Una exposición de embrujo en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, en colaboración con Amazon Music y la voz flamenca de Ángeles Toledano
La creación artística es un misterio en constante evolución, un viaje que comienza en lo más primitivo, en la esencia de lo que somos. El embrujo que trasciende surge del arte, ya sea en forma de pintura, música o cualquier otra expresión. La música y la pintura, en particular, han sido compañeras de viaje durante siglos, inspirándose mutuamente y creando un lenguaje único que no solo se escucha o se ve, sino que se siente.
La fusión flamenca-artística toma como ejemplo Pintura con tres manchas de Wassily Kandinsky.

El arte del siglo XIX
Un ejemplo de esta unión es el concepto de obra de arte total, desarrollado por el compositor y dramaturgo Richard Wagner. Wagner revolucionó la ópera al introducir una conexión integral entre la música, el vestuario, la escenografía y la historia misma, creando un espectáculo que buscaba envolver al espectador desde todos los ángulos. Su arte era monumental, romántico y profundamente simbólico, llegando a construir su propio teatro en Bayreuth para controlar cada detalle de sus producciones. Durante este mismo periodo, su influencia trascendió los límites de la música, inspirando a artistas plásticos que intentaron plasmar en sus obras los mundos que él evocaba en sus óperas.

Más adelante, en la segunda parte de la exposición, Pepa, la narradora de este evento, nos avanzaba el movimiento impresionista, que tomó forma en paralelo a la respuesta que algunos músicos daban al rechazo de las obras de Wagner. Este periodo coincidió con artistas como Claude Monet, quien se adentraba en el agua en una pequeña balsa para pintar lo que veía delante y detrás, destruyendo las visiones tradicionales de la perspectiva. Los impresionistas, en sintonía con algunos músicos, buscaron un arte más natural y libre, ligado a la naturaleza.
La música y el arte
La conexión entre la música y la pintura se desarrolló y amplió durante el siglo XIX y principios del XX. Publicaciones parisinas, como las promovidas por los hermanos Natanson, facilitaron el acercamiento del público tanto a la música clásica como a la popular. En París, esta fusión de artes se manifestaba en el ambiente cultural, donde pintores y músicos colaboraban e inspiraban mutuamente. Fue una época de audacia artística, tanto para los editores que apoyaban estas publicaciones como para los artistas que compartían sus visiones.
La sinestesia fue otro aspecto fundamental en estas disciplinas. Artistas como Wassily Kandinsky indagaron en la relación entre el color y la música. Kandinsky, influenciado por los colores y los sonidos, buscaba transmitir el ritmo y la armonía musical a través de su pintura.
El siglo XX
El siglo XX trajo nuevas exploraciones de esta fusión. Pablo Picasso y Georges Braque, a través del cubismo, desafiaron la perspectiva tradicional, presentando múltiples puntos de vista en un solo plano. Este enfoque guardaba una relación interesante con el jazz, un género musical que también rompía las estructuras rígidas, permitiendo la improvisación y la interpretación desde diversas perspectivas. La guitarra, que apareció en sus obras, reflejaba la influencia del flamenco, conectando aún más la pintura con la música.

Más adelante, los collages de Kurt Schwitters, elaborados con fragmentos de materiales desgastados, pusieron de manifiesto el valor de la textura y el uso de materiales humildes, influenciados por la sensibilidad de músicos que exploraban sonidos naturales y rústicos.
En otro ámbito, el flamenco también incorporó nuevos elementos, como el cajón, reinterpretando sus raíces y demostrando cómo la tradición puede abrirse a nuevas direcciones. Asimismo, la danza española fue otra manifestación de esta conexión entre las artes. Así como el jazz se transformó en un género más sofisticado. Ya no se bailaba en su estilo original, la danza flamenca se elevó a una forma de arte con mayúsculas, con interpretaciones complejas y técnicas de alto nivel. Artistas de la danza exploraban, al igual que Jackson Pollock o Willem de Kooning con el dripping en pintura, la libertad y el riesgo creativo.
La narradora
Pepa, narradora de una exposición que reúne estas historias de hibridación artística, ha compartido cómo cada movimiento y estilo se integra en una misma corriente de experimentación y diálogo entre disciplinas. Su relato abarca a artistas que trabajan en grandes alturas, buscando inspiración en los ritmos y colores de la naturaleza, en los matices de la tierra y en las armonías que resuenan en el paisaje mismo. Para Pepa, todo en la naturaleza tiene una composición musical, desde el suave goteo de una gota hasta el estruendo de una cascada.
Ángeles Toledano
La artista Ángeles Toledano y el guitarrista Victor Franco ponían el broche final a esta increíble exposición, conectando el arte con la vida musical. A través de la mencionada obra Tres manchas de Kandinsky, mostraba al público la trascendencia del arte y la vinculación musical, exponiendo el embrujo que conecta el arte a la experiencia humana.
Asimismo, la artista cerraba el círculo en apoyo a las víctimas de la DANA, narrando un poema de Gata Cattana, logrando el más absoluto silencio de toda la sala.


