Un mes tras el lanzamiento de The Secret Of Us, comienza a ser lícito analizar el nuevo disco de Gracie Abrams, su segundo álbum y coming-of-age.
Criticar un álbum tras dos escuchas es una apuesta arriesgada ya típica de la música comercial y de la “tiktokficación” de la cultura, que ha logrado reducir el intervalo de concentración del público a temas y conceptos vacíos, de una máxima duración de diez segundos.
Entender un disco como un elemento no digno de digestión es un error al que nos han llevado los últimos cinco años de avances tecnológicos, que alejan al oyente del proceso de creación y presentación de la música y que, en la mayoría de ocasiones, lleva a una concepción errónea de lo que busca proyectar un cantante con la misma.
Otorgarle la misma importancia a la producción y lírica, como al propio orden en el que se disponen los temas es casi una imposición para ver la música como un trabajo digno de reconocimiento. Y más si hablamos de artistas y cantantes “de método” que deciden dejar aparcado el miedo a la vulnerabilidad para darse a conocer al público con una etiqueta prefabricada sobre lo que debería hablar una mujer que escribe canciones: sentir pena.
Pese a encontrarnos (profundamente) sumergidos en la época de las “chicas tristes” de la música, continúa siendo complicado mostrar la pena siendo mujer en una industria que se empeña en minimizar y ridiculizar el dolor de un individuo que, sin necesidad de definirse como femenino, se identifica como ser humano.

Gracie Abrams se ha convertido en un referente en este campo, además de en una de las voces más destacadas del indie-pop femenino gracias a una carrera que comenzó a ver la luz hace cuatro años, y que no ha hecho más que escalar desde entonces. Un mes tras el lanzamiento de The Secret Of Us, su segundo álbum de estudio, parece más sencillo desglosar sus componentes.
Gracie Abrams. La artista
Tras un gran EP que marcó sus raíces como artista emergente, Gracie Abrams ha actuado como telonera en el SOUR Tour de Olivia Rodrigo y en el Eras Tour de Taylor Swift; y todo mientras se lanzaba al mercado Good Riddance, el álbum debut que le valió la nominación a “Mejor Nuevo Artista” en los pasados Grammys, y la orla en la escuela de cantautoras de la generación del Internet.
En medio de un verano dominado por brat de Charlie XCX, Sabrina Carpenter y Chappell Roan, Abrams continúa definiéndose como una intérprete de alma anclada a recovecos de salas pequeñas, que se abre paso ante un público cada vez más amplio y entregado a la causa: verse reflejado.
Y quizás sea una señal de que una cantautora está curtiéndose cuando el tema en colaboración con Taylor Swift (y prácticamente homónimo del álbum) se mimetiza con el resto de canciones y no es aclamado por la audiencia de manera prominente.

Ser artista en 2024 implica estar fusionado con la generación que añora sentirse identificado; y Gracie Abrams ha demostrado tener el máster. Con una estética construida alrededor del indie pop en todos sus aspectos (letras, melodía, fotografía…) se muestra de forma natural pero con una dirección concreta y personal; imperceptible y natural; o despreocupada como un edit de Videostar.
El recorrido de Gracie Abrams en la música comenzó de manera amateur tratando de buscar una denominación personal extraviándose del nepotismo que la ancla a una realidad que no hace justicia a su evidente talento. Y su valoración ha crecido considerablemente, llegando al punto de tener peticiones de artista consagrado (como publicar canciones inéditas pero populares entre un público que lleva tras su pista un tiempo considerable), y de poder crear temas conexos entre discos (I miss you, I’m sorry / I love you, I’m sorry).
The Secret Of Us
El disco de Gracie Abrams es un ligero (y próspero) intento de autodefinición, que cae en la monotonía de su línea sin salirse de los márgenes ni de su propio concepto de artista.
Escrito en colaboración con Audrey Hobert (la única constante en la música de la artista además de la melancolía) y bajo la producción del ya clásico de la pena musical Aaron Dressner, The Secret Of Us destaca no por lo brillante de sus partes, sino por la suma de las mismas. Desde lo más evidente del amor perdido (me sentía bien contigo, hasta que ya no), hasta los pensamientos más complejos hilados a través de la metáfora (A veces solo me duele la mitad de ti; la que no comprendo. Juro que no estoy enfadada contigo, pero ya no puedo compartir tu cama).
El álbum se encuentra divido en tres actos que muestran los clásicos escenarios de la imaginación adolescente que busca vivir con la esperanza de que las cosas salgan acorde a sus expectativas.
El primero de ellos lo componen los siete primeros temas, que coinciden con las únicas ocasiones en las que el ritmo se acelera unos compases más que el del folk clásico para representar la ansiedad hacia lo desconocido. La añoranza por un amor correspondido hacia algo que verdaderamente no existe es la representación de que lo realmente desconocido es uno mismo («…no te quiero aún pero probablemente lo haga.«).
The Secret of Us no es un disco de búsqueda del amor, sino una introspección necesaria para saber qué es lo que se debe aceptar tras encontrarse. Todo ello combinado con un beat que nunca llega a romper; como la angustia por no hallarse en el transcurrir del tiempo.

La segunda parte del álbum, encabezada por I Knew It, I Know You, inicia la batalla del amargo del paso de los años y de percatarse de que el duelo de la adolescencia es más complejo cuando se cae en la cuenta de que los problemas continúan siendo los mismos. Se trata de una especie de “punto muerto” en el disco, donde las canciones son prácticamente indistinguibles gracias a un ritmo plano y suave, y una voz al borde del llanto durante casi 15 minutos.
Pese a la perceptible monotonía del sonido, los temas serían fácilmente identificables como propios de la artista fuera del contexto del disco; lo que, en consecuencia, sí que la hace distinguible como cantante. Da la sensación de que lleva años en un coming-of-age que no termina de forjarse. Pero ese es también el camino que ha de seguir un artista que navega por encontrar su voz. Nunca es tarde para hallarla. Ni tampoco para enamorarse.
Pese a la inevitable sensación de estancamiento, así es como muchas veces suena el amor y el ser consciente de que la gente es la misma y que lo que ha de cambiar es la perspectiva: con un ritmo relajado y una voz frágil y agotada por el sobreesfuerzo de la mente humana.
La “disidencia” (que es realmente la muestra de la cohesión del conjunto) llega con el cierre del álbum, protagonizado por Close to you, un tema filtrado en 2017, y que aporta un final de ciclo colosal a un ritmo pop característico de la despreocupación y del culmen de la búsqueda interior. Un descubrimiento que lleva a la conclusión de que arriesgarse es la opción escogida. Ese es el viaje de Gracie Abrams.
Que su única crítica razonable se encuentre en que no difiere excesivamente de su anterior trabajo no es perjudicial; significa que existe una esencia dentro del personaje que el público reconoce. No se trata de un álbum comercial ni para escuchar de pasada. ¿Quiénes somos como oyentes para criticar la complejidad del mundo interior de una persona?
“The Secret of Us” es, verdaderamente, un álbum para quien quiera escuchar.

