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Una Noche de Gala

Los silencios, las risas cómplices, las reflexiones, las enseñanzas, el desparpajo. A través de trece programas, Trece Noches, fuimos conociendo el interior de Antonio Gala, y con ello, a nosotros mismos

Escritor, poeta, dramaturgo y novelista tardío, Antonio Gala, se consideraba a sí mismo un escritor “de destino”, no de vocación, como confesaba en una entrevista allá por 1999. De aquellos que “se pasan la cara por el folio, y sale en el folio lo que hay en la cara”. En 1993, Canal Sur nos deleitaba con Trece Noches, junto al peculiar entrevistador Jesús Quintero. Trece programas de unos 50 minutos, cada uno dedicado a una preocupación existencial del ser humano: la religión, la muerte, la soledad…etc. El programa número trece, sobre el sentido de la vida, fue el que más impacto tuvo, y con el que muchos conocimos la figura de Gala. 

Su acompañante en esta cruzada, Jesús Quintero, era la contraparte ideal para un encuentro de semejante categoría. Mordaz, cariñoso, atento. A sus 51 años, Quintero ya era todo un referente de la comunicación, y había cosechado grandes éxitos con programas como El loco de la colina (1980) o El perro verde (1988). Destacado por sus silencios, sus pausas, sus enrevesadas preguntas…y por su irreverencia: “una cosa es ser un reportero, y otra cosa es ser un periodista” le espetó una vez a Carlos Alsina en una acalorada discusión. Recordado por muchos y carismático como pocos, su trayectoria fue tal, que merecería un artículo para él solo.

Jesús Quintero con Antonio Gala en Trece Noches l Fuente: Canal Sur
Jesús Quintero con Antonio Gala en Trece Noches l Fuente: Canal Sur

49 minutos y 59 segundos de Carpe Diem

El sentido de la vida (Trece noches/1991) supone una bocanada de aire fresco para todos aquellos que se estén ahogando. Es un alegato en toda regla a vivir la vida en el sentido más andaluz posible, en un sentido “gozoso de la existencia”, como diría Gala. Pese a sus reticencias de encorsetar a la vida en una definición, dio la que hasta la fecha me parece la más acertada: “la vida es oportunidad de gozo, desaprovechada o no, pero de gozo”. Rechaza la idea de que estemos aquí para sufrir: “pero naturalmente que no, ¿Quién podría pensar eso?», le replica a Quintero. Pese a eso, reivindica una causa secreta para el sufrimiento: “el crecimiento”, “me parece que lo mismo que los estómagos de esas personas que no quieren engordar y comen poco se va achicando, también se achica el alma de los que se niegan a sufrir”. En un mundo cambiante y desapegado, parece que sus palabras de hace dos décadas, cobran cada vez más sentido: “me parece que estamos atravesando una crisis de desamor; ya ni el amor se hace con amor”.

La felicidad, según Gala, no es otra cosa que “la cosecha de una larga siembra de tanteos”. “No es una pasión, es un resultado”, le decía a Quintero. Para el poeta, la felicidad no es, ni mucho menos el fin último: “la felicidad vendrá si tiene que venir, y sino que la zurzan, porque tampoco es imprescindible”. Como podéis ver,  Antonio Gala nunca renegó de las vulgaridades; consideraba que el “idioma del pueblo” era el “necesario y el justo”. Había una cosa que si era imprescindible para él: la serenidad. Aunque reconocía que “no se puede llegar a la serenidad sin una cierta lucidez, ni la lucidez está reñida con el apasionamiento”. El ser humano es al mismo tiempo apolíneo y dionisíaco, es decir, es razón y pasión. “Yo me fío cada vez más de la pasión«, confiesa Gala. 

Antonio Gala con Jesús Quintero en Trece Noches l Fuente: Canal Sur
Antonio Gala con Jesús Quintero en Trece Noches l Fuente: Canal Sur

“La vida hay que bebérsela a grandes tragos”-Antonio Gala

En definitiva, Trece Noches es una llamada a vivir. Pero vivir una vida plena, no la “vida sucedánea” a la que nos inducimos y a la que nos inducen. Una invitación a “vivir desviviéndose”. A que aquellos “vividores”, como los llamaba Gala, se transformen en “vivientes”. Manuel Machado una vez escribió “que la vida se tome la pena de matarme porque yo no me tomo la pena de vivir”. A esto hacía referencia Antonio Gala cuando le contestó fieramente a Jesús Quintero: “bueno pues yo si me tomo la pena de vivir”.

¿Quién fue, es y será Antonio Gala?

El otoño del 36´, un remoto pueblo de Ciudad Real vio nacer a un atípico andaluz, pero que no tardaría en encontrarse con sus verdaderas raíces. Con tan solo nueve años, un pequeño Antonio Gala emprendió un viaje a la que sería la ciudad de sus amores, Córdoba. En la ciudad de las tres culturas fue donde escribió sus primeras obras: a los cinco un relato corto, y a los siete su primera obra teatral. Entrando ya en la edad adulta, estudió Derecho en la Universidad de Sevilla y se matriculó por libre en dos carreras en Madrid: Filosofía y Letras, y Ciencias Políticas y Económicas

Antonio Gala, en foto de archivo l Fuente: Ernesto Agudo
Antonio Gala, en foto de archivo l Fuente: Ernesto Agudo

Con semejante bagaje cultural y una gran sensibilidad artística, el ya fallecido Antonio Gala, nos dejó un gran legado tras su marcha, en el que encontramos obras de teatro, como Los Verdes Campos del Edén (1963), Anillos para una dama (1973); poesía, como Enemigo íntimo (1960), Poemas de Amor (1997); novelas, como El manuscrito carmesí (1990/Premio Planeta), La pasión turca (1993), sumado a cientos de artículos para El Mundo y El País. Aunque siempre se tomó el éxito con el cachondeo que le caracterizaba, “soy uno de los escritores más vendidos en este país, y de los menos leídos”. Su poder residía en escuchar a la “mayoría silenciada”.

En poco más de un mes, se cumple un año desde que Antonio Gala nos dejó, por eso he creído oportuno realizar este artículo a modo de homenaje. “No conozco mejor inmortalidad que la de ser recordado, con afecto y respeto, por quienes nos sucedan”-Antonio Gala. De corazón, gracias por todo.

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