Asmae El Moudir debutó en mayo del año pasado con este documental en el que, de forma curiosa, relata los disturbios de Casablanca de 1981
En estas revueltas, la sociedad marroquí ocupó las calles en señal de protesta por el aumento del precio del pan. Fueron brutalmente reprimidos por el ejército de su propio país. El conflicto se saldó con 600 víctimas que fueron asesinadas por un disparo o asfixiados en celdas. En el ‘La madre de todas las mentiras’ aparece la familia de Asmae, incluida la abuela, la cual resulta ser una figura importante para explicar la historia.
La cineasta marroquí narra la historia a través de unos muñecos de arcilla y un decorado hecho a mano, como si fuese un belén de navidad, diseñado y creado por su propio padre y ella. El decorado es detallado y se percibe la dedicación y cariño con el que el hombre lo trata. Cuida hasta el mínimo detalle y es el elemento principal que añade belleza al documental. En el “belén” se reproduce el barrio y el hogar de la propia Asmae. También el de sus familiares cercanos y vecinos, que vivieron en sus propias carnes los disturbios.
La abuela es la figura principal del relato. Es una señora mayor, con actitud autoritaria y controladora. Una mujer de ideas rígidas y con carácter fuerte. En palabras de la propia Asmae: “es una dictadura que oprime a todo el mundo”. El Moudir no parece guardar buena relación con su abuela. Discuten porque para ella es una vergüenza que su nieta sea directora de cine. Se aprecia el choque generacional que existe entre las distintas generaciones del país norafricano. Los mayores con fuertes ideas religiosas y los más jóvenes con anhelo de una mayor libertad.

Las revueltas fueron reprimidas
Fatema, una mujer conocida de la familia fue una de las víctimas en las revueltas del 20 de junio de 1981, en Casablanca. La mataron de un disparo, pero fue declarada muerta por causas naturales. Al igual que muchos otros. En ‘La madre de todas las mentiras’ un hombre relata en primera persona lo ocurrido. Los soldados irrumpieron violentamente en su casa y le pegaron una paliza en el cuerpo y en la cabeza. Fue trasladado a una celda abarrotada de gente en la cual la falta de oxígeno provocó que decenas de gente muriesen por asfixia. Pidieron ayuda, pero los reclamos de socorro fueron ignorados. Mientras el hombre relata, aprecias en sus ojos el dolor del recuerdo. Llora y protesta por lo ocurrido. En grupo, se levantan y cantan: ¡Fue una masacre, una carnicería! ¡Cada barrio tiene un mártir!
Los cuerpos se enterraron en el campo de fútbol. En el mismo lugar en que muchos de ellos soñaban con ser futbolistas. Se borraron todas las pruebas, los cuerpos fueron recogidos y enterrados, sin permitir a las familias hacerlo. Tan solo se guarda una fotografía de los hechos acontecidos aquel día. En las noticias no se mencionó, como si nada hubiese ocurrido. ‘La madre de todas las mentiras’ lo cuenta, sin censura y sin miedo. Y aunque ya tarde, pues han pasado muchos años, permite a los que aquel día sufrieron la barbarie protestar y desahogarse.


