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‘Atrapados en la oscuridad’ del cine

Atrapados en la oscuridad del cine, un grupo dispar de espectadores se embarcaba en un viaje familiar por las montañas neozelandesas. El niño ve unas figuras en un cerro que le saludan. Después serán las que atraviesen como un tren de mercancías el almuerzo campestre de los protagonistas y las que aprieten el botón rojo que volará en mil pedazos sus vidas.

La película dirigida por James Ashcroft, seleccionada en el festival de Sitges, es un prometedor debut de un director que parece dominar el arte de la tensión. La estética de Atrapados en la oscuridad es tan cuidada, tan bellamente terrible, que secuestra la mirada. Es este apartado quizás el más novedoso y destacable de una obra de género que no despega del todo por caer en los convencionalismos y en los lugares comunes. Un visionado interesante por lo particular de su propuesta visual y, destaco, sonora que cuenta con inteligencia una historia que ya hemos escuchado demasiadas veces.

Cuenta con inteligencia una historia que ya hemos escuchado demasiadas veces

La forma que tiene Ashcroft de retratar el terror de una familia ante sus implacables captores recuerda a la de Haneke en su magnífica Funny Games. De él hereda la frialdad, el don de la sorpresa y quizás la mejor virtud que se puede poseer como director de cine en general y de thriller en particular: la capacidad de activar la imaginación del espectador. Un inicio que es como una torta en medio de la cara abre los ojos de los asistentes al cine. Hace que te preguntes qué está pasando aquí y qué va a pasar ahora. El problema llega cuando el metraje obliga al director a empezar a resolver cuestiones y dejar de lanzar interrogantes al viento.

Hacia la mitad de la película comienza a divagar. Recuerdo con especial claridad la pésima elección de una serie de flashbacks como solución explicatoria de las acciones de los villanos. Una decisión que elimina de un soplido la mística que había conseguido crear la historia al ir desvelando las verdades con pistas sutiles y líneas de guion que no pronuncian los personajes en ningún momento.

Pero los problemas no se quedan ahí. Atrapados en la oscuridad pasa en pocos minutos de lo especial a lo banal, de lo característico a lo tópico. Puede que el problema haya sido la falta de imaginación de un inexperto director. Quizás el deseo de agradar restringiéndose a la hora de la verdad a lo que ya funciona. El problema para que funcione lo que ya funciona es necesario reformularlo, emplatarlo con hibiscos y salsa wasabi, darle una capa de pintura.

Pasa en pocos minutos de lo especial a lo banal, de lo característico a lo tópico

El final remonta notablemente el impasse que se vive en el nudo de la trama. Una solución original que vuelve a las virtudes del inicio: decir las cosas sin decirlas. Sin caer en lo explícito y sin tratar de estúpido al espectador.

En definitiva, una película que tiene en sus principales virtudes su estética y la manera sobria y sencilla de contar su historia consiguiendo que el público atienda al más mínimo detalle. Si no logra ser del todo satisfactoria es por su abuso de los tópicos y por su falta de soluciones. Sin embargo, eso no impide su disfrute. Por lo que muestra, parece que podemos esperar mucho más de James Ashcroft.

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