¿Dónde y cuándo nacieron las croquetas?
La croqueta llegó a península hasta finales del siglo XIX. Este aperitivo surgió en Francia y, aunque son muchas las teorías del origen de las croquetas, la más extendida es que se inventaron en 1817. Fue un cocinero llamado Antoine Cámere, pionero de la alta cocina que tuvo la inspiración de recubrir la salsa bechamel con una capa crujiente. Le sirvió en una cena para el archiduque de Rusia unas croquettes a la royale.
La croqueta francesa original (croquette) era más dura que la que conocemos hoy en día. Cada país ha ido adaptando la receta a sus costumbres, y es común encontrar por Europa las croquettes que se consiguen machacando, rebozando patata y sin la bechamel. El término croqueta, se atribuye de la onomatopeya croc o de croquer, que en francés significa crujir, y de ahí, croquette.
Por su parte, los orígenes de las croquetas en España se remontan a la época del afrancesamiento. Esto se debe a que, tras la independencia, se adoptaron y adaptaron muchas costumbres francesas, incluyendo ciertas recetas y partes de la gastronomía.
Como muchos otros platos típicos, el propósito del origen de las croquetas era aprovechar las sobras de alimentos como jamón, pollo o cocido. Estos ingredientes se mezclaban con bechamel para crear una masa cremosa que se rebozaba y freía hasta obtener un exterior dorado y crujiente.

Entre los sabores de las croquetas, las de jamón siempre han sido las favoritas de los españoles, seguidas de las de boletus y las de bacalao. Hoy en día, se pueden encontrar una gran variedad de todos los sabores: queso azul, veganas, dulces, tofu, sardinas, etc.
Sin embargo, más allá de los ingredientes, el verdadero secreto está en cómo se fríe. Se debe hacer en una freidora o sartén profunda para sumergir las croquetas en aceite y no tener que darle la vuelta. Otro secreto de las croquetas es la salsa bechamel. Tiene que ser ligera y cremosa.


