El presidente del Real Madrid, Florentino Pérez convoca elecciones y enfrenta a los medios cara a cara y marca la polémica
El presidente del club merengue ha comparecido para eliminar cualquier tipo de duda sobre su estado de salud, estado de las cuentas bancarias, y realzar su figura como “mejor presidente del mundo”.
La expectación previa era máxima. Convocada apenas dos horas antes, la rueda de prensa abría interrogantes sobre el futuro inmediato del Real Madrid: el rumbo deportivo, el estado del vestuario, la continuidad del entrenador y la respuesta de una presidencia sometida a una creciente presión mediática.
Sin embargo, más que una comparecencia para responder a la incertidumbre institucional, el acto pareció diseñado para reivindicarse a sí mismo, para proyectar la imagen de un dirigente incontestable, casi por encima de cualquier cuestionamiento y autocrítica, como el “mejor presidente del mundo” al que él mismo ha decidido autoproclamarse.
Fuera de ofrecer autocrítica sobre la pasada temporada del club blanco y la crisis interna, que en los últimos días ha explotado aún más con el caso de la pelea entre Fede Valderde y Aurélien Tchouaméni, el foco se desplazó hacia una batalla personal contra periodistas y medios que él considera “enemigos”.
Las referencias de Florentino y sus comentarios misóginos
Entre las referencias, están las reiteradas al ‘Caso Negreira’, comparaciones con el FC Barcelona, reivindicaciones de su palmarés y una defensa cerrada de su gestión, la comparecencia derivó en una puesta en escena donde la crítica periodística fue presentada poco menos que como una ofensiva contra el Real Madrid.
La ofensiva verbal contra determinados medios, entre ellos un artículo publicado horas antes por ABC, no se limitó a cuestionar informaciones concretas sobre su salud o su entorno. Dio un paso más cuando el presidente eligió personalizar y desacreditar a una periodista no solo por lo que escribía, sino por su condición de mujer. “Los ha escrito una mujer, que no sé si sabe algo de fútbol”, afirmó, convirtiendo una discrepancia periodística en una insinuación profundamente problemática: la de que el género puede ser motivo suficiente para poner en duda la valía profesional en un ámbito como el fútbol.
Lejos de quedar como un comentario aislado o fruto de un desliz (otro más), la idea se reforzó minutos después con otra frase en la misma línea: “Algunas hablan de cosas que no saben”. El uso deliberado del femenino no pasó desapercibido.
Porque cuando la crítica se formula subrayando el género de quien informa, el mensaje deja de ser una simple réplica. Y se adentra en un terreno donde persisten prejuicios demasiado familiares: el de cuestionar la legitimidad de las mujeres para analizar, opinar o ejercer autoridad en espacios históricamente dominados por hombres.
La relación entre poder, crítica y respeto
La escena volvió a repetirse durante el turno de preguntas. Cuando al conceder la palabra a la reconocida periodista Lola Hernández, se refirió a ella como “aquella niña que tiene derecho a hablar”. Más allá del tono pretendidamente distendido, el lenguaje resulta revelador. Llamar “niña” a una profesional adulta en ese contexto no es una mera broma inocente; es una expresión cargada de paternalismo que reduce simbólicamente su estatus y trivializa su papel.
No se trata únicamente de formas desafortunadas, ni de comentarios aislados lanzados al calor de una comparecencia tensa. Se trata de cómo el poder responde cuando se siente cuestionado, y de qué recursos utiliza para hacerlo. Florentino Pérez acudió para disipar dudas, pero terminó dejando otras mucho más profundas sobre la relación entre poder, crítica y respeto.


