La directora del diario Público, con más de quince años de experiencia en la dirección estratégica de medios, lleva al frente del medio desde diciembre de 2019, tras aterrizar tres años antes como directora adjunta
Virginia Pérez ha tenido que hacer frente a algunos de los momentos más difíciles del periódico: la pandemia, un ciberataque a su infraestructura tecnológica o el cese de uno de sus colaboradores estrella, Juan Carlos Monedero. Especializada en la transformación digital, hablamos con ella sobre el nuevo paradigma que afronta el periodismo con la actual tendencia desinformativa y la llegada de la inteligencia artificial.
Pregunta: Cuando buscas en Google su periódico nos aparece «diario Público, el medio progresista». ¿Qué entiende público por una línea editorial progresista y qué lo diferencia de otros medios similares como pueden ser elDiario.es o El Plural?
Respuesta: Público es un medio progresista, también lo son los medios que has mencionado, pero Público yo creo que lo que más le define es que es un medio muy batallador, muy peleón. Es un medio muy incómodo, al final genera incomodidades casi entre todo el mundo, entre todos los partidos políticos. O sea no es un medio que tenga afinidad con un partido u otro. Al final es un medio que lo que defiende son los derechos humanos, el feminismo, la memoria democrática y lo hace caiga quien caiga. Esto genera muchas molestias en muchos entornos y esto no lo pueden decir todos los periódicos.
P.: Recientemente se ha celebrado el 8M. Público, como ustedes mismos dicen, es un medio que, a través del periodismo, defiende una sociedad feminista. Un nombre que estuvo muy presente en esta manifestación es el de Juan Carlos Monedero, excolaborador de Público. Tras conocerse diferentes acusaciones por comportamientos machistas, se cesó su colaboración con este periódico. ¿Cómo impactó esta noticia en Público y cómo se gestionó el cese de dicha colaboración?
R.: Nos dejó bastante impactados a todos, la verdad. Siempre son situaciones muy desagradables y no son fáciles de gestionar nunca. Yo no voy a contar cómo se gestó todo eso por respeto también al propio Juan Carlos Monedero. Sí te puedo decir que no fue una decisión fácil suspender esa colaboración, pero que tampoco nos tiembla la mano a la hora de hacerlo. Lo mismo que nos ha sucedido anteriormente con gente como Boaventura de Sousa Santos, que es un pensador también muy vinculado a la izquierda y que fue acusado de abusos en el entorno universitario, o con otro tipo de abusos como los del profesor Vicenç Navarro que fueron más bien laborales. Lo importante es que nosotras tenemos claro lo que tenemos que hacer y que actuamos en consecuencia. Al final, son decisiones difíciles, pero son decisiones que tenemos que tomar si queremos ser coherentes con nuestra propia línea editorial y con nuestros planteamientos.
P.: ¿Crees que el discurso de la izquierda feminista se ha visto en entredicho después de que se conozcan estas noticias y otras similares como la de Errejón?
R.: Yo creo que no. Otra cosa es que haya muchos intereses en poner en entredicho ese discurso. Siempre ha habido intereses en cuestionar las políticas y el pensamiento feminista. Es lógico porque, al final, lo que hace el feminismo es cuestionar los privilegios masculinos. Cuando a uno le están intentando quitar sus privilegios, pues se revuelve e intenta combatirlo de distintas maneras. Pero que haya personas cuyas actuaciones no se correspondan con lo que predican sus partidos políticos no significa que ese predicamento sea incorrecto. Es lo mismo que si alguien promoviera, voy a poner un ejemplo bobo, una pena por asesinato y luego cometiera un asesinato. Es como si dijéramos: «Ah, bueno, esto invalida las penas por asesinato». No, no invalida nada, es que estos señores han actuado de esta manera. No podemos olvidar también que, al final, vivimos en una sociedad patriarcal, esto lleva siendo así desde hace miles de años, es algo histórico. Deshacernos de todas estas querencias heteropatriarcales y machistas no es nada fácil ni para los hombres ni para muchas mujeres. Creo que vamos a tener que convivir durante muchos años con situaciones tan contradictorias como estas. Pero esto se produce porque estamos en un cambio de paradigma, y lo importante es que se esté produciendo ese cambio. Dentro de eso, habrá gente que se comporte de unas maneras o de otras y habrá que actuar en consecuencia.
P.: Público tiene más audiencia que Libertad Digital, pero recibe diez veces menos en publicidad institucional de la Comunidad de Madrid. ¿Cómo repercute esto en Público?
