Revelación, una exposición de la fundación Mapfre que recoge 188 piezas que exploran el mundo interior de Leonora Carrington a través de sus obras
A partir del 11 de febrero de 2023 llega a las calles de Madrid una oportunidad para conocer el arte surrealista a través de la exposición de Leonora Carrington que estará disponible hasta el 7 de mayo de 2023 en la sala Recoletos.
La muestra se presenta en un recorrido de dos plantas organizado en nueve secciones que están divididas en orden cronológico y abarcan de 1917 a 1911, en donde se pueden conocer las diferentes etapas vitales que vivió la artista surrealista.
La exposición muestra la historia de los cuadros de un artista que fue una intérprete del tiempo que le tocó vivir, llevando a cabo auténticas revoluciones estéticas, sociales y políticas que la convirtieron en una de las precursoras del movimiento surrealista del siglo XX.
La debutante
La primera sala de la muestra nos transporta a la infancia de Leonora Carrington con sus primeros bocetos artísticos, nos cuenta cuáles fueron los orígenes de la artista revolucionaria y sus primeras creaciones artísticas. Fue hija de una familia acomodada inglesa que desde pequeña se rebeló contra las costumbres que su exigente familia le fue imponiendo. Su dificultad para aprender en las escuelas británicas hicieron que terminara matriculada en un internado para jóvenes en Florencia.
Su juventud en Italia le dio la oportunidad de conocer las grandes obras de la humanidad como el David de Miguel Ángel. La influencia renacentista hizo que desarrollase un gusto por las artes plásticas, en concreto, por la pintura. Sus primeras obras tenían de protagonistas escenarios surrealistas que destacan por contar con una variedad de personajes que eran alter egos de la autora en forma de animales como caballos o hienas que reflejaban realidades distintas a la que vivía Carrington. En esta primera etapa se pueden apreciar pinturas simples de grandes pinceladas, sin demasiada complejidad o detalle y una corta iconografía.

El encuentro: Saint-Martin-d’Ardèche
Esta segunda sección de la muestra da al espectador la oportunidad de conocer el primer acercamiento de la artista en el movimiento surrealista. Leonora a sus 19 años visita la International Surrealist Exhibition, y en ese momento conoce un universo artístico donde los pintores crean cuadros basados en los sueños y pensamientos que tenían. Durante sus inicios en el movimiento conoce a Marx Erst, un pintor dadaísta y surrealista con quien establece una relación muy cercana.
Marx y Leonora se fugaron juntos en 1938 a Francia, para huir de las duras presiones que imponía la familia Carrington a su hija por querer ser artista. A sus veinte años, participó en la exposición Internationale du Surréalisme de 1938 de París.
Se mudo a una humilde casa con Erts a Saint-Martin D’Ardeche, una localidad del sur de Francia. Empezó a desarrollarse como artista, diseñaba los soportes de las puertas y ventanas. Toda la casa estaba pintada con sus figuras imaginarias de carácter híbrido y autorreferenciales de sus sueños. Erst también dejó huella en aquel lugar al plasmar su mundo interior en aquel hogar.

Memorias de abajo: Santander
En la sección siguiente se exponen cuadros de tonalidades llamativas y coloridas, una mejora en el detalle y una pincelada mucho más lenta y rigurosa. Los dos cuadros más importantes de este periodo representan por un lado el episodio traumático de la artista que sufrió a sus veintiún años al ser violada a su llegada a Madrid por un grupo de hombres y por otro lado su encierro en el sanatorio de Starter en Santander por su familia. En este año, Leonora sufrió un depresivo estado mental debido al Cardiazol, un potente fármaco, el cual era obligada a tomar de manera diaria y tenía efectos secundarios como ataques eléctricos y anulación temporal de la voluntad.

