La llegada de la tan ansiada Navidad es sinónimo de reencuentros y de juegos como el amigo invisible
Las reuniones navideñas desembocan en entusiasmo, reencuentros, y alguna veces en falsas caras. Sin embargo, lo que es común en prácticamente todas las fiestas navideñas entre familiares y amigos es el juego del amigo invisible. Un juego muy conocido por todos, sin embargo, la mayoría desconoce su origen. ¿Nunca te has preguntado el por qué jugamos?
La pregunta es sencilla, no obstante, existen múltiples respuestas. Mi objetivo es contarte varios porqués y que tú mismo dictamines cuál es la mejor, puesto que como bien dice el refrán, la verdad no es absoluta en la vida, y en este sentido, tampoco es el caso.
Las diferentes versiones vienen dadas dependiendo del lugar y la fecha a la que nos remontemos; asimismo encontramos modificaciones en sus características aunque las reglas bases son siempre que el nombre a quien regalar sea elegido a suerte y haya límite en el presupuesto.
Es por eso que, si nos remontamos a la Antigua Roma, es allí, dónde se celebraba el festival de Saturnalia. Durante este festival, los romanos intercambiaban regalos y celebraban banquetes con música y juegos. Se cree que el amigo invisible es una evolución del antiguo juego romano de “strenae”, en el que las personas se sorteaban para regalarse mutuamente pequeños regalos.
Otros dicen que esta práctica tiene su origen en la otra punta del mundo en Venezuela durante el siglo XIX. Las mujeres venezolanas casadas o comprometidas no podían tener amigos por un temas sociales en aquel entonces. Por esto, comenzaron a juntarse en grupo y realizar un intercambio de regalos mediante un papel al azar. Así, este juego se denominaría por aquel entonces «compadre de papelito».
También hay quienes apuestan a que su origen es escandinavo, ya que existe una tradición llamada «Julklapp» que se parece bastante a nuestra tradición del amigo invisible. Se dan unos golpes en la puerta, se abre y se meten los regalos en casa; como homenaje a los ayudantes de Papá Noel, los duendecillos, los amigos invisibles ayudan a repartir los regalos cuando a su jefe no le da tiempo. Cada paquete lleva un acertijo, un poema o una dedicatoria que sirve como pista de a quién va destinado cada regalo.
Y por último, la que bien podría ser un auténtico cuento de Navidad, la versión estadounidense, en la que un hombre llamado Larry tenía tan mala suerte que siempre perdía su trabajo en época de Navidades. Tras varios fracasos, decidió no perder la fe e invirtió en una televisión por cable y se hizo millonario. Desde entonces, cada Navidad enviaba dinero de forma anónima a personas que lo necesitaban, lo que le convirtió en un Santa Claus Secreto, ya que no se descubrió su identidad hasta años más tarde, cuando falleció.
¿Con cuál te quedas? De esta forma, cada vez que hagas este juego, ya puedas iniciar una conversación preguntando el porqué a los asistentes. Y, por supuesto, a ti que me lees, ¡Feliz Navidad!


