Póngame ‘Otra Ronda’ camarero

0
249
Cartel de Otra Ronda | Fuente: Google Creative Commons

Thomas Vinterberg arma una perfecta obra tragicómica que le devuelve a la senda de sus mejores trabajos

La virtud de una buena tragicomedia es quizás la de mantenerte en ese extraño punto intermedio entre reír y llorar. O quizás sea la de provocarte la risa y después hacerte que te arrepientas de ello. A lo mejor, la virtud de una buena tragicomedia es la misma que la de la salsa agridulce. O puede que sea otra cosa que yo no conozco. ¿Es Otra Ronda una buena tragicomedia? Sí, lo es, sin duda.

Thomas Vinterberg vuelve a crear una película sublime, demostrando que sigue siendo el director de películas como Celebración, Submarino o La Caza. Es cierto que su talento no se ha borrado, pero también es cierto que tras sus tres films precedentes, lo parecía. Signo de ello es el notable reconocimiento internacional que ha recibido: cuatro Premios del Cine Europeo, incluyendo el de mejor película, dirección, actor y guion; nominaciones a los Oscar, BAFTA y a los Globos de Oro, además de varios premios de la crítica y en festivales como San Sebastián.

Thomas Vinterberg y Mads Mikkelsen | Fuente: Google Creative Commons

Para esta obra cuenta de nuevo con el sobresaliente Mads Mikkelsen. Este encarna a Martin, un profesor de historia apagado, sin ilusión por vivir y con un matrimonio agonizante. También recupera a Thomas Bo Larsen, que ya había contado con él para Celebración y La Caza, y a Lars Ranthe en el papel de Peter, que también había sido secundario en esta última.

Los habitantes de la película son cuatro profesores de instituto: los tres actores de confianza nombrados, a los que se les une Magnus Millang. Buenos compañeros de trabajo que con el paso de los años han ido macerando una profunda amistad. El film parte de un tema un tanto manido, como lo es la crisis existencial provocada por la imposición de la vela con forma de ‘4’ en la tarta de cumpleaños. A partir de ahí, el director danés se sale por la tangente con un experimento rocambolesco. Sus personajes querrán mantener una tasa de alcohol en sangre constante de 0,05 pues, según el psiquiatra Finn Skarderud, tiene efectos muy positivos en la vida diaria. 

Sin embargo, no todo será la reavivación de la llama del amor, dar clase mejor que nunca o hacer un viaje “de los que hacíamos antes”. Los protagonistas se verán también frente a frente con lo peor de sí mismos, si es que hay algo peor que un borracho muy borracho. 

La película que Vinterberg ha armado no trata solamente de una exploración del consumo de bebidas alcohólicas. Decir esto sería quedarse en la superficie. A través de la exploración de este consumo, que nace de la crisis existencial, se discute la razón misma de la existencia. Trata los placeres del hombre (y su respectiva forma de disfrute), cómo lidiar con el spleen de los problemas cotidianos, las relaciones de pareja sometidas al goteo de los años. Y todo esto narrado con espontaneidad, con sentido del humor y con incomodidad.

Tiene la virtud de contar los hechos con tal naturalidad y con tal gracia que el impacto que producen en el espectador los aspectos más dramáticos es mucho mayor. Es una cuestión de simple contraste.

Fotograma de Otra Ronda | Fuente: Google Creative Commons

El foco sigue en el primer tercio al personaje de Mads Mikkelsen. El espectador se coloca cerca, casi siempre primeros planos. No le importa tanto al director mostrar los acontecimientos que le ocurren al personaje, sino más bien cómo reacciona él a ellos. Para hacer esto, la cámara sigue a Martin en largos planos secuencia o haciendo uso de travellings. Incluso cuando los planos los corta el montaje, se suceden planos cortos que, como le ocurre al protagonista en este momento, no dejan respirar al espectador. Esto es sólo un ejemplo del uso que hace el director del lenguaje cinematográfico. Un idioma en el que Vinterberg parece ser nativo, pues tiene la virtud de encontrar siempre la posición, el encuadre y el movimiento perfecto para lo que se cuenta en cada momento. No de manera vana ni artificiosa, sino con maestría y con razón de ser. 

Fotograma de Otra Ronda | Fuente: Google Creative Commons

Posteriormente la cámara retrocede para narrar la historia, ya más coral, del experimento. Se distancia para dejar que los actores hablen, para que se relaje el espectador como lo hacen los personajes con el alcohol. También para objetivar los resultados. Y sin embargo sigue poniendo el ojo en los momentos más incómodos cuando hay que hacerlo. Cuando luchas por apartar la vista la cámara aguanta la mirada. Y te revuelves en la butaca.

Publicidad

Deja un comentario