Green Tea es un cuadro en el que se ve el retrato de Leonora, representada en un estado de sueño y vigilia provocado por los fármacos En este cuadro representa un estilo caracterizado por mundos oníricos donde lo oculto y simbólico cobran una gran importancia.
En otra de sus obras, Down Below de 1940, también se aprecia ese estado de lucidez y enfermedad mental en diferentes figuras que representan los diferentes estados mentales que vivió durante su ingreso. A partir de esta experiencia su obra se vuelve más sombría y hermética respecto a las anteriores pero le permiten dar forma a una experiencia límite y transformar su poder imaginario.
Hacia lo desconocido: Nueva York
Hacia lo desconocido: Nueva York, es el título de la cuarta sección de la exposición, en la cual, en el verano de 1941, Leonora huye a la gran ciudad americana a sus veinticuatro años, con el poeta Renato Leduc, con quien se había comprometido. La artista consigue alejarse de su familia que planeaba mandarla a otro sanatorio y empezar a relacionarse con la comunidad surrealista de pintores exiliados por la guerra.
Durante su estancia en Nueva York se asienta y perfecciona la iconografía que había ido creado los años anteriores: contó en sus nuevas obras los episodios traumáticos que vivió durante la guerra, su doble exilio de su familia de Inglaterra y de su segunda ciudad, España, y su encierro en el sanatorio.
Ahí crea la obra Artes en 1944, que presenta una división entre el paraíso y el infierno que tiene un pequeño estilo al Renacimiento italiano que conoció durante sus viajes en Florencia pero también recuerda a la pintura del Bosco que vio durante su estancia en Madrid.
La obra representa la figura de Carrington de una manera suelta, libre que vuela a su lugar feliz con su yegua y su perro. La aguja de la izquierda representa el inicio a una metamorfosis para encontrar su nueva identidad. También se aprecia una multitud de referencias a la mitología celta mexicana donde desarrolla un imaginario de seres y un espacio surrealista.

Memoria y origen: Crookhey Hall
En esta quinta sección se usa de título el nombre de la casa de la infancia de la familia Carrington, porque debido al embarazo de la artista todos los cuadros de las paredes muestran escenarios de su infancia. La casa era una mansión neogótica ubicada en Crookhey Hall, que la artista usó como espacio simbólico en muchas de sus obras. En la mayoría de las obras representaba el lugar rodeado de diversos fantasmas y fantasías infantiles como si fueran de carne y hueso.

Se dejan a un lado los cuadros de la artista durante su viaje a Estados Unidos porque se muda a Ciudad de México en 1943. En la muestra de fotografías, se conoce que Leonora se volvió a casar con un reconocido fotógrafo búlgaro, Emerico Weisz con quien forma una familia.
Su paso por la maternidad modifica un poco la línea simbólica que habían tenido sus cuadros en las salas anteriores a presentar al público nuevas obras de tonos más oscuros y formatos propios de la producción italiana (uso del temple y del formato horizontal de predela), los temas son sobre sus viajes a un pasado muy remoto, visiones familiares, cargadas de melancolía y un anhelo a querer regresar al origen.
La Diosa Blanca
La séptima sección de la exposición indaga más en los intereses de Leonora por la literatura. A partir de textos colocados en vitrinas de cristal el espectador puede conocer que la artista, desde pequeña, había admirado obras como La olla de oro (1912) de James Stephens y La Diosa Blanca (1948) de Robert Graves.
Esto crea un cambio en la iconografía anterior donde hace mención a escenarios de su pasado como su habitación, su jardín y su casa representados por fantasmas a empezar a pintar heroínas, diosas dotadas de poderes, hadas, etc., como las protagonistas de sus cuadros. Mostró en sus obras facetas de lo femenino, sobre todo a la mujer como un ente andrógino y entendido como la combinación perfecta como papel contra el patriarcado y de la sociedad.
Mujeres conciencia: feminismo y política
La octava sala es la última sala de la primera parte de la exposición. En está resaltan los cuadros de temática política y social. En esta zona se muestran todos los cuadros que pintó Carrington en 1960. Sus obras de estos años muestran un mayor interés por los movimientos feministas y por la situación social de la mujer. Sus largas estancias en Estados Unidos la vinculan con grupos de mujeres preocupadas por la situación de desigualdad y ausencia de derechos para ellas.
Sus obras empiezan a teñirse de nuevos colores: verdes, morados, blancos. Los temas eran el culto a las dudas y el papel del matriarcado en la historia. La obra que muestra la exposición de referencia de este periodo es Mujeres conciencia (1972), porque refleja la indignación y enojo en torno a la situación de las mujeres a partir de dos mujeres, una blanca y una negra, intercambian manzanas.

