Claudia Fontanals convierte su historia personal en un mensaje honesto de resiliencia, amor propio y esperanza real en un libro sensible donde la verdad rebosa llamado Yo también pensé que no podía.
Hay momentos en la vida en los que uno siente que ya no puede más. Que está cansado de intentar, de ser fuerte, de cumplir expectativas. Yo también pensé que no podía , de Claudia Fontanals, parece escrito justamente para esos momentos.

Claudia Fontanals no es una gurú de autoayuda tradicional. Es comunicadora, conferenciante y creadora del pódcast Solo y sin azúcar, un espacio donde se habla de la vida sin filtros: emociones reales, inseguridades, aprendizajes y crecimiento personal desde la honestidad.
Formada en ESADE y especializada en coaching ejecutivo, durante años siguió el camino que muchos consideran ideal: estudios exitosos, trabajo estable en una gran empresa, seguridad económica desde joven. Sin embargo, esa vida “perfecta” por fuera empezó a sentirse vacía por dentro. Fue entonces cuando comenzó a cuestionarse qué significaba realmente el éxito y si estaba viviendo desde la autenticidad o desde las expectativas de otros.
No es un libro que te grita frases motivacionales ni que te promete que todo va a mejorar de la noche a la mañana. Al contrario: es honesto. Habla del miedo, del agotamiento emocional, de sentirse perdido, de romperse por dentro. Y lo hace de una forma tan humana que, mientras lees, tienes la sensación de que alguien te está contando su historia frente a un café, sin máscaras. Como esas que dice la autora que a veces nos ponemos y hace que perdamos nuestra identidad. Y hace que nos convirtamos en seres que no somos ni seremos.
Todo ese camino de dudas, miedos y reconstrucción atraviesa el libro entero y es lo que le da tanta verdad a Yo también pensé que no podía. Claudia no escribe para enseñar desde arriba, sino para compartir desde el mismo nivel que el lector. Su mensaje no es «yo lo logré» , sino «yo también dudé, he tenido miedos y aún así lo he intentado». Y a veces lo que ocurre cuando lo intentas, es que incluso puedes lograrlo.
Lo que más impacta es la vulnerabilidad. Claudia no se presenta como alguien que lo hizo todo bien, sino como alguien que también se equivocó, dudó y tocó fondo. Esa sinceridad conecta de inmediato. Uno se reconoce en sus pensamientos, en sus inseguridades, en ese «no puedo más» que todos hemos sentido alguna vez.
Vivir tu verdad
A lo largo del libro se ve un proceso de reconstrucción muy real. No hay milagros, hay conciencia. Hay aprender a escucharse, a respetar las emociones, a soltar lo que ya no hace bien. Es un recordatorio de que sanar no es correr, sino caminar despacio, con paciencia y compasión hacia uno mismo.
El libro también va de saber que a otro puede hacerle feliz lo que a ti no, y que la vida cambia y con ellas las circunstancias. Hay un fragmento donde relata una conversación con su abuela, que a una servidora le hizo replantearse alguna que otra cosa:

El lenguaje es sencillo, cercano y cálido. No parece un manual, sino una conversación. Una conversación entre amigas. Donde incluso te hace preguntas (de esas que resuenan en tu cabeza pero ni tú mismo quieres preguntártelas) y tú solo puedes quedarte pensando. Un rato largo. Y eso lo hace aún más poderoso. Muchas frases se quedan contigo, no porque sean grandilocuentes, sino porque dicen verdades simples que a veces olvidamos: que está bien no estar bien, que pedir ayuda no es debilidad, que reinventarse da miedo pero también libera.
Al terminar el libro, no sientes que tu vida cambia de golpe, pero sí algo importante: te sientes acompañado. Más fuerte. Más consciente de que, aunque se tenga miedos, siempre puedes cambiar tu vida. Siempre puedes elegir tu felicidad.
Este libro no pretende arreglarte. Pretende darte visión de otras cosas. Pretende darte alas para que salgas a volar.
Y eso, muchas veces, es justo lo que necesitamos escuchar.


