La primera novela de Jaime A. Valenciano desdibuja las fronteras del género juvenil
Cuando hablamos de novela juvenil nos viene a la cabeza Los Juegos del Hambre, Crepúsculo o El Club de los Cinco entre otras. Sin duda, siempre debe haber aventuras, amoríos, un mal al que sobreponerse, un eterno verano. La lectura debe enganchar, debe ser sencilla para que pueda devorarla un adolescente en cuestión de días. Sin embargo, el error que casi siempre cometen estas novelas juveniles es el de no retratar la complejidad de una mente adolescente. Obviar los hondos problemas en los que se puede ver sumergida cuando estas personas en proceso de construcción se enfrentan de cara a la vida y esta les es hostil. El Humano que nos mira no comete ese error, y Jaime A. Valenciano se encarga de tampoco omitir todo lo propio del género. ¿Estamos ante una redefinición de la novela adolescente?
El humano que nos mira trata de dos historias de jóvenes aparentemente sin relación. La historia de Irén, una chica que ama la lectura y que vive aislada de todo y de todos en una ciudad por la que pasa el Danubio y que, un día, en su bañera, toma conciencia de que morirá sola. También narra la historia de David, un chico no menos solitario que estudia literatura y que habita en la ficticia e intrigante ciudad de Santión.
Las historias se verán sumidas en un misterio que los personajes tratarán de resolver utilizando su ingenio y que les involucrará físicamente, pero también afectará en lo más profundo de su persona, llegando a cuestionar la naturaleza del ser humano.
Este es sin duda uno de los temas más importantes de la novela: la exploración del ser. Una aproximación que se efectúa siempre desde la reflexión limpia y sincera de los personajes. La manera de narrar de Valenciano favorece esta exploración, pues en ella los personajes tienen largos diálogos internos en los que se debaten sobre las situaciones que se dan en la historia, cavilando velozmente, a veces divagando incluso, pero que siempre ofrecen una profunda y coherente caracterización de los protagonistas. Una de las preocupaciones e ideas básicas de la novela es el hombre: qué es, cómo actúa y qué se puede esperar de él. El misterio al que se enfrentan los habitantes de El humano que nos mira les llevará a confrontar, a chocar frontalmente con este problema. Se enfrentan al humano que les mira.
Si en la novela juvenil tradicional se juega con la fascinación y la sorpresa, en El humano que nos mira entra en juego también el drama existencial y la reflexión del lector
El autor no cae en los lugares comunes de la novela juvenil usando fórmulas manidas, sino que utiliza esos mismos lugares comunes a su favor reformulando los esquemas típicos, precisamente a través de estas reflexiones que ocurren en la cabeza de los personajes. La experiencia que consigue sería algo parecido a ver Los Goonies y a la vez estar viviendo los dilemas filosóficos y existenciales de Mikey, Mouth, Brand, Chunk, Data y Andy. Conocer todos los entresijos de su mente, sus problemas y sus traumas, para de esta forma poder sentir como en tus carnes cada uno de sus descubrimientos. Si en la novela juvenil tradicional se juega con la fascinación y la sorpresa, en El humano que nos mira entra en juego también el drama existencial y la reflexión del lector.

Esta reflexión del lector resulta muy importante en el proceso de lectura de la novela. Jaime A. Valenciano se ha cuidado, de manera paralela a la trama y a la exploración del ser, de introducir una serie de dilemas y situaciones que le preocupan y le atormentan como humano y como joven. Estas, que en ocasiones tienen forma de conversación entre los personajes, en otros casos de diálogo interno, y en otros no tienen forma (o, si se prefiere, forma de metáfora) resultarán interesantes para estos humanos jóvenes o para todos los que alguna vez lo hayan sido. Una novela con múltiples capas de interpretación, de ritmo lento pero gratificante hasta el acelerón final, que no deja indiferente. Gratificante por esta serie de píldoras que el autor nos regala, por su prosa cuidada y su dominio de los recursos expresivos. No por abundancia, sino por el acierto en su uso.
En definitiva, una novela bien construida, desde la trama hasta el trasfondo final. Novela mutable con el paso de las hojas que te invita a no doblar nunca la esquina o a poner el marcapáginas (depende del gusto del lector). Novela que te introduce en la cabeza de los protagonistas, retratando sus virtudes y sus defectos hasta que puedes ver su mundo a través del papel. Novela con una gran sensibilidad (que no sensiblera), que describe las situaciones, en ocasiones con una delicadeza que humedece las pestañas y en otras con una dureza que estremece. Novela que habla del tú, del yo, del nosotros, del humano joven que se pregunta cómo es el mundo y cómo cambiarlo. Novela que habla, en definitiva, del humano.


