Los delirios y reflexiones que intentan asomarse a la cotidianeidad deben hurgar en las heridas abiertas del presente
En un primer momento podemos concebir la transparencia como un término positivo, similar a cualidades como honestidad o sinceridad. Sin embargo, esta positividad aparente aloja consecuencias nefastas nunca mencionadas.
En La sociedad de la transparencia, Byung-Chul Han expone que «Las imágenes se hacen transparentes cuando, liberadas de toda dramaturgia, coreografía y escenografía, de toda profundidad hermenéutica, de todo sentido, se vuelven pornográficas. Pornografía es el contacto inmediato entre la imagen y el ojo.» La pornografía es la falta de misterio, de discreción y de erotismo. Es la exposición agresiva de imágenes explícitas carentes de sensualidad. Es un zoom de cámara en el que solo se ve el infierno de lo igual.
En el amor, en la pasión, la negatividad está implícita. No porque el amor siempre duela, sino porque al amar nos descubrimos vulnerables ante otro. Nos dejamos ver ante la otra persona, pero no nos volvemos transparentes nunca, pues la definición es: adj. Dicho de un cuerpo: Que permite ver los objetos con nitidez a través de él. Ante un otro al que otorgamos confianza, sellamos un pacto invisible en el que nos convertimos en seres susceptibles al dolor, al daño o al cariño. Invertir en amar tiene riesgo de perdida.
La desnudez no es transparente, ni pornográfica. Solo cuando el cuerpo que se hace carne, cuando no tiene forma, se transforma en sujeto de la obscenidad. Pues, como apuntó Sartre, el cuerpo debe su gracia a un movimiento dirigido a un fin. El capitalismo exalta la función productiva del cuerpo desnudo y el acto sexual mediante la pornografía y la prostitución. El único uso de la sexualidad en el capitalismo es la exhibición y la profanación de la belleza, alejado del juego de la seducción.
La transparencia en la política
La negatividad es expulsada de este universo de la transparencia, pues a esta le acompaña lo oculto, lo extraño y la libertad de ser uno sin estar sujetos a la mirada del otro. Hay quien reclama transparencia en la clase política, pero eso es exactamente lo que nos ofrecen, una positividad amable, en ocasiones impregnada con discursos de odio, siempre ante una cámara. Por esto, debemos reclamarles honestidad, la verdad, que la ciudadanía se merece, para así todos, enfrentarnos al sufrimiento y al dolor que esta conlleva.
La transparencia no deja de ser un término abusado, creyendo que nos ilumina hacia sendas de prosperidad, pero debemos romper con la falsa idea de positividad constante. El progreso no es una realidad, ni tiene por que serlo. Esta es una concepción heredada de la ilustración y si de verdad queremos que la sociedad avance junto con el paso del tiempo, necesitamos reconocer que actualmente no está ocurriendo.


