El gallego Xoel López entrega una noche llena de nostalgia e intención profunda
Con las luces completamente apagadas y una única iluminación dirigida hacia él, Xoel López apareció en escenario ante un Teatro Real lleno y emocionado por él, generando un silencio expectante. Abrió la gran noche que se viviría con la emotiva Tierra, canción que cala en cada parte del corazón y del cuerpo de quienes anhelan su tierra a lo lejos. Tras el primer aplauso, saludó al público y dió paso a Esto no es amor, encendiendo las emociones en todo el lugar.
Le siguió Paraxo do demo, su colaboración con Baiuca, que trajo sonidos electrónicos y folclóricos con sabor gallego. Después llegó la intensidad de Reconstrucción, una pieza que habla de los procesos internos, de recomponerse después del dolor.

En un giro emocional, Xoel propuso un viaje a través de sus sonidos, lo que ha construido entre nostalgia y bandera de un mejor estar, suenan Jaguar y Glaciar, calan en cada parte del cuerpo en todo el teatro.
Un viaje profundo por sus más sentidas letras
Conectó entonces con sus comienzos, recordando su primer disco con Por el viejo barrio, y emocionó al presentar Hombre de ninguna parte, tema compuesto en 2012 cuando, según sus propias palabras, “el mundo me decía que no podía lograrlo”, en referencia a su etapa en Salamanca como joven músico de La Coruña.
Siguió un bloque donde reflexionó sobre la carga enigmática de las canciones, afirmando que “el significado lo dan ustedes”. Con ese espíritu interpretó La espina de la flor en tu costado, un tema que fue banda sonora de la serie El Desorden que dejas, y luego Todo lo que te merezcas, a la que describió, para él como la mejor canción que ha escrito.

Desempolvó Nowhere man para luego darle paso a Amor valiente, una canción que no le tenía mucha fe y terminó sonando y sonando.
Volvió a sus raíces gallegas con Faneca Brava, que narra, de forma metafórica, el dolor que causa un pez de su tierra que se defiende del mundo con su veneno que duele décadas, y continuó con una cascada de canciones potentes como Fort da, A serea e o mariñeiro, Ningún nombre ningún lugar, Elevarte caer y Lodo hilando emociones de forma casi poética.
Luego de tanta emoción fue inevitable que llegase el sonido del merengue con Mágica y eterna, entre el baile y el sacudir del alma cada quién vivía una noche que estaba siendo abrazo reconfortante.
Antes de cerrar, expresó su felicidad y entre risas mencionó “Qué fortuna estar en esta ‘chocita’ con todos ustedes, mi primera vez aquí, más que agradecido”, y cerró la noche con Buenos Aires y Tigre de Bengala, despidiéndose con una sonrisa enorme y su corazón desbordado.