Saberes arcanos: alquimia, magia y mito
La novena sala es la primera parte de la segunda planta de la exposición presentada por una frase en la pared “la mujer hechicera” que escribió Adre Brent a Leonora en un periodo donde la magia se convirtió en un elemento fundamental dentro del surrealismo.
Leonora realizó investigaciones respecto a la magia, la alquimia, la astrología junto con las artes adivinatorias. Sus cuadros de este periodo tienen un relatos mitológicos ocultos asociados a corrientes míticas de la Antigüedad, olvidadas y recuperadas como rutas alternativas para acceder al inconsciente y a los misterios del ser humano, la naturaleza y el universo.
Ser humano, ser animal
Lo divino y espiritual no fueron los únicos temas que presentaron las obras de esos años, en la décima sesión de la muestra se pueden apreciar otros cuadros donde los animales, reales o mitológicos adquieren una gran importancia. Sus obras a lo largo de toda su trayectoria artística habían presentado diferentes seres desde criaturas híbridas, antropomorfas a fantásticas que surgen de la imaginación de Leonora. La conexión con el mundo animal de la autora desde temprana edad con las repetidas visitas a zoológicos, las excursiones de la escuela a hípica y practicar aquella disciplina a vivir rodeada de animales. Los animales eran alter egos de ella con los que se autorretrato en más de una obra.
Su vínculo con los animales hizo que tuviese una visión ecologista que criticaba la visión ante la actitud depredadora de la especie humana y su trato con los ecosistemas. Leonora en sus obras busca promover la empatía, compasión y reverencia ante todas las formas de vida. Eran obras con un significado del antiguo no-dualismo, no existía diferencias entre cada ser y el universo.
Hay otros mundos: México
En la última sala de toda la exposición de Leonora Carrington se encuentra uno de los cuadros más grandes de toda la muestra, El mundo mágico de las mallas, que realizó entre 1963 y 1964, para el Museo Nacional de Antropología de Ciudad de México. En esta obra la artista plasma su visión de la cultura Maya en el presente, captando ese espíritu mágico en la región de Chiapas a la que viajó durante varias ocasiones para entender mejor la vida allí.
El cuadro tiene una compleja composición en tres diferentes planos, porque retrata los tres reinos que conviven en la cosmología Maya, por un lado están las montañas y el cielo que ocupan toda la parte superior del cuadro. La luna representa lo femenino y el sol como lo masculino. Por otro lado está el centro de la obra que presenta al ser humano realizando su vida diaria y a una variedad de animales fantásticos volando, que sacó de la obra Popol Vuh, el libro secreto de las mayas como la serpiente. La parte inferior es la representación del inframundo maya el Xibalbá, que tiene una enorme grieta que representa la convivencia entre dos mundos. También en la obra hay un enorme árbol en la esquina inferior de la derecha que funciona de elemento sagrado, porque conecta los tres niveles del cosmos.
A lo largo de la exposición se ven diferentes cuadros que representan lugares diferentes del mundo, los cuales la autora había visitado pero el escenario que más aparece en las obras de Carrington es México. En aquel lugar la autora pasó gran parte de su vida, tanto que en muchas de sus pinturas resalta su amor a la cultura mejicana que idolatraba todo lo divino y magia, el contacto con los muertos, el interés por las prácticas y ritos de hechicería hasta la variedad en sus animales, comidas, plantas etc..
Lo oculto y lo simbólico en un universo habitado por mujeres
Al concluir la exposición el espectador conoce que Leonora Carrington fue una artista visual de la pintura que fue capaz de combinar influencias y referentes enigmáticos del momento. Sus obras invitan al público a cruzar un portal hacia nuevos territorios hechizados donde viven diosas, hadas, reinas y animales fantásticos que están en completa metamorfosis de cambios.
Todas las obras que son expuestas en esta muestra pertenecen al surrealismo por su detonador imaginario, su mezcla de lo autobiográfico con la ficción, lo cotidiano y lo mágico su creación de mundos oníricos donde prima lo oculto y lo simbólico y su estilo en honor a las pinturas renacentistas.
Sus pinturas predominan un universo habitado por mujeres en el que el resto de elementos como plantas, animales, montañas, etc. tienen su propio destino y van evolucionando al igual que lo hizo la autora durante su vida.


