Retrasar el inicio de las clases podría mejorar el rendimiento académico
Dormir las horas necesarias es fundamental para mantener la concentración y asimilar nuevos conocimientos. Retrasar la hora de llegada a las escuelas e institutos favorecen el descanso y hacen afrontar las clases con mayor atención.
Este tema es de actual interés por lo que se han realizado estudios como el realizado por los investigadores de la Universidad de Washington y del Instituto Salk. Este estudio consiste que, aprovechando una iniciativa de la ciudad de Seattle, en 2017 se decidió retrasar la hora de entrada. Aquellos alumnos entraron a las 8.45 de la mañana en vez de a la hora habitual que son las 7.50h.
Comprobaron que consiguieron una mejora significativa en la duración del sueño de los alumnos. Retrasar casi 1h de entrada al instituto aumenta la cantidad de sueño diario y mejora el rendimiento académico. Con esto no solo se solo consigue la mejora del sueño, sino que contribuye a mejorar la puntualidad de los estudiantes y la asistencia a las aulas. Numerosas sociedades científicas, como la Academia Americana de Pediatría, sugieren desde hace tiempo modificar los horarios escolares.
Beneficios
Los beneficios de retrasar el inicio de las clases han sido evidentes para muchos estudiantes. Según Wahlstrom, el cambio en los horarios ha llevado a una mejora significativa en la dinámica familiar.
Muchos adolescentes están privados de forma crónica a la cantidad necesaria del descanso. El número de horas de sueño recomendadas durante esta etapa son nueve horas diarias. En el inicio de la pubertad los ritmos circadianos cambian, lo que hace que se vayan a dormir más tarde y sientan la necesidad de levantarse más tarde también.
También se ha observado una mejora en las calificaciones de los estudiantes. Además de la reducción en el consumo de drogas.

¿A favor o en contra?
La clave de este problema radica en la melatonina, una hormona que regula el ciclo del sueño. En los adolescentes el cerebro comienza a liberar melatonina más tarde que los alumnos. Esto hace que necesiten más horas de sueño pues se quedan dormidos más tarde.
Los beneficios son claros, por lo que los investigadores están a favor de este cambio. Esto pasa a ser un tema más logístico y familiar, pues las agendas familiares varían y se verían perjudicadas. Pero es probable que en un futuro, vistos los beneficios, ajusten los horarios escolares poco a poco.
Si es cierto, que la exposición a las pantallas no han hecho nada más que agravar la epidemia de privación del sueño entre los adolescentes. Estos aparatos emiten luz azul por lo que interfieren con el ritmo circadiano, que altera al sueño. Adaptar las horas de entrada a sus necesidades de sueño contribuiría a que afrontaran las clases con más energía.


