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“Si no tienes pasta no tienes derechos”: así se vivió desde dentro la manifestación por Maricarmen

La protesta que arrancó como una concentración terminó con cargas policiales cuando los manifestantes trataron de cortar el Paseo de la Castellana

La indignación está en boca de todos. Es una palabra que repiten constantemente los manifestantes que empiezan a llegar a las 19:00 al número 35 de la Calle General Martínez Campos (el famoso ‘Ático de Ayuso’). Ese mismo día, a las 13:00 la Policía Nacional había llevado a cabo la orden de la jueza Elena Cortina Blanco para desahuciar a Maricarmen, la mujer octogenaria y con problemas de movilidad que llevaba varios años luchando por quedarse en su vivienda. No fue posible. Mediante el uso de la violencia, las fuerzas de seguridad del estado desalojaron a los manifestantes que trataban de impedir que el desahucio se produjera.

Horas después, el Sindicato de Inquilinas hacía un llamamiento en redes para concentrarse en señal de repulsa a la expulsión de Maricarmen de su hogar. Cánticos contra la policía, Ayuso y el gobierno central se repitieron a lo largo de toda la jornada. Rápidamente los manifestantes tomaron la calzada frente al ático de forma tan sorpresiva que algunos coches quedaron atrapados entre la acera y los manifestantes. Junto a uno de esos vehículos parados, Luís, jubilado, contempla a un taxista que mira el teléfono móvil aparentemente ajeno a todo el bullicio que le rodea. “Me gustaría saludarle, pero creo que va a ser difícil”, explica el octogenario que había trabajado toda su vida como taxista.

Manifestación por el desahucio de Maricarmen | Imagen de David García Aguilera

“Es increíble que en una sociedad que presume de opulencia pasen estas cosas”, reflexiona Luís, que grita con los demás manifestantes frente a los agentes de policía. La mayoría de los asistentes rondan la veintena, aunque hay una gran variedad de edades. Más alejadas del centro de la protesta en el que se encuentran los coches atrapados están Marta y Marina, también jubiladas y vecinas del barrio de Chamartín. “Nos hemos ido de allí porque hacía mucho calor”, explican. Llevan allí desde las 19:00. “Está ciudad no tiene alma”, dice Marina al preguntarle por el caso de Maricarmen. “Para los fondos buitres solo importa la pasta; si no tienes pasta no tienes derechos” , concluye.

“Todos son culpables, el PSOE y el PP”

La tarde avanza y comienzan a sumarse cada vez más personas. En torno a las 20:00 la concentración se convierte en manifestación cuando la gente comienza a avanzar en dirección a la Castellana. “Todos son culpables, el PSOE y el PP”, dice tajantemente Mar, trabajadora de la universidad. “El gobierno central no puede lavarse las manos como si esto fuera solo cosa de Ayuso”, añade Eduardo, diseñador gráfico. Otros como Rafa, jubilado, culpan más directamente a la presidenta de la Comunidad de Madrid.“Es importante que la gente vaya a votar y que vote bien”, explica. Todos parecen estar de acuerdo en lo mismo: el caso de Maricarmen sienta un precedente peligroso.

Hace una temperatura de 30 grados a las 20:00 y el centro de la manifestación rezuma calor. Sin embargo, eso no impide que los manifestantes salten y griten mientras avanzan hacia el Paseo de la Castellana, una de las arterias principales de la ciudad. Al llegar a la intersección con la gran avenida, la marcha se topa con un cordón policial. Varias furgonetas y agentes con equipos de antidisturbios bloquean el paso para impedir que la manifestación corte la carretera. A las 21:15 alguien lanza lo que parece ser un petardo desde la multitud y en dirección a la policía. El proyectil pasa volando por encima de los vehículos policiales y explota con un sonido seco. Segundos después se escuchan explosiones similares en el otro lado de la calle y los antidisturbios que formaban el cordón policial salen corriendo en dirección a la Castellana.

Algunos manifestantes han conseguido burlar el bloqueo de la policía y varias decenas de ellos empiezan a ocupar la Castellana. A las 21:17 se escucha el primer disparo de la Policía Nacional seguido de otro justo a continuación. La gente comienza a retroceder rápidamente y abandonan completamente uno de los sentidos de la carretera. Poco a poco, mediante el uso de disparos de pelotas de goma, los antidisturbios consiguen hacer retroceder a los manifestantes de vuelta por la calle General Martínez Campos. En los minutos siguientes, la policía continúa haciendo retroceder a un ya más reducido grupo de personas. Finalmente la manifestación se termina disolviendo, aunque la indignación y la impotencia se han transformado en otra cosa para muchos de los asistentes, que ven con esperanza la enorme respuesta ciudadana ante el desahucio de Maricarmen.

Escrito por David García Aguilera

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