Desde qué hacer en los países donde es prevalente hasta reconocer los síntomas
Este martes, 25 de abril, se conmemora el Día Internacional del paludismo, comúnmente llamado malaria. Esta enfermedad se cobró la vida de 610.000 personas en todo el mundo, un 96% de ellas en África.
La malaria es una enfermedad provocada por un parásito, el Plasmodium, que se transmite a través de la picadura de la hembra del mosquito Anopheles. Existen cinco especies del parásito, aunque las más importantes, por tasa de mortalidad, son la Falciparum y Vivax. Es bien sabido que la mayor parte de los casos se dan en África Subsahariana: el 96% de la población afectada de manera mortal se encuentra en el continente africano, según datos de la OMS (Organización Mundial de la Salud).
El último informe de dicha organización respecto a la enfermedad, publicado en 2022, muestra que más de la mitad de la población mundial estuvo expuesta al parásito. Se estima que aproximadamente 247 millones de personas sufrieron paludismo en 2021, 610.000 de ellas de manera mortal. Las personas más susceptibles a sufrir las consecuencias más graves de la enfermedad son los niños, que suponen el 80% de las muertes por malaria en África. Las mujeres embarazadas y personas inmunodeprimidas, como los infectados por VIH, también se incluyen en grupos de riesgo.
Los países con mayor carga de malaria a nivel mundial son Nigeria, con el 26,6% de los casos, seguido por la República Democrática del Congo, con 12,3%; Uganda, con un 5,1% y Mozambique, con un 4,1%. Sin embargo, en cuanto a incidencia por población, los últimos datos recogidos muestran que Benín (406,7 por cada 1000 habitantes), Burkina Faso (386,7), Liberia (366,6) y Ruanda (366,1) son los países con mayor tasa de incidencia, según datos de la OMS.
La lucha para la eliminación del paludismo se tradujo en la Estrategia Técnica Mundial de Malaria 2016-2030, por la cual la OMS pretende reducir la incidencia y mortalidad en un 90% para 2030. Los últimos datos, de 2021, reflejan que la incidencia en casos de malaria fue de 59 casos por cada 1000 habitantes en riesgo, lejos del objetivo de 31 por cada 100. Lo mismo ocurre con las muertes: la incidencia fue de 14,8 por cada 100.000 habitantes, frente al objetivo de 7,8. Ambos datos muestran una desviación del 48%, y, en caso de mantenerse esta trayectoria, en 2030 el mundo no podrá alcanzar los objetivos de la lucha contra la malaria.
Viajo a un país donde la malaria es prevalente, ¿qué hago?
Por descontado, lo primero que se recomienda si viajas a un país con una incidencia considerable es consultar a un médico sobre posibles tratamientos o formas de prevenir la enfermedad. Por ello, en algunos casos se recomienda un tratamiento profiláctico, que se inicia antes de desarrollar la enfermedad con el fin de prevenir sus peores consecuencias o la propia infección. En el caso que nos ocupa, dicho tratamiento incluye fármacos que se usan también para el tratamiento de infectados y que está sujeto a múltiples resistencias.
El fármaco de uso extendido en la actualidad está formado por una combinación de dos antimaláricos -que combate o previene la malaria- que deben administrarse entre uno y dos días antes de iniciar el desplazamiento y hasta siete días después de abandonarla. Sin embargo, esta administración está siempre sujeta a la variabilidad de pacientes y las distintas cepas del parásito que existan en el lugar de destino y sus resistencias conocidas.
Otra de las posibles herramientas de prevención de la enfermedad recomendadas por la OMS para evitar la picadura del mosquito es colocar mosquiteras tratadas con insecticidas con base de dietiltoluamida, ingrediente más habitual de los repelentes de insectos. También recomienda evitar las salidas y actividades al aire libre después del atardecer, pues es más probable que esta especie de mosquito pique en ese momento. A su vez, es importante utilizar ropa que cubra la superficie corporal.
¿Cómo sé que he contraído la enfermedad?
Los síntomas de esta enfermedad se presentan entre diez y quince días después de que se haya producido la picadura, e incluyen manifestaciones inespecíficas o generales como confusión y cansancio extremo; dificultad respiratoria; alteración del nivel de conciencia; ictericia (tonalidad amarillenta de la piel y escleróticas) y sangrados difusos que pueden llevar a anemias graves.
En caso de presentar algún síntoma o indicio de haber contraído la enfermedad, se recomienda acudir al centro hospitalario más cercano con la máxima precocidad. Allí se realizarán pruebas específicas que comprueban si la enfermedad está activa y se comenzará a controlar los niveles de hemoglobina (para prevenir anemias) entre otros parámetros hematológicos que puedan verse modificados por la presencia de este parásito.
Asimismo, se administrarán fármacos específicos similares a los del tratamiento profiláctico que reducirán las posibilidades de empeoramiento de los síntomas. Este tratamiento depende de la especie de parásito, de si este es resistente a ciertas medicinas y de la vulnerabilidad del paciente. El índice de supervivencia es alto cuando se administran los fármacos adecuados a tiempo, lo cual es esperanzador.
Sin embargo, en el continente africano, donde las condiciones en este sentido son muy desfavorables, muere un porcentaje muy alto de los enfermos. Un 96% de todos los fallecidos por malaria en el mundo son africanos. Las consecuencias más graves y potencialmente mortales de esta enfermedad incluyen cerebritis (malaria cerebral), daño hepático, esplénico y renal, y anemias severas.
¿Qué pasa con las vacunas? ¿Y con el COVID-19 o el cambio climático?
A lo largo de los años se han desarrollado múltiples vacunas cuyo uso y distribución no se ha consolidado. Recientemente se ha aprobado el uso de una nueva vacuna que ya ha adoptado Ghana y Nigeria, la R21/Matrix-M, que supone un gran avance en la lucha frente a la malaria con un gran índice de protección frente a la enfermedad, aproximadamente del 70%. Una vacuna eficaz, administrada a toda la población de los países endémicos, podría erradicar la enfermedad o, al menos, reducir su mortalidad en gran medida.
Pese a que en marzo del 2020 la OMS realizó un comunicado a los países endémicos para que no cesarán sus actividades preventivas y de diagnóstico de esta enfermedad, ya comenzada la pandemia hubo problemas en la distribución de mosquiteras tratadas y de tratamientos preventivos. Esto hizo que aumentara la susceptibilidad de estos habitantes, que, sumado a la exposición a una nueva enfermedad como era el Covid-19, incrementó su vulnerabilidad y la del sistema sanitario.
Un aspecto que es importante visibilizar es el peligro que supone el cambio climático en relación con la malaria. Las condiciones climáticas que trae consigo el calentamiento global son perfectas para la proliferación de los mosquitos que transmiten la malaria, lo que amenaza con aumentar aún más su incidencia a lo largo de los próximos años. El aumento de la temperatura, la humedad y precipitaciones pueden provocar un incremento de esta especie de mosquitos en lugares en los que previamente no se había registrado la presencia de esta enfermedad. Ese es el caso de Colombia y Venezuela, que, tras el fenómeno El Niño, los casos de malaria aumentaron en más de un tercio.
Artículo realizado en colaboración con Natalia Pavón.