R.: Repercute muy mal, en el sentido de que, al final, lo tenemos mucho más difícil. Mantener económicamente un medio como este no es nada sencillo. Precisamente por ser un medio muy independiente, muy crítico y que no se calla casi nada, no todos los anunciantes quieren poner publicidad en el periódico. Tampoco tiene una base de suscriptores que le permita vivir a día de hoy solo de las suscripciones. Y la publicidad institucional, en mi opinión, no debería ser la única vía de sustentación de un medio de comunicación. Nunca debería serlo, pero desde luego es dinero público, es dinero de todos. Lo que parece inconcebible es que este tipo de publicidad vaya solo a un tipo de medios que además se caracterizan por su ideología ultra, pero nunca llegue a otros medios. A los medios que, además, cumplimos las leyes, la ley de igualdad, el código deontológico y que somos medios que llevamos la ética periodística por bandera. Sin embargo, ese dinero que es de todos va solo a medios que alimentan una ideología ultra y muchas veces a base de mentiras y manipulación.
P.: En un momento tan polarizado como el actual, en el que, por ejemplo, las redes sociales se han visto inmersas en una vertiente de desinformación y que a su vez tienen cada vez más importancia en el acceso a esa información, ¿cómo puede un medio como Público frenar esta tendencia desinformativa?
R.: Pues haciendo bien las cosas. Al final los medios somos también un filtro de lo que se publica en otros sitios. Yo siempre tengo una máxima que es dudar de todo, de todo lo que llega hay que dudar. Hay que hacer el trabajo y las diligencias periodísticas para poder llegar a la conclusión de que es algo publicable o no. Ya solo haciendo esas diligencias es difícil caer en la desinformación. Otra cosa es cómo todo esto nos termina salpicando, porque al final no es que salpique solo a Público, salpica al sector en general, a la profesión periodística. Nos desprestigia también a los periodistas muchas veces, aunque no seamos nosotros quienes promovemos esa desinformación. Yo creo que la mejor forma de actuar desde un medio de comunicación frente a la desinformación es no desinformar, es decir, informar de una forma rigurosa. Hacer todas las diligencias informativas, llevar la ética periodística y la deontología por bandera y, sobre todo, ser muy transparentes. Nosotros, en Público, a veces nos equivocamos, somos personas, somos humanos y, como todos, nos podemos equivocar. Pero cada vez que modificamos una información, sea para ampliarla, sea porque ha habido un matiz, sea porque hemos accedido a más información después de haber publicado esa noticia, se pone un pie de página con una nota diciendo: «Esta información ha sido modificada por este motivo». Eso se llama transparencia. ¿Va a algún sitio? Yo quiero creer que sí, quiero creer que la gente que nos lee, al final, esto le merece una mayor confianza. Saben que no les vamos a dar gato por liebre, que no vamos a cambiar un titular sin avisar.
P.: Nos encontramos en un momento de muchos cambios en nuestro gremio y uno de ellos es la llegada de la inteligencia artificial. ¿Se ha planteado Público el uso de esta herramienta en la redacción? ¿Crees que es compatible usarla y a la vez realizar un periodismo riguroso y de calidad?
R.: Creo que las nuevas tecnologías, en general, han venido para facilitarnos la vida. Ahora, lo que hay que tener mucho cuidado y estar muy vigilantes es con cómo se utilizan esas tecnologías y si se usan para el bien o para el mal. Para mí sería utilísimo, y yo he pedido que lo hagamos y no sé cuánto tiempo nos llevará desarrollarlo, meter una capa de inteligencia artificial para poder volcar todo nuestro libro de estilo. De forma que cuando tú redactas una información le pases esa capa y automáticamente te diga: «En Público esto va en mayúscula, esto va en cursiva, esto se escribe de esta manera, escribimos Irak con q´ o con `k´»… Este tipo de cosas, que parecen una bobada, facilitan muchísimo el trabajo y permite que el medio tenga una mayor calidad. Yo creo que la inteligencia artificial hay que utilizarla para cosas que, además, en medios que son pequeños puede suponer ahorrar un montón de procesos y, por tanto, un ahorro de costes y una mejora del resultado. Ahora bien, ¿debemos utilizar la inteligencia artificial para redactar informaciones o para crear imágenes o viñetas, por ejemplo? En mi opinión no. Eso es un trabajo que tiene que ser hecho por periodistas, de forma artesana, como siempre se ha hecho. Habrá medios que decidan redactar informaciones con inteligencia artificial, ellos sabrán. Yo lo que demando como consumidora y como lectora es que me informen de cuándo lo están haciendo. Es decir, que si yo llego una información quiero saber si está redactada con inteligencia artificial o por una persona, y yo decidiré lo que quiero leer. Ese ejercicio de transparencia, llegados a este punto, sí que es fundamental.

