El verdadero precio de estar a la moda

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La industria del fast fashion ha sido declarada emergencia medioambiental por especialistas de la ONU

¿Sabías que se necesitan unos 2.700 litros de agua para crear tan solo una camiseta de algodón? Se trata de la misma cantidad que consume, aproximadamente, una persona en 2 años y medio. Este es uno de los grandes costes que conlleva el uso compulsivo del fast fashion, producto de nuestra obsesión social por estar en tendencia. La moda sostenible es un fenómeno que trata de combatir los efectos negativos de la también conocida como “moda rápida”. Lo hace a través de la fabricación de prendas de forma responsable.

Los seres humanos somos los únicos componentes de la naturaleza generadores de residuos. Hemos creado y contribuido al auge del fast fashion, que se podría definir como una forma de producción y consumo masivo que aumenta a la misma velocidad a la que van mudando las tendencias. La “moda rápida” ofrece a los consumidores cambios constantes de colecciones según estas preferencias momentáneas y, además, a bajos precios. De esta forma alientan a comprar y desechar ropa continuamente, basando su ejercicio en el patrón lineal de extracción-producción-consumo-desperdicio.

La cantidad de recursos que se dedican a la fabricación de prendas y los residuos que se generan debido a su desuso son incalculables. Mayoritariamente, su impacto ambiental se asocia con las aguas residuales que genera y su carga química, el consumo de agua y energía, los residuos sólidos, y las emisiones contaminantes a la atmósfera.

Según la revista Cultura Científica, la industria de la moda conlleva entre el 8 y 10% de las emisiones globales de CO2, el 20% de la contaminación industrial de agua, más de un tercio de la acumulación de microplásticos en los océanos, y una gran cantidad de desechos textiles que acaban en vertederos o incinerados (incluida ropa que no se llega a vender). Además, el 40% de la ropa que compramos no llegamos a usarla.

No obstante, también es importante atender a su impacto económico y social. Muchas empresas que se dedican a esta industria intentan contratar al menor número de gente posible y deslocalizar la producción. Es decir, desplazan sus fabricas a países donde la mano de obra es más barata. Así, obtienen precios competitivos en la industria, pero ocasiona que los operarios sufran de explotación, inseguridad e insalubridad laboral.

Por todo esto, y en contraposición a la “moda rápida”, en 2007 nace el concepto de Slow Fashion. Se trata de una corriente de pensamiento, fabricación y uso de prendas. Sus principales criterios de valor son dañar lo menos posible el medio ambiente, garantizar los derechos laborales e instaurar una economía circular.

En qué se basa la economía circular

La economía circular es un nuevo sistema económico y social que se asienta en el concepto de las 7RS: reciclar, rediseñar, reducir, reutilizar, reparar, renovar, y recuperar. De esta manera alarga la vida útil de las prendas, constituyendo una alternativa sostenible al modelo lineal de la fast fashion mencionado anteriormente.

La Unión Europea presentó en 2020 el nuevo Plan de acción Para la Economía Circular con el objetivo de fomentar la sostenibilidad. Se trata de uno de los principales elementos del Pacto Verde Europeo, que trata de establecer un camino directo hacia una economía circular. Esta resulta indispensable para conseguir el objetivo de neutralidad climática para 2050. Además, se tiene en cuenta que este plan de producción y consumo dará lugar a beneficios económicos, como el crecimiento del PIB y creación de puestos de trabajo.

Jan Huitema, ponente de la comisión de Medioambiente sobre el Plan de Acción para la Economía Circular, advirtió que “para que la economía circular tenga éxito, deben garantizarse los principios de circularidad en todas las etapas de la cadena de valor. Desde la concepción a la producción, hasta llegar al consumidor”. Por esta razón, la moda sostenible es muy cuidadosa con los criterios de este modelo circular.

Para la creación de una prenda basada en la sostenibilidad es necesaria la creación de un diseño que intente aprovechar lo máximo posible el tejido, evitándose así desperdicios. También es posible a través del upcycling el aprovechamiento de materiales reciclables (prendas antiguas). Una vez hecho el diseño, prosigue la elección de los tejidos, cuya base material deberían ser fibras naturales, compostables, o pieles de curtición vegetal. Además, los estampados deben estar libres de tóxicos, y los tintes ser biodegradables con base de agua. Por último, el embalaje utilizado es reciclable o reutilizable.

Un elemento importante a tener en cuenta es que las marcas sostenibles suelen realizar la fabricación en el mismo país en el que se distribuye. De esta manera, se evita la deslocalización de la producción, impidiendo el abuso de los trabajadores en países del tercer mundo y la contaminación generada por el transporte que supondría llevar la producción al lugar de venta.

Si todos estos criterios se respetan, la ONU explica que la economía circular tendría la potencialidad como para «reducir hasta un 99% las emisiones y desechos industriales en algunos sectores».

Pero, ¿Qué podemos hacer nosotros?

El consumidor tiene en su mano poner la guinda al pastel. Una vez sabido los efectos negativos que el fast fashion conlleva, nuestro trabajo sería concienciarnos de la gravedad del asunto y cambiar el chip. Llegar a la conclusión lógica de que es el momento de cambiar nuestra forma de producción y consumo: poner fin a la cultura del desperdicio. Las claves serían comprar lo necesario, cuidar la ropa para que tengan más vida en nuestro armario y reciclar la que ya no utilicemos.

Lo que la moda sostenible pretende es algo complicado y que llevaría bastante tiempo. Hacer que el ser humano cambie su estilo de vida y se adapte a otro, teniendo en cuenta el bombardeo constante de la publicidad que la industria textil hace del fast fashion, no es tarea fácil. Hoy en día, la moda se ha convertido en una forma de expresión de la que nosotros mismos nos hemos hecho dependientes.

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