúpula al completo se desplazó para hacerle los deberes: Buxadé, Olona, Ortega-Smith, Espinosa de los Monteros y Santiago Abascal lo dieron todo para absorber los votos del cadáver electoral de Igea.

El modus operandi de Vox es ciertamente curioso, pese a que Abascal es su líder indiscutible, conocemos muchos líderes dentro de la formación, el liderazgo está repartido. ¿Qué busca esto? Que el elector sea más fiel: si votas a García-Gallardo no hay certeza de que votes después a Abascal, pero si lo que votas es a Vox, ya han conseguido su objetivo. Esa identificación del votante con el partido es lo que amenaza al PP.
A día de hoy, Vox tiene la llave de la gobernabilidad de Castilla y León. Estos 13 diputados hacen que sea el único claro ganador. Estas elecciones, orquestadas unicamente por Mañueco, han supuesto una bandeja de plata para que Vox dé un golpe en la mesa.
La España vaciada
Llevamos ya muchos años contando con la presencia de partidos regionalistas en la política central (ERC, Bildu, PNV, PDeCAT, BNG, CUP, etc.), pero el movimiento localista ha hecho especial mella esta vez en Castilla y León. UPL, Por Ávila y Soria ¡Ya!, marcan el interés de la ciudadanía por romper el centralismo. Es especialmente reseñable la irrupción del partido soriano, aglutinando el 42,3% del voto total de la provincia.

El mayor damnificado de este auge de los “localismos” es el PSOE de Luis Tudanca, que está separado de Mañueco por tan solo 16 mil votos, pero que se traducen en 3 escaños. Soria ¡Ya! le ha robado un escaño al partido popular y dos al socialista. En la provincia de León, el PP mantiene el resultado de 2019, mientras que el PSOE deja escapar 2 escaños que van a parar a Unión del Pueblo Leonés (UPL). El auge de la España vaciada ha conseguido fragmentar aún más la oposición a Mañueco.
Un grupo de vencidos
Luis Tudanca, el candidato del PSOE, venía a estas elecciones sabiendo que mucho había cambiado desde que las ganó en 2019. El descontento con Fernández Mañueco seguía existiendo, pero también con el presidente Pedro Sánchez. Conscientes de este factor, los populares han llevado a cabo una campaña electoral, no contra Luis Tudanca y su proyecto para Castilla y León, sino contra el gobierno de España. Consiguiendo transmutar la lucha Mañueco-Tudanca a un escenario en clave nacional PP-PSOE (Casado-Sánchez).
En un discurso posterior al recuento, el líder socialista, visiblemente afectado, dejó entrever la posibilidad de su dimisión. «El PSOE y yo no hemos conseguido el objetivo, ganar y cambiar el rumbo de las políticas después de 35 años del PP» confesó Tudanca para, acto seguido, pronunciar una especie de despedida: «Otros vendrán que harán más y lograrán que el cambio llegue a esta tierra, porque esta tierra lo merece».

Pablo Fernández, candidato de Unidas Podemos, ha conseguido tan solo un procurador en las cortes. La división en circunscripciones deja a UP con 61 mil votos, de los cuales solo 18 mil han valido para conseguir un escaño por Valladolid. El líder de la formación ha admitido que «no son unos buenos resultados y tenemos que hacer una profunda reflexión» y también acusa al PP de Mañueco de «abrir las puertas a la ultraderecha» en Castilla y León.

Por otra parte, el ex vicepresidente Francisco Igea logra un escaño en la cámara después del duro golpe que Alfonso Fernández Mañueco le asestó a su formación. Ha compadecido, acompañado de la exconsejera de salud Verónica Casado, para reconocer su derrota «hoy no tenemos nada que celebrar» y arremeter contra su antiguo socio de gobierno: «si esto es todo lo que tiene que ofrecer el Partido Popular a todos los españoles, apañados estamos».

Y ahora, ¿qué?
La viabilidad del gobierno de Alfonso Fernández Mañueco está en el aire. Esta misma mañana el presidente del PP, Pablo Casado, ha descartado un posible pacto con Vox. Con la simpatía de los partidos localistas solo sería necesaria la abstención de la extrema derecha. Esta postura también es refrendada por el número dos del PP nacional, Teodoro García Egea, que proclamó esta mañana que “los Gobiernos de coalición no han traído más estabilidad y prosperidad a España, sino todo lo contrario”. Al mismo tiempo, Fernández Mañueco, en otro de sus “pulsitos” al PP central, afirmaba: “No descarto nada. Yo lo dije bien claro: no hay líneas rojas, tenemos que hablar de programa”
Ahí, es donde nos dejan estas elecciones, en la incertidumbre de si el candidato popular decidirá buscar un pacto sosegado para formar gobierno o se lanzará al abrazo chantajista de la extrema derecha que, tal y como ha dicho García Gallardo: “que el PP pierda toda la esperanza de que vamos a regalar nuestros votos”. Amanece hoy en Castilla y León como un día más de los últimos 35 años, el Partido popular (antes Alianza Popular) vuelve a mantenerse en el poder. La única esperanza es que no pasará mucho tiempo para volver a encontrarnos en las urnas, hasta entonces solo queda sentarse y esperar a que amaine el temporal.

