El gallego Baiuca hizo magia al ritmo del vibrar de su tierra
El pasado 27 de febrero La Riviera fue punto de encuentro de baile, su primera fecha sold out desbordó todo lo conocido. Entre la oscuridad un destello de luz daría comienzo a lo que sería una noche donde los pies y el corazón no descansarían.

Viaje a lo profundo de la tierra
En la penumbra del sonido, Meigallo despierta, un hechizo antiguo que rompe la piel del silencio. Rachafaldra arde en un eco de voces olvidadas, y Alentejo respira con el viento del océano, mientras Monteviso se alza como un latido de piedra.
Un Paxaro du demo cruza la noche, sus alas tiñen el aire de sombras y danzas. Desde Fisterra hasta Santiago de Compostela, los caminos se entrelazan en un susurro eterno.

Baiuca con su barullo que cautivó
Baiuca saluda al público, agradece infinitamente su presencia, presenta al equipo que le acompaña y que hace posible ese momento. Menciona su más reciente álbum, Barullo, el cual hablaría por sí solo durante las siguientes tonadas.
Sísamo germina en la raíz de la memoria, y Adélia canta al borde del abismo.La Pandereta sacude el suelo, el polvo se levanta, la tierra responde. Sementei brota en el ritmo del tiempo, y PAEQB rompe las cadenas del cuerpo, un trance donde lo humano y lo divino se funden.
Un Conxuro resuena en la piel, las palabras son fuego, la música es rito.Bajo la luz de un Diamante, los pasos se vuelven eco y rito. Con la energía gravitando por todo el lugar “me reconforta lo que estoy viviendo aquí” dice Baiuca con una sonrisa.
Vai tú, nos dice la voz del viento, y nos arrastra el torbellino de un Barullo sagrado. En la orilla de lo desconocido, Ribeirana canta al mar y a la nostalgia.

El último tramo evocando el inicio de todo
Se acerca el final y Baiuca solo puede decir lo mucho que Madrid significa para él. Conmovido habla del arraigo hacia su tierra y su música, sin embargo, menciona que nunca imagino haber hecho una canción en Bogotá junto a una artista increíble. El lugar se queda en silencio y entra a escenario Izaro, que con gran ilusión acompañaría a Baiuca en esta noche mágica y en su última danza, Xorieri se alza en vuelo, y con la última gota de veneno, Veleno nos deja en el umbral del alba.
Agradecimiento infinito emanan todos en escenario, deseando que se repita más seguido. Este viaje no fue lineal; fue un círculo que regresa a sí mismo. Baiuca no solo nos dió punto de encuentro para bailar, sino a sentir la memoria que se transforma en sonido, en cuerpo, en eternidad.

