Simone Veil, abogada, política y Presidenta del Parlamento Europeo, vivió en su propia piel el Holocausto; su testimonio es recogido en el libro Solo la esperanza calma el dolor editado por Lumen en 2024
Hoy, 27 de enero de 2025, se cumple el 80º aniversario de la liberación de Auschwitz. Por aquel terrible lugar pasó Simone Veil (en aquel momento Jacob) cuando tan solo tenía 16 años. Afortunadamente, sobrevivió, a pesar de que más de 1 millón de personas murieron en el campo.
Este libro es un testimonio sincero, que a través de las palabras de una mujer con un sentido de la justicia ejemplar y un coraje arrollador, consigue retratar uno de los acontecimientos más atroces de la historia de la humanidad. A pesar de que ella falleció en 2017, esta es la transcripción directa de las diferentes entrevistas que fueron realizadas por el proyecto «Memorias del Shoa» en 2006.
Lo inimaginable
Simone nació en Niza el 13 de julio de 1927, venía de una familia con orígenes judíos, pero su núcleo familiar era profundamente laico. Un padre arquitecto y una madre que no pudo terminar sus estudios de química, criaron a cuatro hijos, siendo Simone la más pequeña. Ella recuerda tener una vida fácil en ese periodo. La costa mediterránea en Niza, sus campos, ir al colegio, jugar con sus hermanos… una vida simple hasta que llegó la guerra.
Actualmente, parece sorprendente, pero en este momento se le llamó «la guerra de broma». Los niños volvieron al colegio y Niza estaba lejos del frente, nadie podía imaginar lo que se avecinaba, lo que ocurría a miles de kilómetros. Había confianza en la nación francesa. Para el ciudadano de a pie que era difícil de creer la poca información que llegaba de aquellos campos lejanos, que eran algo más que un lugar de trabajo, que una prisión.
El terror en Auschwitz y Bobrek
Cuenta cómo detuvieron a miembros de su familia y fueron deportados. Describe todo el horror, todo el sufrimiento, cada pequeño detalle humillante por los que les hacían pasar. Ir hacinados en vagones de ganado es completamente representativo de cómo las SS veían a los judíos. Como a ganado, les ponían a trabajar como tal. Los nazis hacían todo lo posible, por ya no solo exterminar a las personas, sino reducirlas a simples mano de obra animal, cualquier cosa era válida para acabar con la dignidad.
Es estremecedor escuchar de primera mano un testimonio como este. Esta mujer vio morir a su madre en el campo, completamente enferma de tifus, una enfermedad atroz producida por los piojos y las liendres que se generaban en aquellos entornos de insalubridad. La gente no solo era asesinada en las cámaras de gas, también morían de hambre, por enfermedad o agotamiento.
El exterminio ante todo
“Creo que es Philippe Burrin quien dice que, en un momento dado, para Hitler, la obsesión de matar judíos. Era más importante que la victoria. Es lo que sentí yo.”
Hasta el último momento no quisieron deshacerse de los pocos judíos que quedaban con vida les llevaron por la «marcha de la muerte» o en aquellos vagones corridos en el frio enero de 1945. Los alemanes tenían pavor a que el ejército rojo viese la realidad de los campos, de modo que incendiaron parte de Auschwitz, pero no consiguieron destruirlo todo. No solo porque gran parte del campo queda en pie, sino porque la memoria de todos aquellos que consiguieron no pasar por el crematorio, mantenía la realidad acontecida presente.
Simone, destaca en varias ocasiones a los niños en aquellos lugares, como solían ser sistemáticamente ejecutados por la inutilidad de los mismos en el trabajo del campo. Este ejemplo de crueldad hiela cualquier corazón latente. La detención del niño y el arrastre de este hacia un campo de exterminio hace preguntar qué cantidad de odio es necesaria para llegar a ese punto.
La importancia del recuerdo
Tras su regreso a París, Simone consiguió seguir adelante con su vida, estudió ciencias políticas y más tarde derecho. Se involucró de lleno en la tarea de mejorar la sociedad francesa, comenzó con un cambio las condiciones de vida de los presos. En 1974, como ministra de salud, se embarcó en la lucha por los derechos reproductivos de la mujer, sacando adelante, una ley, que llevaría su nombre, la cual despenalizó el aborto y permitió a los centros de conciliación familiar suministrar anticonceptivos. Su labor no solo se quedó en Francia, fue nombrada, en 1979, Primera Presidenta del Parlamento Europeo.
Su carrera está llena de logros admirables y de luchas por los derechos humanos. Es un ejemplo de una mujer que se ha enfrentado contra todo lo posible, a extremistas que despreciaban su labor, a insultos y amenazas. Pero esto nunca la detuvo. Ella fue muy perseverante, tenía claros sus objetivos: preservar los derechos humanos y la unidad de Europa.
Por último, me encantaría saber qué opinaría ella del clima actual, decepcionada quizás, no le gustaban nada los totalitarismos ni las ideologías de extremos. En definitiva, su testimonio, su memoria, debe mantenerse presente en nosotros. Las últimas víctimas de los crímenes perpetrados por el tercer Reich son cada vez menos y no por ello debemos olvidar lo que pasó.
En diferentes lugares del mundo hemos visto otros genocidios, fruto del odio y la crueldad humana. Por esto tenemos que mantener un semblante digno, racional y honesto. Porque este tipo de crímenes masivos contra la población civil no deben repetirse, no tienen justificación y son fruto de una visión deshumanizada y completamente desfigurada del otro.


