Una vez más, El Kanka y La Riviera demostraron que llevan impresos el cartel de el sold out en una velada cálida y acústica
Aunque no sea chulapo por nacimiento, que es de Málaga, es más madrileño que muchos tras dieciséis años pisando sus calles. El Kanka prendió La Riviera de Madrid la noche después de San Isidro con un acústico que tocó el alma.
“Es un secreto, no se lo digáis a nadie”, advertía El Kanka entre risas al confesar que ya se siente parte de esta ciudad. Y vaya si lo es: La Riviera fue un susurro colectivo, un canto presente, una fiesta íntima de emoción y esperanza. Entre chascarrillos y confesiones, El Kanka se subía a las 21:00h. para animar su fiesta, tras un buen calentamiento familiar con Guada. Subido a una pequeña plataforma y acompañado por su guitarra y su ukelele, el cantante hizo frente a una sala ya embriagada por el buenrollismo y la brisa primaveral.
Arrancó su gira Las canciones con Eres y Youtuber, y desde el minuto uno, marcó su propio ritmo, ese que no entiende de prisas. Se dejó frenar, suspirar y comentar la jugada entre estrofas como quien está de charleta en una terraza de Lavapiés.

A los soñadores, todos nosotros
Un público diverso en edades, cantó con una pasión y afinación que parecía devolverle la propia voz al Kanka. Marcaron el ritmo y las palmas con tanta precisión y energía que, más que espectadores, parecían el coro que “faltó” esa noche.
Para vivir dio, literalmente, ganas de eso: de vivir. De salir a la calle, abrazar árboles o al desconocido de al lado. Antes de cantarla, El Kanka dedicó su concierto a los soñadores, “todos nosotros lo somos si no, no entiendo por qué estáis aquí hoy”.
Y tenía razón. Todos los que estábamos allí lo éramos un poco. O mucho.
En Para quedarte, la sala se reunió bajo el grito de “sabes que esta casa es tu hogar”. Fue un verdadero grito a la esperanza, un abrazo colectivo para esa gente que respira buenas vibras y quiere hacer el bien. El ejército del Kanka en La Riviera, quizá demasiado pasteloso o chicloso para algunos, es un chute tan bueno que hasta el diabético repetiría sin duda.
Sin más instrumentos que su público
Más tarde llegaron Querría y Vengas cuando vengas, como caricias previas al broche final. El público estaba tan metido que ni siquiera echó en falta otros instrumentos. Eso solo ocurre cuando uno no está concentrado en lo esencial: una guitarra, una voz y unas letras que te teletransportan a esos instantes felices o te golpean directo en el presente.

Nueva tradición para sus conciertos
Pero antes del clímax, el cantante permitió reírse de una “tradición absurda” muy común en los conciertos, “como en los de Justin Timberlake”, explicaba. La manía de salir del escenario para que el público coree el clásico “¡ooootra, ooootra!”. Esta vez en La Riviera fue diferente. Cuando El Kanka amagó con irse del escenario, el público empezó a gritar “another, another”. Madrid acaba de crear su propia versión, mezclando castizo con anglosajón, y El Kanka ya tiene nueva tradición para sus conciertos.
Finalmente, el cantante respondió al clamor con un trío de canciones que son puro himno: Volar, Lo mal que estoy y lo poco que me quejo, y la inevitable Canela en rama, que nos dejó flotando, con los pies en la sala. Pero la cabeza en algún lugar entre el corazón y el cielo de Madrid.

Una vez más, el sold out confirmó lo que puede lograr un tipo que, en sus propias palabras, “un día se hizo cantor, cantando muy regular”. Su último disco, presentado tal como se lo muestra a los suyos, sin adornos ni artificios, fue el hilo conductor de una noche íntima. “Ojalá dejar la guitarra y unirme a cantar y a bailar con vosotros”, sentenció.
El Kanka continúa de gira por España. Las siguientes fechas en La Rioja y Tarragona, darán paso a su gira por Latinoamérica. Aunque hasta diciembre de 2025, el Kanka seguirá cantando por todo el país.







