Aki Kaurismäki nos muestra las duras condiciones de vida que sufren las clases populares. También cuenta una historia de amor. Lo hace en 81 minutos
En los tiempos que corren se agradece de vez en cuando disfrutar de una película que dure menos de 90 minutos. El cine actual está repleto de películas que se extienden más de lo debido. Los directores estiran el argumento hasta que no da más de sí y en ocasiones lo estropean. Molesta esta corriente actual en la cual parece que la intención es provocar que el espectador acabe aborrecido de la pantalla. No es así el cine de Aki Kaurismäki. Todas sus cintas giran en torno a la hora y media, y Fallen Leaves no ha sido una excepción. Es un relato breve, que cuenta lo que tiene que contar y termina cuando tiene que terminar.
Ansa (Alma Pöysti) es una cajera de supermercado con una vida rutinaria. Hace lo posible por subsistir en un barrio obrero de Helsinki. Vive en un pequeño pisito y ocupa su tiempo trabajando y yendo al karaoke. Allí se encuentra a Holappa (Jussi Vatanen), un obrero que tiene un container como casa y padece una grave adicción al alcohol. Kaurismäki se esfuerza por plasmar, de forma reivindicativa, las duras condiciones de vida que sufren las clases populares. Tienen lo justo para comer y tomar alguna copa. Nadie les echa una mano. Sus jefes son unos cabrones. Cobran en negro y sufren accidentes laborales. Su vida se basa en trabajar e ir al bar. El eco de la guerra en Ucrania acompaña al drama.

El cielo siempre está gris y los colores son fríos. En pocas ocasiones vemos a los personajes sonreír o expresar un mínimo gesto de alegría. Son personas serias, sencillas y de pocas palabras. Tan fríos como su clima. Ves el cansancio en su mirada y en sus expresiones. Notas su falta de esperanza incluso en la forma de andar. Parece como si hubiesen perdido el alma. Cuando se conocen, una chispa de felicidad agita sus vidas y parecen disfrutar por primera vez. Aunque todo resulte deprimente y desgastado, Kaurismäki logra destensar el drama a través del humor. A pesar de ser duro lo que está contando, no sientes tristeza durante la película, y en ocasiones te ríes.
El director finlandés intenta plasmar dos ideas claras durante la cinta. La principal es denunciar el cruel estilo de vida de la clase obrera. No solo lo refleja, sino que reivindica una mejora en las condiciones laborales de estos pobres marginados. A pesar del gris que envuelve a los personajes, Kaurismäki abre la posibilidad a que sean felices, a que se enamoren y puedan disfrutar de la vida. No necesitas de grandes lujos si tienes a alguien que te quiera y te acompañe. Ya sea un perro o un obrero alcoholizado.


